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Entre espacios e interpretaciones



La primera semana de festividades nacionales se fue volando. Recuerdo a estas alturas del año pasado estar con más resaca emocional que física a pesar de haber honrado a la patria, como muchos de mis conciudadanos, lejos de las luces capitalinas para entregarme a los sonidos y excesos de una región como Bocas del Toro. Que nostalgia, más pensando en lo distinto que fue todo para este 2018, aunque bueno, lo único constante de la vida es el cambio. Afortunadamente está el futbol para mitigar cualquier clase de molestia. Que nunca me falte el fútbol.

Regresando de todo ese trauma nos ha apañado la cuarta fecha de Champions, donde muchos caminos rumbo a la ronda de 16 empiezan a esclarecerse, complicarse y cerrarse. A falta de la típica constancia de este servidor, resumo hasta ahora mis impresiones de la Copa de Europa en simples palabras: no encuentro aún candidato pleno más allá que muchos conjuntos han ido de menos a más en rendimiento general como el Inter, Napoli y algunos otros que iré recordando acorde pasen los encuentros. Aunque hoy, hablaremos con más detenimiento del cuadro nerazzurri.

Volver al máximo circuito no fue fácil, pero más compleja aún es poder mantenerse sobre todo cuando tienes que enfrentarte al Barcelona y Tottenham en ese retorno triunfal. Pero como la pelota tiene esas cosas que la hacen tan mística y que, la mayoría de las veces uno no lo puede explicar, los italianos han sacado los resultados necesarios para que la pelea por un cupo en la siguiente fase se mantenga en suspenso hasta el final. Tras la derrota en el Camp Nou era claro que para el encuentro de vuelta había que rectificar ciertas posiciones en pos del regreso del Nainggolan al once titular luego de su ausencia en aquella visita.

El posicionamiento del belga cerca de las espaldas del nueve de área disponían de la constante ayuda por parte de Brozovic y Vecino en presionar a los interiores del adversario (Arthur-Rakitic) cada vez que la pelota llegaba a sus respectivas zonas. Eso significó una presión más arriba que lo visto antes, pero el gran problema de ello reside en que, cuando las coberturas/anticipaciones no eran efectivas, terminaban retrocediendo en busca de evitar el gol rival, cosa que prácticamente fue la tónica del primer tiempo. Por esto es que presencia de Coutinho y Dembélé en el área chica fue el dolor de cabeza eterno para la pareja Skriniar-De Vrij, mucho más si se tiene a un Suárez inspirado en el orquestamiento del ataque blaugrana con sus permanentes diagonales que marcaban el camino a los compañeros.

La marcada superioridad con la que estas llegadas ocurrían forzó al estratega local a ponerle freno de mano a la idea de presionar tan arriba con el ingreso de Borja Valero, que entró para ordenar el centro del campo pero desde el cuarto de máquinas y con otro ritmo. Para el último tercio del encuentro se le fueron dando los espacios y las conexiones a ras de suelo, tratando de sacarle el máximo jugo a Perisic sobre la banda de Sergi Roberto así como al joven Politano que le tocaba enfrentar las embestidas por ese sector de Jordi Alba. El conjunto catalán mostró adolecer de inconsistencia en cuanto al ritmo de juego, algo imprescindible para el momento que toquen rivales de mayor capacidad táctica así como individual y en rondas definitorias.

Aprovechando el momento del partido le llegaron muchas pelotas al área chica para Icardi, que se enfrascaba con mayor insistencia por el sector izquierdo, donde las fichas asignadas no contaban con la necesaria agilidad para detener a un futbolista que remata desde cualquier ángulo y lo hace bien, independientemente si fue protagonista del resto del encuentro o no, como le ha ocurrido. Como no podía ser una excepción, también se hizo presente en este partido. Una igualdad insatisfactoria plenamente para el primer clasificado a octavos, pero suficiente para conseguir el objetivo. Por otro lado, después de recibir nuevamente otra noche grande en el Giuseppe Meazza, el Inter debe saber interpretar lo que tanto le costó, urgente tomando en cuenta que le Tottenham ha tomado un segundo aire en la pelea por el segundo puesto.


Foto: UEFA / Getty Images

La derrota como graduación


Difícilmente encuentras una cancha en el mundo que haga tanto ruido como la del Santiago Bernabéu. Desde que llegas -como decía Eduardo Galeano, QEPD- puedes pararte dentro de ella y escuchas todas las celebraciones por las Copas de Europa consecutivas, las ligas, copas y muchos más partidos que han hecho grande a la institución afortunada de poder tenerla como su hogar. Al ruido habitual se le agregan millones de ecos más cuando toca disputar los partidos de esta competencia. Es la vitrina ideal para lo que sea, desde la revancha hasta ratificar cosas que en un momento dado se vienen observando o inocentemente esperado por referencias de terceros. Aunque el Campeón defensor nunca sea un rival ideal para enfrentarse, estar en ese campo es el sueño de todos en el mundo y muy pocos son los que pueden lograrlo.

Si dos semifinalistas de la edición anterior de la competencia miden fuerzas en el segundo día de competencias, es más que lógico el revuelo que genera en las personas poder ser testigos de tal compromiso. El siempre observado Real Madrid con una nueva gestión en aspectos importantes del juego ha sabido encontrarle la fluidez que requería un equipo sin el mayor referenciado de prácticamente la última década. La Loba llegaba como protagonista del torneo anterior también, pero con una convicción ajena a lo que les permitió tocar la puerta de la final previa; un equipo que se reforzó para aumentar el dinamismo hacia adelante pretendió esperar para vacunar al contragolpe, o sea, practicar una idea de juego que no dominas conceptualmente hablando... contra el Madrid.

La goleada era una realidad más que posible para los italianos apenas empezaron a retroceder líneas. Cierto es que donde menos te lo esperas llega una sorpresa que deja a todos fríos, pero acá desde el arranque se perfiló como algo complicado. Si encima de eso le agregas que tus jugadores que deben fungir como pasadores a profundidad se la pasan comprometiendo la salida, aunque en esto hay que excusar a Nicolo Zaniolo, porque salvo jugadores muy distintos, su debut con el equipo en estas condiciones no va a ser del todo agradable. Ir retrocediendo con la constante mirada a sus espaldas terminó por descolocar a unos por el ritmo o las condiciones de su respectiva zona, derivando en un dominio por completo de los españoles sin ningún tipo de discusión.

¿El resultado? Tres en la bolsa. Eso sí, todos de características muy técnicas para su ejecución final. Si bien no era ideal, era necesario que una de las apuestas del club romanista para esta temporada tuviese este tipo de fogueo. La marcha de Alisson al fútbol inglés era una baja muy difícil de suplir, por lo que la llegada de Robin Olsen, después de una notable presencia en el Mundial, siempre fue motivo de discusión tanto para bien como para mal. Sin embargo, el sueco demostró en esa cancha grande que el dinero que pagaron ha sido una inversión bien realizada. Normalmente cuando un guardameta es bueno dominando su área le puede faltar agilidad para tener unos reflejos agudos y viceversa, lo cual dista mucho de ser el caso del sueco. Es cierto que carece de preparación para la salida con pelota dominada, pero tiene argumentos de peso para brindar seguridad.

No habrá sido la mejor noche del conjunto italiano claro está, pero dentro de la debacle queda de enseñanza la urgente necesidad de cambiar el parámetro de juego de cara a la próxima jornada de actividades y la confianza reforzada en la figura de Olsen, algo que siempre requiere de una serie de exigencias propias del peso de este compromiso para esclarecer incógnitas. Para Di Francesco debe ser bastante positivo haber encontrado la graduación de una potencial figura máxima de su equipo, aunque sea en la derrota.

Foto: Paul Hanna, Reuters

Todos en casa


Sería una falacia no reconocer que si hubo un plus de entusiasmo para el inicio de esta nueva Copa de Europa era el regreso. El regreso. Veía datos antes del partido donde no me lo podía creer. Temporada 2014/15 desde la última participación. Aunque haya sido duro pero posible acostumbrarse a la idea que ser contendientes reales para estos torneos es más que complejo, nunca es sencillo digerir el no tener la posibilidad de volverse a sentir importante aunque sea las noches de martes y miércoles. Esas ausencias lastiman mucho, desde el orgullo de una institución y aficionados, así como en lo comercial; un club tan grande no puede darse el lujo de no estar donde el esfuerzo de muchos otros que decidieron marcar diferencia los ayudaron a alcanzar.

Ya no podía esperar más. La primera jornada cayó como anillo al dedo: jugando en casa ante el rival más accesible dentro del sector. No hay nada más importante en rondas como estas ganar en casa y con la mayor ventaja posible, es muy fácil irse por la puerta de atrás gracias a uno o dos goles. Con la cabeza puesta en eso, el partido se presentó desde el arranque como la lógica lo suponía: el local muy encimado al ataque ante el conjunto limitado, apacible desde su sector esperando un pase mal dado o una decisión mal tomada resultado de cualquier nervio estimable en un partido con protagonistas menores de 23 años. Creo que jamás voy a poder superar el hecho que a estas alturas escriba o hable sobre futbolistas mucho menores que yo, que viva la vida.

Quedó en evidencia que dos defensores centrales con única virtud de pasadores no es una opción balanceada para esa área de la zaga

La lesión de De Ligt forzaba a buscar otra variante en el centro. Ten Hag consideró que la dupla De Jong-Blind sería la ideal mientras que Carel Eiting con mejor circulación que protección de pelota ocuparía el centro junto a Ziyech y Schone. No mucho tuvo que darse del partido para entender que hay malestares, sin importar el tiempo que transcurra, siempre afectan a la persona. Ver a este equipo jugar en Europa es un disco rayado: mucho vértigo, desperdicios por ansiedad y una terrible fragilidad tras pérdida del balón. Me quejaba de ello y alguien me replicó explicando que se debía a que nunca han cambiado el estilo de juego y que si nunca lo hacen seguirán así. Puede que tenga razón, pero imaginarse al Ajax sin su estilo de juego es como la vida sin sexo... sí, hasta esos extremos.

Quedó en evidencia que dos defensores centrales con única virtud de pasadores no es una opción balanceada para esa área de la zaga, donde el combate cuerpo a cuerpo los deja muy mal parados, principalmente al bueno de Frenkie; tener visión de campo y buena salida no compensan la falta de fortaleza natural requerida en la zona donde juega. Los griegos, con muy poca flexibilidad en su manera de realizar las transiciones del juego hacia el ataque, pusieron complicaciones fácilmente punibles por clubes con un nivel mayor de capacidad técnica. Tomando en cuenta que viene un derbi a la vuelta de la esquina, parece algo que debería tener cierto tipo de preocupación en los planes del estratega... ojalá.

Ante la amenaza de la suerte, la dupla de laterales Mazraoui y Tagliafico trabajó en la prevención de desbordes de peligro, logrando una buena recuperación en caso tal la jugada avanzase más de lo que la primera cobertura pretendía. Llegaron entonces los goles en los momentos más precisos para dejar fuera de la contienda al AEK: arrancando la segunda mitad al agarrar dormida a la defensa visitante con un gol de marcaje uno contra uno, desborde por izquierda para encontrar al rematador robando todas las espaldas haciéndose tiempo y espacio, hasta un centro/chut para agregar esa cuota de espectacularidad a un partido chato por mucho tiempo. Un poco más tarde, en Lisboa demostró el Bayern que ganará este grupo sin problemas; estos partidos demuestran que el camino será dramático, pero todos quieren estar en casa para no perdérselo.

Foto: UEFA

Pausar al vertical


Me picaban los dedos por volver a escribir. He encontrado una nueva oficina donde podré sentarme a explayar con claridad todo lo que viene pasando por la cabeza después de tanto tiempo. Seguir pidiendo disculpas a estas alturas sería más un insulto que una excusa, ya que terminamos haciendo exactamente lo mismo de siempre. Así que bueno, para un arranque de una temporada nueva no podía encontrar otra fecha tan pertinente como el arranque de la Champions. Aunque día a día se sigan mostrando en estas competencias el ansioso deseo de convertir esto más en una máquina de hacer dinero que en deporte, no le puedo discutir a absolutamente nadie que tener a lo mejor de lo mejor del fútbol élite en un solo torneo es alucinante, más cuando normalmente no decepciona.

Quería empezar con el mal momento del Inter, pero las constelaciones y la mala gestión por parte de Pochettino los últimos 20 minutos hicieron imposible que, por lo menos hoy, me mofara de la, hasta ahora, infructuosa gran inversión. Por eso es necesario trasladarse al territorio británico, donde dos equipos con suma potencia para campeonar medían fuerzas. Imposible dejar de recordar que es el primer encuentro del torneo y a veces hay muchos nombres así como ideas guindadas en el aire. Pero no deja de ser la primera impresión, la cual nunca va a dejar de contar sea aplicable en cualquier rama de la vida. Este martes 18 es difícil irse con un mal sabor de boca. Fuera de las bajas o carencias claras en diversos funcionamientos, es difícil sentirse indiferente a la Copa de Europa.

Si el evento no fuese suficiente, tener al Estrella Roja devuelta a los sitios donde su grandeza  histórica corresponde y a su afición agradecida por el honor funcionan para que cualquiera deje atrás su escepticismo. Es un mundo que cada vez busca y busca más plata, pero esos detalles de familiaridad entre el humano y su club adorado compensan todos los demás males. Es por ello que el fútbol jamás dejará de ser el mejor opio para los pueblos, en cualquier latitud donde se encuentre, especialmente en Inglaterra. Habiendo jugado el último día de la campaña pasada, se cae de su peso que hubiesen preferido abrir esta nueva etapa con la condición de Campeón defensor y con recuerdos menos desagradables en la retina que los dejados por aquella noche en Kiev. Con el conjunto parisino como primer obstáculo en tan largo camino, había que  dar una impresión contundente con seguramente, mismo libro de ideas bajo el brazo.

Van Dijk y la cotidianidad 

Para que llegue un juego y los dirigidos por Klopp no salgan a presionar necesitaría de una combinación de situaciones extremas muy desafortunadas; la filosofía no cambia ni siquiera ante uno de los presumibles rivales más duros que se puedan encontrar en el camino. La precaución con Firmino necesitaba una variante que Sturridge asumió sin mayores complejos, algo muy raro de entender. Sin embargo, la mayor inquietud la planteó el estratega alemán manteniendo un centro del campo donde un Keita podría dar mejor reacción que los tres indiscutibles del período anterior, aunque la simple presencia de Milner merodeando por ese sector ofrece un abanico de soluciones tácticas para armar una salida de juego, así como para destruirla.

De salida el visitante tuvo que trabajar con el desequilibrio producido por la baja de Verratti. Dadas las condiciones de la posición, se hacía muy difícil que un jugador con las características de Marquinho pudiese brindar alguna solución; para defender a esas alturas del campo se necesita una visión más periférica y una mejor entrega del balón. Para poder compensar esto el que más oficio tuvo fue el '10', que pese a no responder con goles se le nota una progresión táctica para asumir esa clase de responsabilidades. Carente de ideas con la pelota, el único argumento claro para usar fue el balón al espacio para ver si Mbappé o Cavani tuviesen un momento de lucidez con la velocidad o la fuerza.

Si tratar de fabricar juego así ante un equipo que te castiga el dudar un pase segundos, es más difícil cuando Virgil van Dijk está sobre calificado para entender los pases y los movimientos dentro de su área chica. El marcador final terminó evidenciando la constancia de conceptos, no necesariamente correctos, con los que ambos equipos pretenden ser competitivos hasta el final en la competencia. Creer que el centro del campo es exclusivamente para transición de la pelota y recuperación de la misma, aún teniendo extremos y laterales que pueden hacer el recorrido, termina comprometiendo en el momento menos indicado a cualquiera, dando como resultado partidos de cinco goles. Estamos con la balanza por completo inclinada hacia esa verticalidad, pero de vez en cuando es importante saber cuando dar la pausa.

Foto: UEFA | Getty Images

Pegadas y momentos


Las noches en que se juega la Champions son únicas, distintas, mágicas. Pocos torneos como la Copa de Europa ofrecen aquella sensación de que absolutamente todo puede ocurrir en lapsos de tiempo demasiado breves, dando vueltas a marcadores o golpeando fuertemente las ideas de los estrategas por distintos motivos. En una de las finales más descafeinadas -muy a criterio personal- de los últimos años, el Real Madrid volvió a dar fe de toda esa experiencia que arropa a una plantilla acostumbrada a vivir cualquier escenario táctico adverso y solventar el mismo con relativa facilidad sin que los rivales tengan capacidad para reaccionar. 

Y es que es muy difícil derrotar a los merengues en estos tiempos. Sin importar lo desorientado o ''superado'' que pueda verse, la máquina de finales que ha formado Zidane siempre impone condiciones. Durante los primeros 20 minutos los ingleses supieron cerrar las líneas de pase entre Modric, Kroos e Isco gracias a la ya famosa alta presión que ejercen los tres pilares de Klopp; aunque anular por completo a los responsables de la producción de juego blanco diera como resultado una mayor preocupación por parte de los españoles en hacer repliegues mucho más coordinados, los espacios fueron siendo paulatinamente aprovechados por Benzema que sin la pelota generaba los movimientos necesarios para que poco a poco los suyos se metieran en partido y jugasen mucho más cerca del portero red.

Y finalmente todo se derrumbó con la lesión de Salah. El egipcio era el principal responsable de todas las ventajas ofensivas que llegaba a tener el Liverpool dentro de los últimos 20 metros del campo así como la referencia de pase tanto en la pared como en el balón a profundidad vital para un equipo que ha cosechado el éxito esta temporada con el contragolpe. Estamos de acuerdo todos en que ese hombro lesionado finiquitó las ilusiones inglesas de hacerse con el título, mucho más si el reemplazo se trató de un Adam Lallana que muy poco llegó a jugar durante la temporada y claramente no cumple con la misma función en el sistema del estratega alemán.

Estaba dicho todo. Ni siquiera con el empate se pudo romper la armonía que habían establecido dentro de la cancha, aprovechando entonces las facilidades que ofrecieron los costados de una defensa bastante solitaria cuando los de arriba perdían la posesión. La inclusión de Gareth Bale aportó mayor profundidad para terminar de rematar a un conjunto sin evidente plan B para responder al monarca del certamen; los goles sencillamente reiteraron ese momento del todo para uno y nada para el contrario, además de evidenciar la poca capacidad que tenía el arquero teutón para afrontar compromisos de semejante magnitud. No hay forma alguna de poder discutir a un equipo imbatible, sobre todo por el momento que vive.

Fuera de los goles


Di Francesco decía el martes en la conferencia de prensa que quería un equipo capaz de demostrar que creían posible una remontada de tal magnitud. Los asistentes al Olímpico en la fría noche de miércoles presenciarían un encuentro digno de tal temporal; helado desde la desesperanza hasta pasar por aquella sensación de erizarte la piel por casi vivir algo que parecía muy poco posible. Entendiendo que los Reds no saldrían a defenderse de misma deficiente manera del Barcelona en la ronda anterior, los de la capital italiana salieron con un frente de ataque de mayor presencia física que en la primera contienda; la inclusión de Patrick Schick respondía directamente a la necesidad por tener presencia sobre la salida del balón visitante, que más allá de ser un equipo que espera, en tres toques desde su área pueden terminar con una ocasión de gol.

Al no arriesgar los ingleses se hacía necesaria una ventolina de juego por parte de la Roma, pero más allá de las facilidades que encontró por el sector izquierdo la sociedad Kolarov-El Shaarawy y el buen Dzeko de esta temporada, los demás se veían con un completo manojo de nervios. Desde los pases gravemente equívocos de los mediocampistas, pasando por la poca relevancia del segundo delantero, hasta las osadas e infructuosas proyecciones ofensivas de los centrales fueron poniéndose losas muy pesadas como para realizar un nuevo milagro. El equipo quería, pero no se lo había creído. Lo más difícil de todo es mantener la cabeza fría cuando en media hora esa falta de confianza te ha castigado con dos tantos y sin poder recortar más distancias antes del complemento.


Lo más difícil de todo es mantener la cabeza fría cuando en media hora esa falta de confianza te ha castigado con dos tantos y sin poder recortar más distancias antes del complemento.

Fuera de las ausencias por sanción o lesión, constantemente el partido dio señales que se fue decantando por quien menos desconcentrado estuvo. El Liverpool salía con ventajas, pero fue muy claro que a la defensa en general, pero sobre todo a Alexander-Arnold que disputará una final de Copa de Europa con 19 años. Dudo que tuviese la misma sensación de estrés que tenía yo a esa edad preocupándome por las fechas de entrega en la universidad, pero el escaso recorrido de carrera le pasa factura en una cita donde en teoría no habría mucho por lo que preocuparse. La falta de físico del juvenil fue el punto donde mayormente se apoyó el ataque romanista para aspirar a la remontada, lo que termina empujando al técnico a terminar el encuentro jugando con tres centrales. 

Un solo gol alejó a los italianos de una segunda remontada de portada noticiosa, pero fuera del resultado que así fue, las sensaciones que deja la llave en general no dejan lugar a incertidumbre sobre quien realmente fue justo acreedor al boleto a la final en Kiev. El día anterior el Real Madrid también demostró eso; el fútbol se juega más que con la táctica y el físico, sino se trabaja de la forma adecuada jamás se puede ser realmente competitivo ante escuadras como las que se verán las caras dentro de varias semanas. 

Cuentas claras



Hay que cambiar un poco el discurso respecto a lo que aborrecemos de proyectos como el del PSG. No es que "a punta de plata" quieren sentar bases de nuevos conjuntos grandes, ya que ese es el activo más importante en el fútbol de hoy en día que de forma indiscriminada están utilizando todos en la famosa globalización. La bronca se origina en la inmediatez con la que buscan figurar, irrespetando aquel ideal de que con mucho esfuerzo y trabajo se pueden conseguir las cosas, creyendo que como muchas cosas en la vida, la felicidad se puede comprar. Así que, en resumidas cuentas, a todos nos genera molestia el multimillonario proyecto por querer estar de apurados. Gracias a la providencia que en los escenarios donde les ha tocado medir fuerzas con equipos grandes han dejado muy en evidencia las millas que les faltan por recorrer para adquirir esa grandeza que no se puede comprar.

Ni siquiera una de las versiones más dubitativas del conjunto blanco en varias temporadas se presentó como el escenario ideal para callar las bocas que tanto han venido despotricando desde que Al-Khelaifi es dueño de los capitalinos. Tras una ida que por el desarrollo pudo ser para los franceses pero que por detalles terminó con el triunfo blanco, la vuelta representaba, nuevamente, la noche más importante de la historia de este club. Sin Neymar, la idea de Emery fue similar a la del primer encuentro, solo que para este compromiso contaban con un medio campo de mejor capacidad defensiva debido al regreso de Thiago Motta en detrimento de Lo Celso, lo que daba la oportunidad, en principio, a Rabiot y Verratti de fijarse en otras tareas de desequilibrio. Frente, el Campeón defensor, que volvía al manejo de su táctica ganadora.

Zidane entendió que el 4-4-2 es la mejor formación que puede emplear el Real Madrid en los partidos bravos. Dos volantes como Asensio y Vázquez que desequilibren y hagan los regresos prudentes para asistir con las marcaciones, algo necesario entendiendo los laterales del rival. Una vez andando el partido, fue evidente que los pulilos del entrenador español llegaron con la psicosis de los detalles para este encuentro, ya que se mostraron cautos con la pérdida del balón y perdieron en la primera mitad muchos lapsos en los que de meterle la mínima verticalidad algún tipo de rédito se podía sacar, y ya cuando intentaron buscarlo, los centrales blancos solventaron cómodamente. Ni siquiera cuando la pareja Kovacic-Casemiro dejaba espacios para presionar a la gente de arriba mostraron decisión los parisinos; concentrarse en no perder la pelota al medio sector propició que la delantera se encontrase durante todo el encuentro sin gas e ideas para batir a Navas.

Y como en lo táctico fueron superados hasta por negligencia propia, para el lapso donde lo mental se convertía en la principal arma se vieron totalmente fuera de posibilidades. Hace mucho tiempo el Real Madrid entendió las claves de esta clase de partidos, a los que cada vez que enfrenta parte como amplio favorito sustentándolo dentro de la cancha. Por más vueltas que le den los jeques al banquillo o a la plantilla, el PSG deberá vivir mucho tiempo la amargura para entender cómo se juega en la Champions y que se necesita para contrarrestarlo. Dejó en evidencia nuevamente que no es el gran equipo cual presumen ser, así de sencillo.

La noche del Fútbol Total


El 31 de mayo de 1972 el Feijenoord Stadion (De Kuip), mundialmente reconocido por ser casa del Feyenoord Rotterdam de la Eredivisie, albergaría con mucho orgullo la Final de la Copa de Europa de la temporada 1971/72. Para el infortunio de los seguidores del club que albergaría la final, el más acérrimo rival de su equipo llegaría a la final: el Ajax. Pero igualmente, para fortuna de todo el que tuvo la oportunidad de estar aquella noche en Róterdam, les esperaría una de las mejores finales de la historia de la Copa de Europa.

El camino para ambas escuadras de camino a la Final en Róterdam no fue nada fácil, tomando en cuenta las semifinales Celtic-Inter y Benfica-Ajax, las cuales costaron muchísimo para los posteriores finalistas. Puntualmente, en la primera semifinal, el finalista se pudo conocer luego de unos fatídicos tiempos extra, los cuales dejaron al conjunto italiano en la final luego de una intensa tanda de penales en Glasgow. Del otro lado, el Ajax tendría una complicada llave semifinal ante el Benfica del inmortal Eusébio, la cual ganarían gracias a un solitario gol de cabeza de Swart en el primer partido.

Sólo cuatro jugadores que habían comenzado la final de 1967, Burgnich, Facchetti, Bedin y Mazzola estaban en la alineación contra el Ajax, pero su estilo de juego era muy familiar. Bajo la dirección del entrenador Giovanni Invernizzi, el Inter decidió que su mejor esperanza de la victoria vino de la defensa en los números hasta los últimos veinte minutos cuando iban a lanzar una ofensiva final por la victoria. Todo el Ajax tenía que hacer era asegurarse de que llegaron por delante antes de ese punto en el juego. 

En el descanso en Rotterdam, parecía como si las tácticas italianas podrían prevalecer. Inter se había sentado de nuevo con sólo Boninsegna por adelantado y permitirse ser atacardos por el Ajax. Los titulares debían correr y presionar, pero habían sido incapaces de encontrar una salida. Facchetti, bajo presión, se había perdido el balón en su propio puesto, a veinte yardas el disparo de Krol golpeó en el poste, mientras que un gol de Swart a diez minutos del descanso fue anulado por empujar a un contrario. Pero aún así la defensa del Inter se mantuvo fuerte y el juego se mantuvo sin goles. El plan de los italianos parecía estar funcionando.

A tan sólo dos minutos de haber iniciado la segunda mitad, el marcador se rompió finalmente . Los zagueros del Ajax habían ido cada vez hacia adelante y ponían centros en el área durante todo el partido, y esta vez fue Suurbier quien envió un balón en profundidad hacia la meta. Esta vez, el portero del Inter Bordon chocó con su propia defensa Burgnich a su paso por la pelota. Por desgracia para el joven portero el balón cayó a Johan Cruyff quien cumplió al instante y le acarició la pelota en el arco vacío para dar al Ajax el liderato que merecían. 

El Inter se vio obligado a ser más ofensivo, y Stuy en la portería del Ajax se vio obligado a detener un disparo de Boninsegna, pero el juego fue sentenciado a los 77 minutos cuando Cruyff de cabeza dirigió al fondo de las redes un tiro libre de Keizer, poniendo el partido 2-0.

Al igual que cinco años antes, la derrota del Inter en la final de la Copa de Europa fue comentada en toda Europa. Los periódicos de todo el continente celebran el hecho de que catenaccio había sido golpeado por el fútbol total. Según The Times: ''Ajax demostró que el ataque creativo es el alma real del juego, puede ser más listo y más hábil que la defensa férrea, y al hacerlo hizo que los contornos de la noche se hicieran un poco más nítidas y las sombras un poco más brillantes''. 

El sistema interista quedó socavado. Fútbol defensivo es destruido.

En Holanda De Telegraaf realizó un especial de nueve páginas del juego con palabras como superestrellas y triunfo liberalmente salpicando a través de sus titulares, mientras que Algemeen Dagblad tituló: ''El sistema interista quedó socavado. Fútbol defensivo es destruido''.

Y así, el rumano Stefan Kovacs y sus dirigidos se hicieron ganadores de la segunda Copa de Europa consecutiva para el equipo de Ámsterdam, en Róterdam y frente a un equipo con un estilo totalmente diferente al Fútbol Total, sí Total Ironía también.

Ficha técnica del encuentro:

XI del Ajax (4-3-3): Heinz Stuy; Wim Suurbier, Bernardus Hulshoff, Horst Blankenburg, Ruud Krol; Johan Neeskens, Arie Haan, Gerardus D Mühren; Sjaak Swart, Johan Cruyff, Piet Keizer (C).

XI del Inter (4-4-2): Ivano Bordon; Mauro Bellugi, Tarcisio Burgnich, Mario Giubertoni (20′), Giacinto Facchetti; Gianfranco Bedin, Gabriele Oriali, Sandro Mazzola (C), Mario Frustalupi; Jair Da Costa (59′), Roberto Boninsegna.

Sustituciones del Inter: Mario Bertini (20′) y Sergio Domenicacci (59′).

Goles: Johan Cruyff (47′ y 76′).

Central del encuentro: Robert Helies (FRA).

[Este artículo fue originalmente publicado en Fútbol Antiguo]
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