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El Barcelona, a otra velocidad

El cierre de la Supercopa de España fue un éxito total ya que en las semifinales pudieron avanzar tanto FC Barcelona como Real Madrid, permitiendo un lleno del estadio y nos ahorrásemos las bochornosas de vacíos en la cancha, ya que como todos sabemos, es más importante el dinero que darle oportunidad a los aficionados de verdad poder ir a apoyar a su equipo.

Sea como sea, las expectativas estaban por todo lo alto ya que, bueno, eso es lo que inspira un Clásico. En la previa muchos veían como favorito a los catalanes, pero este supuesto no podía permitir que se diera por sentado el hecho que los capitalinos no tuviesen posibilidades, ya que los partidos decisivos son su hábitat natural.

Aluvión inicial

Los dos equipos presentaban sus onces -dentro del contexto actual- de gala para la cita en Arabia. El Barcelona apretaba en los instantes iniciales llevando el balón por arriba para que Courtois tuviese que exigirse a fondo, lo que nos daba la impresión de que los blancos pasarían un problema si no coordinaban el movimiento de la última línea defensiva... pero fue entonces que cayó el primer gol.

Después de un córner blaugrana que fue despejado del área chica, Casadó perdió el balón con Vinicius, quien de primera jugó con Mbappé para que el francés arrancara con la pelota y terminar el contragolpe con un disparo que despistó tanto a Szczęsny como Balde, que venía presionando al delantero. Apenas iban cinco minutos de partido. Cuando un encuentro recibe gol tan pronto solo pueden haber dos destinos posibles: que termine con el marcador por la mínima o que vengan goleadas... y vaya que así lo fue. 

El Madrid tenía la ventaja pero la dinámica del encuentro se mantenía como en los instantes iniciales, donde Pedri avanzaba hasta los últimos 35 metros de la cancha para buscar el desequilibrio de Raphina y Lamine, que estaban siendo un verdadero dolor de cabeza para los laterales rivales. Era muy evidente que, salvo un cambio drástico en la profundidad merengue, la igualdad no demoraría en llegar.

Y así fue. Al 22' el Barcelona aprovecharía una recuperación para encontrar adelantada a la defensa del Madrid, donde Lewandowski con un elegante toque de primera le brindaba una gran oportunidad a Yamal, quien con espacio para avanzar se dispuso a regatear y con un sutil pase al fondo de las redes igualaba las acciones, dejándonos no solo la igualdad sino -a criterio personal- el mejor gol del partido. El empate fue el punto y final para el conjunto blanco, que no supo gestionar el momentum de su rival a partir de este instante.

Sobre la media hora, Camavinga en el afán por despejar un centro hizo un contacto claro sobre Gavi en el área, cuya consecuencia fue un penal que Lewandowski canjeaba por gol al 36'. Apenas tres minutos después Raphinha volvía a castigar tras un centro espectacular que encontraba su cabezaso ante la mirada impávida de Lucas Vázquez y Tchouaméni, incapaces de poder reaccionar ante una jugada que claramente debía ser resuelta por cualquiera de los dos. Cuatro goles finalmente terminaron haciendo los catalanes tras aprovechar una jugada de laboratorio mal ejecutada por parte de los merengues, castigando con un gol de Balde en la reposición de la primera parte.

Complemento sobrante

La segunda mitad arrancaba con una desazón generalizada en el ambiente, no solo por los jugadores del Madrid, sino por todos los que presenciaban. Un 4-1 era una losa bastante pesada de cargar para cualquiera, ni siquiera para el equipo de las remontadas épicas se veía realizable la proeza, sobre todo por la falta de actitud y las graves falencias tácticas que Ancelotti no tuvo la visión de enmendar en el descanso.

Mientras los árabes terminaban de regresar a sus asientos en el King Abdullah, cayó el quinto gol del Barcelona. Raphinha hacía un slalom entre la defensa del Madrid y hacía su doblete de la noche ante la portería de un Courtois que hacía lo posible para que el resultado no fuese una vergüenza histórica. A este punto no había vuelta atrás en el marcador.

Cuatro goles de distancia hicieron que el entrenador merengue tratara de enderezar las cosas, por ello dio salida a Camavinga, Vázquez y Tchouaméni que claramente fueron los principales responsables de los enormes agujeros por los que el Barcelona terminaba haciéndoles daño. En el transcurso de los minutos, lo peor que le pudo pasar al encuentro ocurrió: la expulsión de Szczęsny.

La salida del portero polaco si bien es cierto permitió que Rodrygo anotase el segundo gol del Madrid y daba esperanza de que con ello pudiesen dar un golpe de efecto considerando que aún faltaban más de media hora en el reloj... pero lo que terminó sucediendo fue la muerte de las emociones en el encuentro. Con los catalanes sacando a Gavi y Yamal para cerrar el partido, los merengues se vieron incapaces de capitalizar la superioridad numérica en la cancha, lo que terminó dando la sensación que nos sobró el complemento.

El primer título de la temporada del fútbol español se ha definido de una forma inesperada. Es difícil asegurar que será un punto de inflexión para lo que resta de la temporada, pero lo que si quedó bastante en evidencia que los pupilos de Flick juegan a otra velocidad respecto a sus archirrivales.

El Milan es Campeón con corazón

El Milan se ha consagrado Campeón de la Supercopa de Italia a costa del Inter. Pocas cosas en la vida tienen mejor sabor que ganarle un título a tu más acérrimo rival, pero los rossoneri se han apañado para que el sabor a hiel sea mucho más desagradable para sus némesis.

Riad en definitiva no estaba lista para presenciar un partido que, sin ser memorable como el gran partido de otros torneos, sin lugar a dudas servirá como comidilla de discusiones durante gran parte de la temporada en la ciudad de estos dos equipos... y eso que las cosas no tenían pinta de que pudiesen darse de esta manera ni antes ni ya empezado el encuentro.

Del bostezo al gol de Lautaro

La cancha árabe recibía un encuentro en donde ambos equipos tenían claras las cosas; por una parte el Inter quería seguir aplastando de la manera en que lo hicieron ante Atalanta, que si bien es cierto no le sacaron una ventaja aplastante, fueron bastante mejores que los de Bérgamo. Para esto variaban en la propuesta ofensiva con mayor presencia de referentes de área al incluir a Taremi desde el arranque del encuentro. 

El Milan por su lado había encontrado la llave para sacar adelante las cosas luego de empezar perdiendo contra la Vecchia Signora hace unos días atrás. Sabiéndose no favoritos en este encuentro, quedaba claro que contener al Inter no iba a ser tarea sencilla, pero en una final ante el más acérrimo rival la lógica no necesariamente iba a llevar los hilos conductores del destino.

Transcurrían los minutos y no había mucho que destacar de un partido donde pese a las aproximaciones, el no salir lastimado de la primera parte parecía ser la idea de ambos estrategas. No fue hasta prácticamente el cierre del primer tiempo que se terminó por abrir el marcador. Una jugada por banda izquierda le hizo llegar el balón a Taremi cerca del área chica, lo que permitió al iraní buscar al Capitán Lautaro Martínez que venía entrando por el otro lado del área; este recibió, amagó para generarse espacios y definió pegado al poste para dejar sin posibilidades a Maignan de intervenir.

Remontada con corazón

Un duro golpe recibía el Milan antes del descanso... y justo después. Empezando el complemento llegaba un gran balón al espacio para Mehdi Taremi, que con un pequeño recorrido con el balón dominado terminaba fusilando al portero francés para un 2-0 que parecía a todas luces definitivo, dando inclusive lugar a pensar en la posibilidad de una goleada.

Pero no fue así. Algo que en definitiva terminó posibilitando el marcador final fue el tiro libre de Theo Hernández casi de manera inmediata al segundo tanto nerazzurri. Un balón que pasó al lado de la barrera y Sommer no estuvo ni cerca de poder llegar. Tras el 2-1 las decisiones de los entrenadores fueron críticas, por un lado Inzaghi sacó a Dimarco y Mkhitaryan para darle lugar a Carlos Augusto y Zielinski, lo que daba un claro mensaje de repliegue para lo que quedaba en el encuentro.

Por su parte, Conceição daba entrada a la cancha a Rafa Leao, que volvía a tener minutos tras unas molestias que lo mantenían alejado de la cancha de hacía tiempo... y el portugués entró con todo a la cancha. Un aluvión imparable por la banda izquierda, haciendo que Barella y Bisseck seguramente tengan pesadillas con el '10' rival. Tanto fue el desequilibrio por ese costado que llegó a línea de fondo a costa del futbolista alemán para poner el balón en el centro del área, donde Christian Pulisic recibió y con una media vuelta ponía el empate en el marcador a los 80 minutos.

Y cuando parecía que las cosas se iban a terminar definiendo en el tiempo extra, sobre todo porque el entrenador del Inter seguía haciendo cambios para contener el momentum de su rival, cayó el tercero del Milan. Pulisic que había recién hecho el empate, encontró una línea de pase improbable para Leao, que con dos amagues pudo darse espacio para tirar un centro raso al área chica, donde el recién ingresado Tammy Abraham estaba esperando solo para empujar el balón al fondo de las redes. Minuto 93 del partido.

De esta forma el Milan remontó un partido que parecía imposible de ganar cuando caía el 2-0 rival, pero empujaron y con más corazón que con otra cosa lograron amargarle la noche al Inter.

La contundencia clasifica al Inter

El 2025 ha empezado como los últimos años recientes: con un torneo corto de una liga importante jugándose en Arabia Saudita. La imperiosa necesidad de las ligas europeas en sumar ganancias sin importar las circunstancias ni los medios para lograr el objetivo (intentar alcanzar a la Premier) han convertido a Riyadh en un destino de interés durante estas fechas.

Esta vez ha sido la Supercopa Italiana la primera en disputarse. Con el nuevo formato de cuatro protagonistas, para ver cómo se puede rasgar más dinero, tuvimos en primera instancia un enfrentamiento más que llamativo, dado que los llamados a medir fuerzas serían Inter y Atalanta. El Campeón defensor de la Serie A ante una de las sensaciones de todo el calcio por estar en lo más alto de la tabla actualmente... y sin olvidar el detalle no menor de ser el último Campeón de la Europa League claro.

Promesas de vértigo

Desde la alineación se veía cuán en serio se habían tomado ambos entrenadores el compromiso. Los nerazzurri salieron con su equipo de gala que, salvo la titularidad de De Vrij, lógica por las bajas tanto de Pavard como Acerbi, aspiraba a la excelencia. Como viene siendo costumbre a lo largo de la temporada, partían como favoritos.

Los de Bérgamo por su parte debían partir de la idea que el encuentro habría de afrontarse sin un killer de área natural, ya que aparte de Scamacca, no pudieron contar con Retegui. Debido a esto, Gasperini planteaba un encuentro sin un centrodelantero y rotando varias de sus figuras, teniendo como más que llamativa la presencia de Samardzic como punta... algo que obviamente respondía a la falta de efectivos que a una propuesta táctica del entrenador. 

Y así empezaba el partido. Muy difícil se hacía para la Atalanta contener la verticalidad que el Inter pondría por las bandas con Dumfries y Dimarco, llegando con mucho peligro a la portería de Carnesecchi. Pese a esa verticalidad y que el rival tampoco es que estaba cruzado de brazos precisamente, no se abría el marcador. 

El factor Denzel

No sería correcto decir que la presencia de Sommer en la primera parte fue testimonial, pero tampoco fue exigido al mismo nivel que el portero de la Atalanta. Con este sentido de superioridad comenzaba el segundo tiempo para el Inter y mucho no duró esa sensación de dominio sin recompensa. Apenas al 49' tras un balón parado que no pudo ser despejado de manera eficiente, Denzel Dumfries anotaría de tijera, dejando atónitos a todos dentro del área chica.

Con la desventaja apenas iniciado el complemento, el plan de juego de Gasperini cambió de manera importante. Con el ingreso de Lookman y De Ketelaere eran evidentes las intenciones. La Atalanta vivió su momento de mayor presión hacia la portería rival, procurando dejar bastante retrasada a la línea de tres centrales interistas, forzando los despejes deficientes y algunas salidas en falso por parte del portero suizo, parecía que estaban cada vez más cerca.

Pero recién cumplida la hora de juego, se acabó. Aprovechando los espacios que las excursiones ofensivas del conjunto de Bérgamo estaban dejando, en un par de toques el lateral holandés tuvo la oportunidad de rematar desde fuera del área un disparo que dejó sin posibilidades de hacer algo a Carnesecchi, quien vio como se le colaba en la escuadra el segundo y definitivo gol del Inter. 

Después de este tanto se acabó el partido. Si bien es cierto que hubo un gol anulado a la Atalanta en los minutos finales, el segundo golazo de Dumfries fue peor que un balde de agua fría para la inercia que estaba teniendo el rival tras la apertura del marcador. Hemos insistido en otras ocasiones que el Inter es el mejor equipo (hoy por hoy) del fútbol italiano, ahora le tocará esperar rival que saldrá entre Juventus y Milan para ver si levantan el primer título del año. 

Debut bipolar ante Uruguay

Ocho años después Panamá ha tenido la oportunidad de volver a disputar la Copa América. Nuevamente en Estados Unidos, la selección tenía la clara misión -una vez conocido el sorteo de grupos- de competir y dar buenas sensaciones para demostrarle al continente que el crecimiento visto en el último tiempo no es casualidad. Claro, no era una tarea sencilla cuando en el debut tocaba un rival de la altura de Uruguay que llegaba al torneo como un candidato fuerte.

Más allá de la mejoría que se vivió durante la Copa Oro del año pasado, dudas se presentaban sobre el combinado nacional tras un muy flojo mes de marzo y los flojos desempeños ante los equipos caribeños en el arranque de las eliminatorias rumbo a la Copa del Mundo 2026, pero después de este primer partido de fase de grupos han quedado sensaciones mixtas.

Darwin y un día en la oficina

El libreto de Christiansen era muy claro para el arranque del partido: una línea de cinco en el fondo para contener el vértigo uruguayo y, de existir la posibilidad, castigar con la velocidad que se pudiera imprimir por los costados. No sería acertado decir que Panamá planteó un juego de replegarse por completo ante la posible superioridad charrúa, ya que ante la baja de Godoy no se puso a un jugador en ese puesto con las mismas responsabilidades, sino que se contó con el Fulo Martínez para tener mucho más toque.

Sea como sea, Uruguay sentó la bases de una superioridad marcada durante el primer tiempo con el primer gol. Tras una jugada por la izquierda, Maxi Araújo tuvo el tiempo y el espacio para definir desde fuera del área, colocando el balón casi en el ángulo para que Mosquera no tuviese ningún tipo de posibilidad de llegar. El momentum del partido se fue inclinando rápidamente hacia la posibilidad de que la ventaja obtenida por los pulilos de Bielsa se pudiera aumentar. 

Panamá se veía superada y agobiada, presentando claros problemas en salida con la presión alta que ponía sobre todo Darwin Núñez. El delantero del Liverpool tuvo la posibilidad de ampliar la ventaja para los sudamericanos en más de tres ocasiones, pero se enfrentó a una buena presentación del Kuty en portería y, hay que decirlo, con una habitual presentación del actual nueve de los Reds, donde ante situaciones de gol no supo resolver de la manera más adecuada para terminar celebrando. Terminaba el primer tiempo con una ventaja mínima, con la sensación de que podía ser mucho peor.

Responder a la altura de las circunstancias

Daba la sensación que las cosas empeorarían antes que mejorar para Panamá, pero sorpresivamente -para lo que veíamos- hubo un contrapeso por parte del combinado nacional. Se aprendieron de los errores en la primera mitad y en lugar de encerrarse mucho más, se planteó una atrevida pero efectiva respuesta al aplicar la misma calidad de presión en la salida ante los defensores uruguayos. Los primeros 20 minutos del segundo tiempo claramente se puso en jaque la ventaja que el conjunto charrúa había conseguido.

Pese a que no había en la medular panameña ningún futbolista de contacto, sino de más pase fino, ese trabajo de Carrasquilla y Martínez estaba rindiendo frutos con creces. Raro y cuestionable fue el cambio que el seleccionador hizo al 65' con la salida del Fulo, que estaba haciendo un partido indiscutiblemente notable para el ingreso de Jovani Welch. Este cambio fue el punto de inflexión para que Panamá perdiese la intensidad con la que se aproximó a la portería de Rochet.

Raro y cuestionable fue el cambio que el seleccionador hizo al 65' con la salida de Martínez, que estaba haciendo un partido indiscutiblemente notable

Ocasiones claras y no tan claras que Fajardo no pudo concretar, volvían los uruguayos a tomar las riendas del encuentro a partir de los últimos 25 minutos del partido. Faltando cuatro minutos para el cierre del encuentro, Uruguay aumentó la ventaja en el marcador tras haberse desentendido la defensa de las marcas en el balón parado que propició el gol y en esa caída emocional concretaron el tercer gol. Por fortuna Murillo sacó de su zurda un gran remate para que los nuestros no se fueran en blando en el marcador, pero el resultado ya estaba definido de hacía mucho.

La presentación ante el rival de mayor jerarquía del grupo no fue la catástrofe que muchos esperaban, sino que todo lo contrario. De dominados a dominadores por lapsos del encuentro, no cabe la menor duda que nuestro debut en Copa América fue algo bipolar. 

El arte de oler la sangre

La Final de la Champions League siempre es un suceso que nos hace sentir una amalgama de sentimientos, desde la alegría, pasando por la expectativa y principalmente la tristeza; el jugarse este partido representa el cierre de la temporada a nivel de clubes, hecho que nunca celebramos porque significa que tocará esperar hasta mediados de agosto para ver actividad de las ligas.

Sea como sea, la cita para definir al Campeón de Europa suele congregar a los mejores equipos de toda la temporada. Para esta edición quizás no hayan llegado específicamente los equipos que han terminado con mejor forma la temporada, pero que en sus llaves de eliminación directa fueron más contundentes, siendo difícil no pensar que hubo mérito de sobra para jugar en Wembley.

Como una muralla

Tras una, a confesión personal, sorpresiva presentación de Lenny Kravitz (no por la calidad del artista, sino del hecho en sí de que sería Kravitz el encargado de la apertura) empezaba un partido que en la previa tenía como favorito a los merengues. Con este supuesto siendo el discurso de todos los que pudimos analizar en encuentro en su previa, los alemanes salieron a la cancha con la convicción de que no tenían nada que perder, poninendo contra las cuerdas al Real Madrid.

En su plan de partido, Terzic apostó por esperar a los merengues en el último tercio de la cancha, aspirando a castigar mediante contragolpes orquestados por más de cuatro jugadores en ofensiva. Así fue como llegaron con peligro a la portería de un Courtois, que reemplazaba a un Lunin que la suerte no lo acompañó al engriparse justo antes del partido más importante hasta ahora de su carrera. Sea como sea, el belga respondió a la altura de su nombre cuando fue exigido.

Terzic apostó por esperar a los merengues en el último tercio de la cancha, aspirando a castigar mediante contragolpes

La primera ocasión de peligro vino por medio de Adeyemi, quien recibió un alucinante balón en profundidad. El joven alemán logró quitarse de enfrente al guardameta rival, pero su control fue demasiado prolongado, lo que permitió a Nacho intervenir de manera exitosa una ocasión que desde toda perspectiva debió ser definida como gol para el Borussia Dortmund

Con esa dinámica de repliegue y contragolpe fugaz siguió planteado el equipo alemán, teniendo otra muy clara con su clásico nueve de área como lo es Fulkrug. Si bien es cierto el delantero estaba en fuera de lugar, la dramática manera en la que el balón no entró nos dejó a todos boquiabiertos. El descanso llegaba y el Dortmund había sido más peligroso, pero curiosamente se chocaron constantemente con una muralla.

Oliendo la sangre

El Madrid y la Champions tienen una complicidad única. Es como esa pareja que, no importa los años que pasen, cuando se vuelven a encontrar pasan el mejor tiempo posible juntos. Independientemente de las vicisitudes que se les interpongan en el camino, van a encontrar la forma de reunirse, porque la pasan muy bien juntos.

Siendo incapaz de castigar como debían los teutones a los españoles, la segunda mitad del compromiso tendría un desarrollo sumamente distinto. Las constantes aproximaciones en ataque del Dortmund en el primer tiempo le terminaron pasando factura a sus jugadores, ya que sin haber traducido en ventaja numérica esas aproximaciones ya tenían a los delanteros y volantes bastante agotados.

Sin haber traducido en ventaja numérica esas aproximaciones, el Dortmund ya tenía a los delanteros y volantes bastante agotados para el complemento

Fue entonces que los merengues empezaron a asociarse con más criterio. Por el costado de Vinícius se iba haciendo cada vez más accesible desbordar, ya que Ryerson fue siendo dejado muy solo para contener el volumen de juego con el que atacaba el Madrid. El primer gol llegó por un cabezaso de Carvajal tras un córner muy bien cobrado por Kroos, pero lo cierto es que ya venían dejando la sensación, por lo menos media hora antes, de que el gol podría caer en cualquier momento.

Y luego del gol se acabó. El Dortmund no supo sacudirse del aluvión que le había caído encima desde el arranque del complemento, a tal punto que regaló el segundo gol del encuentro. Maatsen en un inentendible lapsus hizo un pase al medio estando presionado por los rivales para encontrar al Bellingham, que a su vez habilitó a un Vini completamente desmarcado y que concluía las acciones.

El Real Madrid logró su Champions League número 15 como todos esperábamos. Aunque nos agarró desprevenidos el ver lo mucho que la sufrió en la primera mitad, este equipo sabe castigar su huele sangre de un conjunto que dude al enfrentársele en su competencia predilecta. 


Bavaria sumergida

Este sábado se disputó una edición más de Der Klassiker, un partido como pocos en todo el fútbol europeo. Pese a que ambos conjuntos no pasen por su mejor temporada en el plano doméstico -es el primer clásico en 14 años en el que ninguno de los dos equipos llega a este encuentro como líder de Bundesliga- no había ningún tipo de motivos para dudar de la posibilidad de que viviríamos un encuentro como mínimo apasionante... y no decepcionaron.

Independientemente lo que parece ser el inminente primer título de liga para el Bayer Leverkusen, este enfrentamiento entre Bayern y Borussia Dortmund de todas formas revestía de una importancia sensible a estas alturas de la temporada para ambas escuadras; el primero por estar en casa y al menos mantener la hegemonía de la última década sobre su archirrival, mientras que los de la cuenca del Ruhr necesitaba los tres puntos ante el asedio que el Leipzig en la férrea lucha que mantienen por meterse a la próxima Champions League.

Impotencia ante las prisas

Los locales salían al engramado con una idea clara: distribuir con la mayor brevedad posible el balón a su nueve que tan encendido anda esta temporada como Harry Kane. Pese a las intenciones, la ejecución fue quedando a deber más pronto que tarde en el encuentro. El Bayern con una llamativa distribución de juego muy horizontal no tenía la profundidad necesaria para hacerle daño a un rival que iba encontrando espacios a medida que Brandt conducía el balón.

Por primera vez en 14 años ninguno de los dos equipos llegaba al segundo Der Klassiker de la temporada siendo líder de la Bundesliga

Con tal claridad fueron las proyecciones visitantes, que terminaron consiguiendo la ventaja apenas a los diez minutos disputados. Tras un buen pivoteo de Fullkrug en el centro del campo, el delantero se acompañó con Brandt, el cual tras una breve conducción y viendo lo resquebrajada de la defensa local habilitó a Adeyemi con un pase en profundidad, permitiendo al joven alemán hacer un disparo con un ángulo bastante complejo como para hacer daño, pero que se vio beneficiado con la displicente atajada del guardameta Ulreich. A partir de allí se esperaba una reacción feroz de los bávaros y la tuvieron, pero los remates decisivos de Kane se fueron muy desviados.

Un partido amistoso

Después del partido Kimmich se quejó de la falta de actitud de su equipo, tildando la actuación y el ritmo del Bayern como dignos de un partido amistoso... y razón no le hizo falta. Ante la necesidad de goles, Tuchel movió las piezas de su equipo buscando mayor amplitud de cara a portería moviendo justamente a Kimmich de la banda derecha al centro del campo; pases que saltasen líneas se hacían imprescindibles si se buscaba volver a meterse en partido.

Sin embargo, poco cambió. Lo que fue haciéndose cada vez más común en el transcurso del encuentro fueron las aproximaciones visitantes debido a los espacios que estaba dejando el Bayern en esa ansiedad de ocupar la mayor cantidad de terreno en fase ofensiva. Las variantes no impedían que fuese la frustración la que se adueñara por completo de la dinámica local; y lo poco que pudieron generar se encontraba con una muralla de la talla de Hummels.

Tras más de 20 minutos sin mayores novedades que hicieran pensar que el resultado pudiese variar de alguna manera, al 82' en una de sus incursiones al área, Haller recibió un balón en el borde del área, aguantó un poco la marca antes de soltar el balón hacia la derecha donde estaba Ryerson completamente solo, teniendo el lateral que simplemente rematar cruzado y sentenciar las acciones en Múnich. Primera victoria del Dortmund en campo de su archirrival en una década, lo que confirma la manera en que el Bayern y toda la región bávara sufre un hundimiento que lleva a un naufragio del cual no parece que saldrán, al menos no esta temporada.

Vini y los juguetes rotos

La noche de domingo en Riad se pintó de blanco. El Real Madrid ganó la Supercopa de España tras una cómoda victoria por 4-1 sobre el Barcelona en un Clásico donde los merengues dejaron en evidencia el pobre momento que viven los catalanes tanto en las fases defensivas como ofensivas. Pese a que los blaugranas acortaron distancias dentro del primer tiempo, lo cierto es que la verticalidad y explosión del conjunto blanco castigó con creces. 

Ni siquiera los 120 minutos que tuvo que disputar el Madrid para derrotar al Atleti en las semifinales días atrás hicieron mella sobre el rendimiento del equipo. Un resultado que remarca las grandes  diferencias de momentos deportivos e institucionales que están viviendo ambos clubes, lo que puntualmente en este encuentro pudo haberse reflejado con mucha más amplitud en el marcador.

Sin respiro

No habían terminado de entrar en calor los jugadores culés cuando Vinícius ya tenía dos goles en su cuenta personal. Diez minutos ya habían bastado para desnudar a la defensa del Barcelona en su pobre coordinación retrocediendo ante los arranques por los costados de Rodrygo y Vini. Mucho se cuestiona el trabajo de la pareja conformada por Christensen y Koundé, pero el trabajo de los laterales -Baldé y Araújo- fue para el olvido. 

Mucho se cuestiona el trabajo de la pareja conformada por Christensen y Koundé, pero el trabajo de los laterales -Baldé y Araújo- fue para el olvido

La principal debilidad estructural de los culés pasó por los costados. Por el lateral derecho Araújo sufrió mucho con su siempre esperado duelo en los Clásicos ante Vinícius, tanto que le cometió las dos faltas -con penalti discutido incluído- que resultaron en la expulsión del uruguayo. Alejandro Baldé por su parte sufrió en carne viva los efectos de ir perdiendo protagonismo en la dinámica titular del equipo, siendo incapaz de superar a Carvajal en sus aproximaciones en defensa, lo que siempre conducía a recorridos de peligro madridista.

Juguetes rotos

Al Barça le tocó remar contracorriente desde muy temprano y, aunque no pareciese, supo manejar ese escenario durante la primera mitad donde claramente fue donde mejores argumentos presentó. Un verdadero baldazo de agua fría fue el 3-1 antes del descanso, con una jugada polémica que, a criterio muy personal podía o no ser pitado; este tipo de jugadas son las que hoy por hoy se pueden considerar ''de VAR''.

Claramente golpeado por el rival, el Barcelona entró sacudido a la segunda mitad y en los minutos que debió presentar sus argumentos para acortar distancias terminó por recibir el cuarto gol. Desde la ventaja en el marcador y mental, el Real Madrid supo gestionar la ventaja a tal punto de prácticamente contenerse para seguir atacando y hacer el resultado de mayor escándalo.

Aparte de cimentarse en lo que hizo arriba, los blancos fueron superiores en la fase defensiva. Un ejemplo claro de esto fue el trabajo de Jude Bellingham, quien a diferencia de otros encuentros no estuvo tan presente dentro del área rival terminando jugadas, sino que estuvo mucho más enganchado al centro del campo para cortar cualquier línea de pase que los culés trataban de hilar. Frenkie de Jong tuvo un partido muy gris debido principalmente al asedio que el inglés tuvo sobre él.

Intentos infructuosos y frustradas expresiones fueron la tónica del conjunto blaugrana durante un partido que se les hizo eterno durante varios lapsos. No cabe la menor duda que el Real Madrid gana con autoridad un encuentro que Vini tendrá para el recuerdo tras un hat-trick por encima de un rotísimo equipo de Xavi, que solo ha podido salir a jugar con juguetes completamente rotos.

De tranquilidades en Manchester a pecheadas en Dortmund previo al espectáculo de Budapest (30/5/23)

Se está acabando la temporada 2022/23 y lo que queda por jugar nos ilusiona muchísimo, pero antes de eso tenemos que reflexionar lo que nos ha dejado tanto el fútbol inglés como alemán, que curiosamente comparten ciertas similitudes en cuanto a desempeños finales en la parte alta de la tabla.

Todo, absolutamente todo lo tenía el Borussia Dortmund para consagrarse como Campeón, jugando en casa con una victoria ante el Mainz lo debía tener todo para levantar el título, pero los visitantes, especialmente el portero, amargaron el que debía ser una fiesta total. El Bayern con una convulsa temporada en todo sentido, logró salir bien parado gracias a las actuaciones individuales.

En la Premier League ya sabíamos lo que sucedería en la parte alta de la tabla, pero en el descenso se nos fue a segunda el Leicester City, uno de los equipos más queridos que en menos de diez años ha pasado de ganar la liga, jugar cuartos de final de Champions a perder la categoría con una plantilla que no daba la sensación de estar configurada para sufrir tal castigo.

La Europa League en su Final tendrá un apasionante encuentro entre Sevilla y Roma. Dos invictos, el del Sevilla en la competencia y la de Mourinho en finales europeas, estarán en jaque. Una final donde los errores serán vitales y ahí los de la capital italiana pareciesen estar mejor capacitados, pero la mística y la experiencia en esta clase de instancias avalan mucho más a los pupilos de Mendilíbar.

Puedes escucharnos en Ivoox y Spotify... aunque claro, no podíamos terminar este post sin dejarles el programa:

Esperando las copas finales (7/5/2023)

Volvemos con otra edición de Fútbol en la Tarde para analizar la actualidad del fútbol europeo, que en los momentos más críticos de la temporada empieza a mostrar a los verdaderos contendientes a grandes cosas. Las tres competencias de UEFA, Conference League, Europa League y Champions League están en sus respectivas rondas de los cuatro últimos.

West Ham y Fiorentina parten como amplios favoritos en Conference, sin embargo, no se puede descartar del todo a clubes como Basel que históricamente siempre ha sido un dolor de cabeza para conjuntos de mayor envergadura y el AZ que llega sin nada que perder luego de una campaña donde han logrado con creces superar las expectativas a nivel internacional.

La Europa League se guardó para sus semifinales dos enfrentamientos propios de Champions en cualquier momento. El todopoderoso en esta competencia Sevilla medirá fuerzas contra una Juventus que, si bien es cierto dista mucho de estar en una versión lúcida y para ser tomada en serio como candidata, no deja de ser la Vecchia Signora. El Leverkusen de Xabi Alonso logró levantar a un equipo que se veía descendido en navidad, pero ahora tendrá un reto complicado con quien fuese uno de sus mentores cuando estaba dentro de la cancha. 

Un derbi definirá una de las plazas a la Final de la Champions, siendo el último antecedente una victoria para el Milan, pero el Inter buscará aprovecharse de un mejor presente. Real Madrid y Manchester City protagonizarán una final adelantada, que será visagra lo que suceda en el partido de ida en España.

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Ligas definidas y otras no tanto (30/4/23)

Nos causa mucha alegría compartirles el hecho que volvimos a nuestras conversaciones sobre el mejor deporte del planeta en Fútbol en la Tarde. Este episodio que sintetiza las últimas sensaciones sobre la temporada 2022/23 en las tres principales ligas del fútbol europeo, donde prácticamente en todas están las cosas definidas.

Leo y Gian Gabriel comparten micrófono por primera vez desde noviembre del año pasado en un programa de casi una hora, imperdible a decir verdad.

Valoramos la pecheada del Arsenal en esta fase final de la campaña en detrimento del Manchester City, el cual apunta a volver a quedarse con el título de liga... ¿Ha sido una decepción o no lo vivido por el equipo de Mikel Arteta? La que seguro sí es una -y catastrófica- es la temporada de tanto Chelsea como Tottenham.

En Italia la Salernitana frustró la fiesta que tenía armada la afición que se hizo presente en el Stadio Diego Armando Maradona para alzar su primer título de Serie A desde 1990. Por su parte, los clubes de Milán apostarán al todo o nada por la Champions, pensando en la difícil pelea por meterse a esta competencia vía liga.

Por su parte el Barcelona está encaminado a ser Campeón del fútbol español, sin embargo las palancas y el proyecto de Xavi han dejado más dudas que certezas de cara al futuro, aprovechando el flojo inicio de los equipos madrileños que post Mundial han tenido un resurgir de mucho cuidado. 

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La calma vs la tormenta

Recientemente hemos hablado de malas gestiones en este espacio, pero lo que está viviendo el Chelsea es digno del guión de una película dirigida por los hermanos Coen. Con todo ese contexto por delante, llegar hasta los cuartos de Champions tiene un mérito sumamente enorme. Aunque claro, si la suerte te depara al máximo ganador de la competencia -estando en un momento álgido de nivel- complicaban augurar sensaciones positivas de cara a esta instancia del torneo.

Y efectivamente el encuentro de ida fue de un solo lado; el Real Madrid llevó la voz cantante durante los 90 minutos del encuentro pese a que con el repliegue presentado por Frank Lampard -el cuarto entrenador en los banquillos blues esta temporada- lograron llevar peligro a la portería de Courtois gracias a los balones al espacio que los extremos del Chelsea pudieron gestionar bien hasta el último remate. Para este encuentro de vuelta con una desventaja de dos goles, los ingleses sabiendo que era una tarea sumamente complicada, tenían una oportunidad en casa de hacerse grande en el torneo que exige excelencia en cada minuto que disputas.

El último toque

Stamford Bridge durante 45 minutos lo vio posible. El conjunto local siguiendo con su línea de tres defensas y dos laterales de profundidad lograba poner en jaque a la zaga defensiva de los merengues gracias a la verticalidad por esos costados así como a las habituales incorporaciones de Kanté, pero padeciendo de una muy mala fortuna a la hora de definir. Fueron muchas más intervenciones de Carvajal, Militao y sobre todo del guardameta belga que las que uno pudiese esperar para como se presentaba el encuentro en la previa.

Una de las principales variantes por las que apostó Lampard de cara a este encuentro había sido la titularidad de Conor Gallager, quien descolgado detrás de Havertz en ataque logró tener protagonismo con balón en posesión en el último tercio, pero que al momento de dar el último pase o el remate evidenció lo grande que le estaba quedando el partido. Con todo esto los locales siguieron llevando peligro al arco de Courtois, quien inclusive tuvo una atajada clave ante un remate de Cucurella, muy zurdo para lo que exigía la ocasión.

Aunque las sensaciones sugerían que el Chelsea debió sacar algo de rédito en la primera parte, el Madrid tampoco se quedaba atrás. Vinícius en su permanente duelo con Reece James por la banda supo tener profundidad, aunque no tanto como Valverde por el costado derecho, que propició ocasiones para que el marcador también se moviese. A falta de buena definición por parte de ambos, el complemento todavía tenía mucho que decir.

Se impuso la calma

El que no los hace, los ve hacer. A los 58 minutos Militao lanzó un balón en largo a la banda derecha, donde Rodrygo se impuso en el primer toque a Chalobah para llegar hasta línea de fondo, enviando un balón que se paseó por toda el área chica local hasta encontrar a Vinícius, quien generosamente devolvió el balón a quien había hecho el desborde para que este después del control definiese frente a la portería para poner el primer clavo oficial del ataúd para los ingleses.

Luego del gol el partido se volvió un ida y vuelta en las áreas, alguna ocasión con más peligro real que otra. Un Chelsea volcado al empate para volver a entrar en partido se mostraba cada vez más frustrado por la falta de calidad en el último toque, algo que no puedes permitirse ante un equipo como el Real Madrid. Al 80' llegó el gol definitivo tras una contra orquestada por Vini en banda izquierda, quien llegando hasta el área chica consiguió habilitar a Valverde que venía entrando por el medio, haciendo buen uso de su regate dejó el banquete listo para el disfrute de Rodrygo, quien anotaba el segundo tanto del partido ante la mirada de impotencia de Thiago Silva.

Ante una grada que se empezó a vaciar tras el 0-4 del global, el conjunto blanco aseguró su participación número 11 de las últimas 13 semifinales de Champions. El Chelsea se mostró como un equipo competitivo a pesar de las negativas sensaciones previas a estos dos encuentros, pero solo con intenciones no se puede seguir avanzando en un torneo de este calibre. La calma del cuadro español fue suficiente para hundir más a un equipo que inconsolable ve cómo la tormenta en la que se encuentra sumido esta campaña está aún lejos de terminar.

Naranjas amargas

No es un secreto para nadie que la caótica temporada que vive el Valencia responde a la displicente gestión desde que la llave del reino está en manos de Peter Lim, quien funciona como otro ejemplo claro a estudiar al momento de plantearse lo que significa tener una directiva de un club viviendo desconectada por completo de la realidad del equipo y, peor aún, tanto de las necesidades como de las exigencias de la afición.

Con el contexto de ser antepenúltimo del campeonato, el conjunto Che recibió en Mestalla al Sevilla, otro equipo que ha sido una montaña rusa de rendimientos y decisiones directivas a lo largo de la temporada, pero con mejor margen de maniobra para lo que queda de competencia doméstica. Aún lejos del cierre de la temporada, un encuentro en casa supone apuntar a toda costa a sacar los tres puntos, o por lo menos hacer el esfuerzo para intentarlo; estuvo más cerca la visita de llevar peligro al área con Ocampos principalmente.

Rubén Baraja salió con un esquema buscando explotar la verticalidad de sus costados, sobre todo cuando sale de partida un lateral como Lato delante de Gayà por el costado izquierdo. Pese a las intenciones, los resultados no se estaban reflejando dentro de la cancha en la primera mitad; escasez de intensidad en algunas ocasiones y balones divididos que no dejaban mayor consecuencia para el desenlace del resultado. No fue hasta el segundo tiempo que, aparte de los goles, veríamos toda la amalgama de sucesos que no dejaron a nadie indiferente.

La igualdad se rompió en el marcador a diez minutos de empezado el complemento tras un balón parado que encontró en Loic Badé definidor de entre toda la confusión que se dio en el área chica con los rebotes de la jugada, habiendo una falta del propio autor del gol cuando intentaba desmarcarse tras el centro inicial. Ese baldazo de agua fría para los locales sería apenas el arranque de una serie de jugadas que les amargaría el encuentro.

Marcaba la hora disputada en el reloj cuando el Valencia se aproximaba al área con un centro desde la banda izquierda, el cual buscaba el control de Samu Castillejo dentro del área, pero se vio obstruida por la intervención de un Fernando que en el rebote luego de haber intervenido en el control del extremo che hizo contacto con el balón en el brazo derecho, que pese a estar separado del cuerpo en un movimiento antinatural para una defensa dentro del área el árbitro no dio por buena la posibilidad de una pena máxima. Jugada del partido sin dudas que más allá de injusticia o robo, deja muy en entredicho la poca claridad que se tiene con los criterios y el reglamento que especifica más circunstancias en las jugadas de lo que el público general piensa.

Aumentaría la ventaja el Sevilla al 75' tras una gran jugada por izquierda entre Montiel y Ocampos para descolocar a la defensa local. Gran habilitación del delantero para el Campeón del Mundo, que llegando a la línea de fondo hizo el pase de la muerte para Suso que venía entrando en la medialuna del área, rematando con potencia para sentenciar el partido. Pese a que luego hubo otra polémica por otra jugada de penal en favor de los valencianistas, esta vez corrigió con menor discusión tras ver que el contacto de Marcao se dio cuando la jugada no se perfilaba como expresa de gol.

Con Mendilibar en el banquillo los visitantes han ganado mucho en las jugadas a balón parado, consiguiendo destrabar un partido de esos en los que agobiarse no es una opción si quieres sobrevivir. El Valencia lo pagó muy caro, pero queda en el camino una conveniente seguidilla de encuentros directos con otros protagonistas del descenso, a los cuales hay obligación de ganar para evitar que los naranjeros cosechen frutos amargos de esta campaña.

La noche de la Gacela

Pocas cosas en la vida generan tanta tensión como la espera por el regreso de la Champions League, y mucho más si se tienen buenos partidos en el menú. Mientras que en Hungría se jugaba el RB Leipzig-Liverpool, el plato fuerte para el primer día de actividades era un Barcelona-PSG, encuentro con historia reciente que, dependiendo del bando que se vea, se puede recordar con nostalgia. Lo cierto es que para esta llave el presente futbolístico de ambos equipos distaba mucho lo que era en 2017 y desde el sorteo, los franceses partían con un buen nivel de favoritismo. 

Ciertamente es normal que las impresiones del sorteo disten un poco de lo que terminan siendo las cosas en febrero y para esta llave no hubo excepción a la regla: tanto Neymar como Di María lesionados y el hecho que los blaugranas habían mejorado notablemente desde el cambio de parado táctico. Factores no menores entendiendo la magnitud del compromiso y claro, recordando que en Champions las cosas son muy raras a veces.

Cuestión de ritmos

Poco tiempo tuvo que transcurrir en el reloj para que el partido tomara el cauce que tendría hasta el final. De la mano, o mejor dicho, los pies de Verratti y Paredes, los parisinos lograron imponer el ritmo al que se jugaría controlando la posesión con muy buenas habilitaciones para sus compañeros de ataque que se aventuraban por los costados a aprovechar sus distintos registros. Por un lado Kean que competía y comprometía la labor de marcaje de Jordi Alba, mientras que por el otro costado Mbappé flotaba por la cancha ante la incapacidad de Dest para hacerle sombra.

Debido a la lesión de Sergi Roberto, las opciones de Koeman eran Mingueza y Dest para el lateral derecho, decantándose por el norteamericano para competir en velocidad con Mbappé. Sin embargo, un lateral con tan escasa labor defensiva por naturaleza poco o nada podría hacer contra uno de los mejores regateadores a carrera del mundo, lo cual terminó siendo la tónica absoluta del partido, salvándose el local exclusivamente por tener a un Ter Stegen que habitualmente tiene actuaciones pletóricas. Pese a esto, el Barcelona logró adelantarse en el marcador cuando menos lo esperaban. 

Ante el dominio en el centro del campo por parte de los visitantes, el principal argumento para hacer daño que tuvo el Barcelona eran los cambios largos de Busquets que buscaban romper la línea defensiva, lográndolo una vez con De Jong que en el cuerpo a cuerpo con Kurzawa logró vender una acción más que dudosa al árbitro como penal. Una ocasión que Messi no perdonaría, la cual maquillaba muy bien hasta ese momento lo que estaba siendo el desarrollo del encuentro. 

La gacela

A menos que hubiese un cambio de planteamiento por parte de los catalanes la ventaja estaba destinada a durar poco... y así fue. Tras una recepción dentro del área pequeña Mbappé regateó a toda la defensa rival para dejar a Ter Stegen con la mano alzada intentando detener su disparo, enviando el partido al descanso con un empate que no dejaba sensaciones de haberse desarrollado con la mayor justicia posible. Pero en el complemento, se ratificaban los dominios que se habían establecido en el primer tiempo.

Muchas veces se habla que el mayor atributo de Kylian es su velocidad, pero en un partido como el de hoy demostró que necesitas más elementos para complementar esa condición y tener éxito. Aparte de complicar a la vida a Dest, Piqué y Lenglet con sus desbordes, cada vez que pisaba la pelota despistaba por completo inclusive a los que venían desde el mediocampo a tratar de asistir en la cobertura. El ritmo al que se aproximaba a la línea de cal era imposible de equiparar para sus rivales. Se le dio a la gacela vía libre para correr.

Todo esto, en un contexto donde el PSG tenía la posesión y distribuía a placer, evidenciando la poca capacidad que tiene el Barcelona para afrontar los partidos donde tiene que correr detrás de la pelota. Dos goles más del francés y uno de Kean han dejado la eliminatoria bastante encaminada, pese a que en Champions cualquier cosa puede pasar. 

Victorias personales

El 25 de octubre del 2019 fuimos testigos de una de las mayores goleadas en la historia de la Premier League. El Southampton recibió nueve goles por parte del Leicester City en Saint Mary's; resultado digno de un conjunto resignado a la condena de la vergüenza como del descenso y claro, una razón de bastante peso como para plantearse una inmediata destitución del entrenador. Personalmente somos muy de procesos y creyentes que las directrices con las cuales se deben guiar un club no pueden estar supeditadas a sucesos de un solo partido... pero es que un 0-9 espantaría a cualquiera.

¿Quién había sido el responsable de semejante ridículo? Ralf Hasenhüttl. El austriaco había llegado del hacía menos de un año en ese momento tras una muy destacable labor en el RB Leipzig con la misión de evitar el descenso para la temporada 2018/19 y lo consiguió sin sobrarle nada. Un hombre con sus credenciales y libreta de juego dan argumentos para pensar que pudiese estar en niveles superiores, pero los primeros exámenes ponían en tela de duda esta creencia, ni qué pensar luego de esta goleada.

Siguiendo a la razón por encima de lo que pudiesen pensar, los Saints confiaron en el estratega pese a la deshonra. De a poco y del la mano de un increíble Danny Ings, las cosas mejoraron drásticamente para la campaña pasada alcanzando la mitad de tabla y, finalmente, ser uno de los equipos revelaciones en la presente. Sin tener una plantilla espectacular como muchos de sus rivales de la Premier League, Hasenhüttl ha llevado a su equipo a ser uno de los más laboriosos hablando de ritmo y capacidad resolutiva en el último tercio de la cancha.

El encuentro de este lunes ante los Campeones de liga suponía un reto complicado para los locales, pero muy poco demoraron para ponerse arriba en el marcador a los dos minutos. Los santos vieron como se abría la cuenta con una definición por arriba de la humanidad de Allison, que solo para la fotografía podía posar. Ante la adversidad, los reds sucumbieron ante la presión y sobre todo en ataque cuya, donde la desesperación de la falta de goles previos se hicieron presente.

Llegó el final del partido y Ralf rompió a llorar. Aunque la temporada está lejos de terminar y que este encuentro signifique un título o una clasificación a competencias europeas, el austriaco logró sacarle puntos por primera vez en su carrera a Klopp, algo impensado hace unos meses apenas tomando en cuenta todo lo que hemos examinado arriba. Aunque pequeñas, todas las victorias personales son más que válidas para sentirse orgulloso.

El triángulo de la decepción


Como el fútbol es una permanente amalgama de ironías, ha tocado tragarme todas las displicencias de Bermudas tanto en nuestro espacio radial como en el texto anterior a este. Atónitos quedamos todos los presentes en el Rommel Fernández ante la debacle del seleccionado nacional panameño a manos del combinado caribeño que, por más limitado que indiscutiblemente sea, supo replantear su estrategia dado lo sufrido en el partido del jueves y con la claridad mínimamente necesaria imponer condiciones como visitante. Resultado que de por sí ya resulta muy incómodo la premisa que en general envuelve esta derrota, con mucha cabeza fría se puede deducir que tampoco precisaron de mucho para lograr el objetivo, solo velocidad y orden.

Luego de recibir cuatro goles el pasado jueves, Bermudas se mostró mucho más estable en el sector defensivo, protegiendo la pelota en alturas de la cancha mucho mayores a lo poco hecho en propio feudo. Corregir, algo que dejó de hacer su rival. Si bien es cierto el combinado panameño presionó para que el partido se disputase casi en su totalidad el área del adversario, su intención de querer generar peligro mediante paredes en espacios reducidos se vio diezmada dada la distancia existente entre los protagonistas del centro del campo; Botello recuperaba o se asociaba con la defensa y cuando levantaba miradas Carrasquilla estaba muy pegado a la banda como los volantes panameños. Aunque esto fue corregido en el complemento del encuentro, dificultó más de lo que se hubiese querido.

Tanta era la distancia entre quienes estaban llamados a gestar ese fútbol a ras de suelo que tanto Bárcenas, Quintero y hasta Gaby Torres tenían que retrasar sus posiciones para poder entrar en contacto con la pelota, ya que el recurso de los cambios largos de juego tampoco terminaron de ser funcionales dada la escasa claridad de esos pases y los controles, pero principalmente del primer inciso. Fallos reiterativos que se pueden aunar con las muy flojas participaciones tanto de la defensa (toda la línea de cuatro) como del delantero que debía ser ancla -Rolando Blackburn- para quienes venían por detrás. Una combinación perfecta de errores garrafales que han terminado por costar no solo la derrota, sino el hecho de perder en casa ante un equipo que en el papel no debe representar este tipo de inconveniente.

Siempre existe esa premisa que la pelota es redonda y para cualquier lado puede favorecer, sin embargo hay situaciones que sencillamente no se pueden dar, no por prestigio, sino por pretensiones. Salir derrotado de tu propio feudo ante un equipo del Caribe tras poco más de un año de haber estado en una Copa del Mundo es inadmisible, ya que llegar a la cita mundialista representa un salto de calidad que se ha dado y 'supuestamente' debe mantenerse dado el crecimiento del país. Pero las cosas han sido más que distintas luego de nuestro verano ruso; a lo mejor todo fue un golpe de suerte y no se está donde pensamos, acrecentando el triángulo de la decepción, que irónicamente Bermudas le ha puesto la cereza del pastel.

Sin perderse


Hace algunas semanas atrás tuvimos la oportunidad de presenciar la presentación de Américo Gallego como seleccionador de Panamá. En las palabras del técnico se dejaba a entrever, a criterio de este servidor, muy claro que las referencias existentes del fútbol panameño eran pocas y las que se tenían eran de un periodo de tiempo bastante reciente; esto no debe interpretarse como una acotación mala para o algo por el estilo, en realidad es bastante comprensible asumiendo el contexto: casi cinco años sin entrenar y claro, la poca relevancia que presenta para el cono sur del continente el fútbol de Concacaf. De igual podríamos decir que era positiva esa desinformación, ya que la misión puntual del nuevo seleccionador consiste en rearmar la plantilla.

Sensaciones encontradas se daban con que la primera prueba fuese la selección de Bermudas. Positivas porque si necesitas resultados inmediatos sin haber podido contar con el tiempo suficiente de trabajo, en definitiva el cuadro caribeño es el oponente ideal. La otra cara de la moneda reside en el nivel de coherencia con el que se pudiese sacar, ya que las emociones -como suele pasar en estos lares- se desbordan en una avalancha de triunfalismo que en lo absoluto aporta a la valoración del compromiso. Cuestión de saber o querer interpretar las cosas en su justa dimensión.

Juego en suelo caribeño y el Tolo salió con un 4-4-2 con tendencia a variar en un 4-2-3-1 dado que uno de los delanteros estaba llamado a hacer movimientos sin balón necesarios para que se gestaran mejores incorporaciones de los jugadores que llegaban por los costados, siendo este el caso de Gaby Torres. Fuera de la sorpresa que representaba la titularidad de Botello en el medio sector, llamó bastante la atención esa decisión de incluir a Fidel Escobar en la medular; aunque a muchos -incluyéndome- gustaría la idea de tenerle más en una posición más retrasada del campo, es muy evidente que el estratega argentino quiere sacarle jugo a la buena capacidad de distribución que tiene Fidel.

¿Por qué nos gustaría ver a Escobar en defensa? Justo por los motivos que nos dio la forma en que se desenvolvió Bermudas en fase ofensiva. Panamá sufrió con la verticalidad del local más veces de lo que nos gustaría admitir, propiciado esencialmente por clásicas falencias que se generan por la naturaleza de juego de nuestros laterales, los cuales acostumbran adelantar demasiado las líneas (Murillo principalmente) y descompensan el retroceso del equipo. Estábamos siendo claramente castigados por la velocidad de unos extremos con buen oficio, pero muchas veces de pésima ejecución. Quién sabe, algo más de criterio a la hora de asociarse en el último tercio de la cancha y a lo mejor las sensaciones post partido eran otra historia muy distinta.

Las facilidades que paulatinamente se iban desnudando con el pasar de los minutos se fueron uniendo con la correcta lectura del partido de algunos nombres como Alberto Quintero, figurando con dos asistencias y un amplio dominio de su parcela, pudiendo controlar un espacio importante como volante de llegada bastante dispuesto a hacer coberturas en el centro del campo. Bermudas no pudo mantener su estructura luego del gol que rompía el empate y todo en pos fue naufragio para ellos. Este domingo la revancha es en el Rommel Fernández y se ve muy complicado un accionar distinto; caer dentro del Triángulo de las Bermudas finalmente no ha representado un examen imposible para los pupilos de Gallego, o al menos por ahora.

Por la mejor estética


La temporada del Calcio ha sido la última en arrancar de entre las grandes. Falacia sería decir que reviste de la misma emoción e intensidad que otrora, ya que los últimos años nos han permitido ser testigos de la enorme brecha que se va abriendo entre la Vecchia Signora y los demás en sus respectivos niveles; al final del día nos queda claro que sin responsabilidad en los proyectos, tanto deportivos como financieros, la cosas distarán de salir bien. Sin embargo, la nostalgia y la esperanza son dos sensaciones que nunca se pueden dejar pasar por alto. Aunque no parezca entrar a discusión la posible llegada del noveno título para los de Turín, la forma en la que otros proyectos se han ido armando permiten especular un poco con lo que vaya a suceder.

El viernes arrancó la primera jornada que de salida demostró la falta de rodaje general para la liga sobre todo en el tema defensivo, algo que resulta muy pero muy irónico. Excepción no fueron las acciones en el Meazza, donde ha nacido de manera oficial un nuevo proyecto encabezado por quien fuese entrenador del enemigo nerazurro, pero bueno, eso ya no parece tener mayor importancia teniendo en cuenta las formas en las que se maneja nuestro fútbol moderno. Punto aparte de la pretemporada y demás cosas que se hayan podido ver con juveniles que nulo protagonismo llegarán a tener, el examen que representaba el Lecce tenía mucha pinta de ser accesible.
El 3-5-2 de Conte tiene muchísima profundidad, pero en recuperación los volantes disponibles de la plantilla se ve un poco descompensada
Aunque se descompensó la estructura defensiva con la lesión en el entrenamiento de Stefan de Vrij, los visitantes no contaron con la profundidad suficiente como para encontrar los resquicios que aún arroja el proyecto Conte; su 3-5-2 tiene muchísima profundidad y posibilidad de recuperación, aunque se ve un poco descompensado por un lado dado el poco oficio defensivo que tiene un jugador como Candreva y viendo su plantilla tampoco se encuentran mayores variantes que puedan resolver ese dilema. Pero la propuesta de trabajo se nota a leguas de distancia, lo que permite al estratega italiano poder enfocarse en detalles mínimos que puedan hacer a este Inter competitivo.

Queda mucha tela que cortar para ver a plenitud a este equipo, pero partiendo de la base con la cual jugadores como Sensi principalmente pueda encontrar el espacio adecuado para generar presencia en el último tercio rival, los lances de partido en los que se vio contundente el Inter se pueden llegar a multiplicar, sólo es cuestión de esperar a ver cuán lejos querrá llegar el entrenador con la calidad de definición.

Entre espacios e interpretaciones



La primera semana de festividades nacionales se fue volando. Recuerdo a estas alturas del año pasado estar con más resaca emocional que física a pesar de haber honrado a la patria, como muchos de mis conciudadanos, lejos de las luces capitalinas para entregarme a los sonidos y excesos de una región como Bocas del Toro. Que nostalgia, más pensando en lo distinto que fue todo para este 2018, aunque bueno, lo único constante de la vida es el cambio. Afortunadamente está el futbol para mitigar cualquier clase de molestia. Que nunca me falte el fútbol.

Regresando de todo ese trauma nos ha apañado la cuarta fecha de Champions, donde muchos caminos rumbo a la ronda de 16 empiezan a esclarecerse, complicarse y cerrarse. A falta de la típica constancia de este servidor, resumo hasta ahora mis impresiones de la Copa de Europa en simples palabras: no encuentro aún candidato pleno más allá que muchos conjuntos han ido de menos a más en rendimiento general como el Inter, Napoli y algunos otros que iré recordando acorde pasen los encuentros. Aunque hoy, hablaremos con más detenimiento del cuadro nerazzurri.

Volver al máximo circuito no fue fácil, pero más compleja aún es poder mantenerse sobre todo cuando tienes que enfrentarte al Barcelona y Tottenham en ese retorno triunfal. Pero como la pelota tiene esas cosas que la hacen tan mística y que, la mayoría de las veces uno no lo puede explicar, los italianos han sacado los resultados necesarios para que la pelea por un cupo en la siguiente fase se mantenga en suspenso hasta el final. Tras la derrota en el Camp Nou era claro que para el encuentro de vuelta había que rectificar ciertas posiciones en pos del regreso del Nainggolan al once titular luego de su ausencia en aquella visita.

El posicionamiento del belga cerca de las espaldas del nueve de área disponían de la constante ayuda por parte de Brozovic y Vecino en presionar a los interiores del adversario (Arthur-Rakitic) cada vez que la pelota llegaba a sus respectivas zonas. Eso significó una presión más arriba que lo visto antes, pero el gran problema de ello reside en que, cuando las coberturas/anticipaciones no eran efectivas, terminaban retrocediendo en busca de evitar el gol rival, cosa que prácticamente fue la tónica del primer tiempo. Por esto es que presencia de Coutinho y Dembélé en el área chica fue el dolor de cabeza eterno para la pareja Skriniar-De Vrij, mucho más si se tiene a un Suárez inspirado en el orquestamiento del ataque blaugrana con sus permanentes diagonales que marcaban el camino a los compañeros.

La marcada superioridad con la que estas llegadas ocurrían forzó al estratega local a ponerle freno de mano a la idea de presionar tan arriba con el ingreso de Borja Valero, que entró para ordenar el centro del campo pero desde el cuarto de máquinas y con otro ritmo. Para el último tercio del encuentro se le fueron dando los espacios y las conexiones a ras de suelo, tratando de sacarle el máximo jugo a Perisic sobre la banda de Sergi Roberto así como al joven Politano que le tocaba enfrentar las embestidas por ese sector de Jordi Alba. El conjunto catalán mostró adolecer de inconsistencia en cuanto al ritmo de juego, algo imprescindible para el momento que toquen rivales de mayor capacidad táctica así como individual y en rondas definitorias.

Aprovechando el momento del partido le llegaron muchas pelotas al área chica para Icardi, que se enfrascaba con mayor insistencia por el sector izquierdo, donde las fichas asignadas no contaban con la necesaria agilidad para detener a un futbolista que remata desde cualquier ángulo y lo hace bien, independientemente si fue protagonista del resto del encuentro o no, como le ha ocurrido. Como no podía ser una excepción, también se hizo presente en este partido. Una igualdad insatisfactoria plenamente para el primer clasificado a octavos, pero suficiente para conseguir el objetivo. Por otro lado, después de recibir nuevamente otra noche grande en el Giuseppe Meazza, el Inter debe saber interpretar lo que tanto le costó, urgente tomando en cuenta que le Tottenham ha tomado un segundo aire en la pelea por el segundo puesto.


Foto: UEFA / Getty Images

Reflejo de las miradas


Nunca es fácil de digerir el perder un derbi. Es la aceptación dentro de la cancha que el otro es mejor y no hay queja contra el arbitraje que pueda maquillar esa realidad. Es una vergüenza que se tiene que llevar encima por el resto de la temporada y un malestar bastante incómodo para la semana venidera, que uno puede resentir hasta el fondo del alma. Pero que bueno sentir este tipo de frustraciones, si en el fútbol no puedes sentir esa punzada al orgullo, es preciso mejor te busques otro espectáculo para ver. No deporte, espectáculo; cada vez vivimos en una sociedad que mide su lealtad a unos colores en base al éxito que tiene y no por su identidad, o por su mística. En fin, el domingo no fue precisamente el mejor de mis días.

La diferencia horaria nunca ha mermado en mi amor y estoy seguro no lo hará nunca, pero que dolor no poder vivir esta clase de partidos en la cancha. Este año he decidido ponerme a buscar fútbol en lugares nunca pensados, y tan solo pasarme eso por la cabeza el hecho que en otra parte estaba un conjunto de personas a la expectación de un partido a solo una vaya de publicidad de distancia, o quizás en uno de los bares de tu ciudad rodeado de gente con la misma camiseta que tú. Si hay una realidad absoluta en el fútbol es que nada se compara al día de un derbi. El Clásico nacional o cualquier encuentro que mida a dos pueblos rivales es sin la menor discusión la mejor presentación que puede tener esta fe nuestra ante cualquier desconocido de la materia. Cuando hay tanta energía sobre un partido, la única salida viable que hay es ganar. De cualquier forma. Ganar.

Eindhoven es, ha sido y siempre será una cancha complicada para visitar. Aunque en esta clase de partidos no parece importar, sobre todo de la forma en la que se llega, incluyendo un fructífero regreso a la Copa de Europa que tanto se ha extrañado en el campo de Johan. Como equipo que gana no se cambia, el once que sale de memoria tuvo que afrontar el compromiso que lo fue enredando bastante rápido, mucho más de lo que en el peor de los casos se hubiese imaginado. Errores en la salida, presión incesante a la pareja de centrales y una decaída actitud llevaron el encuentro a tres goles de ventaja para el PSV antes de los 40 minutos. Antes de poder reaccionar el partido ya estaba definido. Lo único que quedaba por hacer era completar el compromiso a la expectativa que el local no tuviese otra ráfaga de claridad como para conseguir un resultado de escándalo.

No hay nada peor que jugar sabiendo que ya perdiste. Hay casos bastante excepcionales que a lo largo del tiempo nos han demostrado que nada es imposible, pero también es cierto que uno puede leer ese tipo de cosas. El estilo de juego que me enamoró del Ajax facilita esto; cuando escasean las ideas para salir jugando, carburar en el medio sector hacia los costados y siquiera llegar al área chica contraria se convierten en una verdadera odisea. Pero todos estos elementos que se pudieron hasta prever en el partido de competencias europeas ante el AEK, la alarma más grande que hay de los problemas son las expresiones, las miradas. Cuando llegó el segundo gol del partido, producto de un muy mal entendimiento entre portero y defensa, las miradas de todos contra todos decían más verdades que nunca.

Foto: ajax.nl

Todos en casa


Sería una falacia no reconocer que si hubo un plus de entusiasmo para el inicio de esta nueva Copa de Europa era el regreso. El regreso. Veía datos antes del partido donde no me lo podía creer. Temporada 2014/15 desde la última participación. Aunque haya sido duro pero posible acostumbrarse a la idea que ser contendientes reales para estos torneos es más que complejo, nunca es sencillo digerir el no tener la posibilidad de volverse a sentir importante aunque sea las noches de martes y miércoles. Esas ausencias lastiman mucho, desde el orgullo de una institución y aficionados, así como en lo comercial; un club tan grande no puede darse el lujo de no estar donde el esfuerzo de muchos otros que decidieron marcar diferencia los ayudaron a alcanzar.

Ya no podía esperar más. La primera jornada cayó como anillo al dedo: jugando en casa ante el rival más accesible dentro del sector. No hay nada más importante en rondas como estas ganar en casa y con la mayor ventaja posible, es muy fácil irse por la puerta de atrás gracias a uno o dos goles. Con la cabeza puesta en eso, el partido se presentó desde el arranque como la lógica lo suponía: el local muy encimado al ataque ante el conjunto limitado, apacible desde su sector esperando un pase mal dado o una decisión mal tomada resultado de cualquier nervio estimable en un partido con protagonistas menores de 23 años. Creo que jamás voy a poder superar el hecho que a estas alturas escriba o hable sobre futbolistas mucho menores que yo, que viva la vida.

Quedó en evidencia que dos defensores centrales con única virtud de pasadores no es una opción balanceada para esa área de la zaga

La lesión de De Ligt forzaba a buscar otra variante en el centro. Ten Hag consideró que la dupla De Jong-Blind sería la ideal mientras que Carel Eiting con mejor circulación que protección de pelota ocuparía el centro junto a Ziyech y Schone. No mucho tuvo que darse del partido para entender que hay malestares, sin importar el tiempo que transcurra, siempre afectan a la persona. Ver a este equipo jugar en Europa es un disco rayado: mucho vértigo, desperdicios por ansiedad y una terrible fragilidad tras pérdida del balón. Me quejaba de ello y alguien me replicó explicando que se debía a que nunca han cambiado el estilo de juego y que si nunca lo hacen seguirán así. Puede que tenga razón, pero imaginarse al Ajax sin su estilo de juego es como la vida sin sexo... sí, hasta esos extremos.

Quedó en evidencia que dos defensores centrales con única virtud de pasadores no es una opción balanceada para esa área de la zaga, donde el combate cuerpo a cuerpo los deja muy mal parados, principalmente al bueno de Frenkie; tener visión de campo y buena salida no compensan la falta de fortaleza natural requerida en la zona donde juega. Los griegos, con muy poca flexibilidad en su manera de realizar las transiciones del juego hacia el ataque, pusieron complicaciones fácilmente punibles por clubes con un nivel mayor de capacidad técnica. Tomando en cuenta que viene un derbi a la vuelta de la esquina, parece algo que debería tener cierto tipo de preocupación en los planes del estratega... ojalá.

Ante la amenaza de la suerte, la dupla de laterales Mazraoui y Tagliafico trabajó en la prevención de desbordes de peligro, logrando una buena recuperación en caso tal la jugada avanzase más de lo que la primera cobertura pretendía. Llegaron entonces los goles en los momentos más precisos para dejar fuera de la contienda al AEK: arrancando la segunda mitad al agarrar dormida a la defensa visitante con un gol de marcaje uno contra uno, desborde por izquierda para encontrar al rematador robando todas las espaldas haciéndose tiempo y espacio, hasta un centro/chut para agregar esa cuota de espectacularidad a un partido chato por mucho tiempo. Un poco más tarde, en Lisboa demostró el Bayern que ganará este grupo sin problemas; estos partidos demuestran que el camino será dramático, pero todos quieren estar en casa para no perdérselo.

Foto: UEFA
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