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Fútbol en la Tarde: Panamá clasifica al Mundial 2026 y repasamos todo lo sucedido tras el último parón de selecciones de este año

Ya está disponible un nuevo episodio de Fútbol en la Tarde y no te lo puedes perder. Esta semana venimos cargados de emociones, análisis y, sobre todo, orgullo panameño. Panamá ha logrado su segunda clasificación en la historia a una fase final de la Copa del Mundo, un logro histórico que llegó tras la victoria frente a El Salvador y, sí, también gracias al favor de Guatemala. En el episodio repasamos cómo se vivió esta última jornada, quiénes son los clasificados directos al Mundial 2026 y qué podemos esperar del repechaje de marzo, donde aún quedan historias por escribirse.

Pero eso es solo el comienzo. Nos vamos a Europa para repasar todo lo sucedido en una Premier League que dejó sorpresas importantes. El Arsenal sigue firme al frente de la tabla, más líder que nunca, en una jornada marcada por el espectáculo individual de Eze ante el Tottenham y por las derrotas del Manchester City y el Liverpool, que aprietan aún más la pelea por la cima.

En Italia, la Serie A vive un escenario vibrante: la Roma toma el liderato en solitario, el Milan se quedó con el derbi ante el Inter y el Napoli sacó tres puntos ante el Atalanta en el debut de su nuevo técnico. El campeonato sigue ofreciendo giros inesperados cada semana.

Cerramos con España, donde el Barcelona recorta distancia al Real Madrid, que no pudo pasar del empate en su visita al Elche. Las dudas comienzan a rodear la gestión de Xabi Alonso y analizamos qué está pasando con el club blanco. Y, para completar el menú, te traemos toda la previa de la quinta jornada de la fase liga de la Champions League.

Escucha este episodio ya en Spotify y Apple Podcasts. Te esperamos.

Fútbol en la Tarde: La Champions, las ligas y Panamá al rojo vivo

En esta edición de Fútbol en la Tarde repasamos todo lo que dejó la cuarta jornada de la fase liga de la Champions League, una fecha con menos goles que la anterior, pero con partidos cargados de emoción y drama europeo. Hablamos del Liverpool, que logró una gran victoria sobre el Real Madrid en Anfield; del Bayern Múnich, que volvió a demostrar su poder al vencer al PSG en París; y del auténtico espectáculo que se vivió entre Brujas y Barcelona, un duelo que tuvo de todo: errores, golazos y emoción hasta el final.

Saltamos a las ligas domésticas, donde la Serie A sigue siendo una montaña rusa. Cada jornada nos deja un nuevo líder y la pelea por la cima se pone más apasionante que nunca. En la Premier League, el Manchester City destrozó al Liverpool con una actuación que lo acerca cada vez más al primer puesto, aprovechando el tropiezo del Arsenal. Mientras tanto, en LaLiga, el Real Madrid no pudo pasar del empate ante el Rayo Vallecano y el Barcelona volvió a dejar dudas defensivas pese a un duelo entretenido ante el Celta.

Y cerramos mirando al futuro: se viene la última fecha FIFA del año, con una selección panameña que está a un paso de hacer historia rumbo al Mundial.

Un episodio cargado de análisis, emoción y contexto futbolero. Dale play y acompáñanos en esta nueva conversación sobre lo que más nos apasiona.

Disponible ya en Spotify y Apple Podcasts. Fútbol en la Tarde, el podcast donde el juego nunca se detiene.

Revive una de las mayores gestas del fútbol panameño

Ya está disponible en nuestro canal de YouTube el nuevo video: ''La SORPRENDENTE COPA ORO 2005 de PANAMÁ'', un viaje directo a uno de los momentos más inolvidables en la historia de la selección nacional.

La Copa Oro 2005 marcó un antes y un después para Panamá. Contra todo pronóstico, un equipo que no partía entre los favoritos logró abrirse paso entre gigantes de la región hasta alcanzar la gran final. Fue un torneo lleno de carácter, disciplina y convicción, donde cada partido se jugó con el corazón en la mano y la ilusión intacta.

En este video repasamos paso a paso aquella hazaña liderada por José “Cheché” Hernández, un grupo que entendió perfectamente cómo competir en escenarios adversos y que terminó conquistando el respeto de todo el continente. Desde la fase de grupos hasta los duelos decisivos, recordamos los momentos clave, los partidos más intensos y las figuras que se convirtieron en protagonistas de una historia que todavía emociona.

¿Recuerdas dónde estabas cuando Panamá avanzaba ronda tras ronda? ¿Aquel sentimiento de sorpresa que se transformó en orgullo? Este contenido está pensado para volver a vivir esas sensaciones, pero también para que nuevas generaciones entiendan por qué ese equipo dejó una huella tan profunda en el fútbol nacional.

Más que resultados, fue una demostración de identidad. Un equipo que no se rindió, que creyó hasta el final y que puso a Panamá en el mapa futbolístico de la región.

Panamá y las claves de un fracaso no admitido

Panamá cayó eliminada demasiado temprano de la Copa Oro 2025. Luego del subcampeonato conseguido dos años atrás y la actuación en la Nations League del pasado marzo, las expectativas de cara a esta edición eran muy altas de forma correctamente fundamentadas. Y es justo por esta razón, que el golpe del adiós fue más duro de asimilar.

La caída fue ante la selección de Honduras en cuartos de final. Aunque sentarse a analizar de manera puntual un compromiso donde el guardameta Menjívar tuvo un desempeño superlativo y fue el punto de inflexión claramente determinante, es más sensato reflexionar sobre la presentación panameña en el certamen de manera más global porque nos brinda un panorama más certero de los problemas de cara a futuro.

Brillante placebo

La suerte ubicó a los pupilos de Christiansen en un sector junto a Guadalupe, Guatemala y Jamaica, donde claramente el favoritismo era para los finalistas y se terminó cumpliendo. Tres victorias en tres partidos disputados dejaban bastante en claro la condición de Panamá como hueso duro de roer en el torneo y con argumentos necesarios para volver a discutirle el favoritismo a los futuros anfitriones del Mundial.

Pero... ¿era realmente así? Sin demeritar de ninguna manera la holgura con la que se ganaron los partidos iniciales del torneo, seguramente el mayor pecado (por lo menos referente a la percepción del público general) fue no dimensionar como se debieron los rivales de arranque. En primer lugar estuvo una Guadalupe que más allá de hacer dos goles dejó bastante en evidencia su bajo nivel individual y colectivo por la facilidad con la que algunas asociaciones panameñas hicieron más daño del que debía.

La solvencia para castigar a un rival que era más lento al momento de hacer transiciones de juego era un escándalo, pero luego al querer replegarse y dar la iniciativa al contrario se terminó por complicarse el plan de juego de forma innecesaria.

El segundo juego fue ante una Guatemala que terminó erigiéndose como una de las grandes sorpresas del torneo pero a la cual se le terminó ganando. Una victoria por la mínima que, justo como pasaría con Honduras, dio dos imágenes muy distintas de Panamá; la solvencia para castigar a un rival que era más lento al momento de hacer transiciones de juego era un escándalo, pero luego al querer replegarse y dar la iniciativa al contrario se terminó por complicarse el plan de juego de forma innecesaria. Pero bueno, victoria al fin.

Hay que decir que el examen de Jamaica estuvo completamente desvirtuado. Si bien es cierto en el papel los Reggae Boys eran los rivales más complicados previo al arranque de la competencia, la imagen que dieron los pupilos de Steve McLaren fue triste. Dio la sensación que no había nadie al volante en una plantilla que cuenta con futbolistas de primer nivel y que bastó una ráfaga de Ismael Díaz para dejarlos totalmente fuera de batalla.

Carrasquilla y la falta de gol

Panamá avanzaba con marca perfecta y las cosas no podían ir mejor. Más allá de que en el partido ante los chapines se le vieron las costuras al equipo en el repliegue, lo importante es que se había ganado y no había forma que el equipo fuese detenido... o esa era la teoría de todos.

Seguramente los resultados iniciales imposibilitaron que se hablase de un tema sensible con respecto a la convocatoria de Panamá: las bajas. De por sí la lesión de larga data de Bárcenas ha sido un gran inconveniente para el plan de juego del estratega nacional, no contar con Carrasquilla que indiscutiblemente es un puesto irremplazable en el once panameño era un golpe muy fuerte para la estructura.

Ante este escenario no cabe la menor duda que Christiansen movió las fichas para plantear soluciones interesantes. El Fulo Martínez asumió el rol de creador de juego, más adelantado a lo que habitualmente juega en la selección panameña con resultados muy satisfactorios por el buen pie que tiene el mediocampista que juega en el fútbol israelí. Una urgencia cubierta con otro futbolista del once titular, pero que dejaba otra posición importante expuesta. La respuesta del entrenador fue poner a un central como (Escobar y principalmente Harvey) contención; siendo dos jugadores a los que el salir jugando con balón dominado no se les atraganta pudieron fungir como líberos en esa posición.

Bajas sensibles, pero que también ponen en perspectiva que no hay una garantía frente al arco rival como en otrora supieron ser los Blas Pérez, Dely Valdés o Tejada.

Por muy bien que suene esto, ninguno de los dos tiene la claridad para ocupar en todo momento la posición que si no se controla bien deja completamente expuesto al equipo en transición... justo lo que terminó castigando a Panamá. Aunque decir que esto fue el principal talón de Aquiles del combinado nacional sería demasiado injusto, sobre todo cuando las sensaciones de fallo vinieron de más arriba.

Y sí, la delantera una vez más. Pese a que Guerrero y Tomás Rodríguez aportaron con goles a la causa junto a los grandes momentos de lucidez de Ismael Díaz (que terminó como máximo goleador del torneo), no se puede olvidar el hecho que los primeros referentes de área para Panamá son Fajardo y Waterman que no pudieron estar por lesión. Bajas sensibles, pero que también ponen en perspectiva que no hay una garantía frente al arco rival como en otrora supieron ser los Blas Pérez, Dely Valdés o Tejada QEPD. Detalle no menor ya que en el último partido de la participación panameña la dinámica del partido se puso cuesta arriba la no ser capaces de cerrar antes el encuentro.

Meter el dedo en la llaga definitivamente no es sano para nadie y menos en una sociedad que se ha vuelto adicta a la dopamina que brindan los triunfos, pero se hace necesario señalar las carencias que hubo pensando en el principal objetivo que es clasificar al Mundial... faltando poco menos de dos meses para empezar a definir cosas.

Un fracaso en todo el sentido de la palabra la participación de Panamá en esta Copa Oro. Más allá de la frustración por no ser capaces de haber competido más, uno de los principales sinsabores llega porque seguramente esta era la última oportunidad de figurar alto en un torneo con este cuerpo técnico que ha dado indiscutiblemente un salto de calidad.

Fútbol en la Tarde: Lo mejor del parón de selecciones

El primer parón de selecciones del año nos dejó un sinfín de emociones y, en el nuevo episodio de Fútbol en la Tarde, analizamos todo lo que ocurrió en las distintas competiciones internacionales.

Nations League de la UEFA: Ya conocemos a los cuatro equipos que disputarán las semifinales en junio. ¿Quiénes son los favoritos?

Eliminatorias Sudamericanas: La clasificación al Mundial 2026 sigue al rojo vivo y la jornada 14 del próximo martes 25 de marzo podría ser clave. ¿Qué selecciones tienen más en juego?

Nations League de la Concacaf: México se coronó campeón tras vencer a Panamá en una final donde la selección canalera mostró su potencial, pero también sus debilidades en momentos decisivos.

Todo esto y mucho más lo debatimos en este episodio cargado de análisis, debate y opinión. No te pierdas nuestro repaso completo de los torneos más importantes del fútbol de selecciones.

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Inter Miami jugará en Panamá en su pretemporada 2025

Inter Miami ha anunciado su calendario completo para la pretemporada 2025, titulada “The Americas Preseason Tour”. El equipo liderado por Lionel Messi se enfrentará a cinco rivales en diferentes países de América del Norte, Central y del Sur, en preparación para una temporada histórica, que incluye su participación en el Mundial de Clubes de la FIFA, la Copa de Campeones de Concacaf, la Leagues Cup y la Major League Soccer.

La gira comenzará el 18 de enero en Las Vegas, Nevada, donde Inter Miami se medirá al Club América, tricampeón de la Liga MX, en el Allegiant Stadium. El equipo luego viajará a Lima, Perú, para enfrentar al Club Universitario de Deportes, bicampeón de la Primera División peruana, en el Estadio Monumental el 29 de enero.

Posteriormente, el club hará escala en Panamá el 2 de febrero para enfrentarse a Sporting San Miguelito en el Estadio Rommel Fernández. El tour continuará en Honduras el 8 de febrero, donde se medirán al Club Deportivo Olimpia, uno de los equipos más laureados de la región, en el Estadio Olímpico Metropolitano de San Pedro Sula.

La gira concluirá el 14 de febrero con un duelo contra su rival estatal Orlando City SC en el Raymond James Stadium en Tampa, Florida.

El presidente de operaciones de fútbol, Raúl Sanllehí, destacó la importancia de estos partidos para preparar al equipo de cara a los retos de 2025. Además, esta gira será una oportunidad única para que miles de aficionados en América disfruten de Lionel Messi y sus compañeros de equipo, como Luis Suárez, Sergio Busquets y Jordi Alba, en acción.

Próximamente se anunciarán los detalles sobre la venta de entradas para estos emocionantes encuentros, que prometen ser una fiesta futbolística en el continente.

Debut bipolar ante Uruguay

Ocho años después Panamá ha tenido la oportunidad de volver a disputar la Copa América. Nuevamente en Estados Unidos, la selección tenía la clara misión -una vez conocido el sorteo de grupos- de competir y dar buenas sensaciones para demostrarle al continente que el crecimiento visto en el último tiempo no es casualidad. Claro, no era una tarea sencilla cuando en el debut tocaba un rival de la altura de Uruguay que llegaba al torneo como un candidato fuerte.

Más allá de la mejoría que se vivió durante la Copa Oro del año pasado, dudas se presentaban sobre el combinado nacional tras un muy flojo mes de marzo y los flojos desempeños ante los equipos caribeños en el arranque de las eliminatorias rumbo a la Copa del Mundo 2026, pero después de este primer partido de fase de grupos han quedado sensaciones mixtas.

Darwin y un día en la oficina

El libreto de Christiansen era muy claro para el arranque del partido: una línea de cinco en el fondo para contener el vértigo uruguayo y, de existir la posibilidad, castigar con la velocidad que se pudiera imprimir por los costados. No sería acertado decir que Panamá planteó un juego de replegarse por completo ante la posible superioridad charrúa, ya que ante la baja de Godoy no se puso a un jugador en ese puesto con las mismas responsabilidades, sino que se contó con el Fulo Martínez para tener mucho más toque.

Sea como sea, Uruguay sentó la bases de una superioridad marcada durante el primer tiempo con el primer gol. Tras una jugada por la izquierda, Maxi Araújo tuvo el tiempo y el espacio para definir desde fuera del área, colocando el balón casi en el ángulo para que Mosquera no tuviese ningún tipo de posibilidad de llegar. El momentum del partido se fue inclinando rápidamente hacia la posibilidad de que la ventaja obtenida por los pulilos de Bielsa se pudiera aumentar. 

Panamá se veía superada y agobiada, presentando claros problemas en salida con la presión alta que ponía sobre todo Darwin Núñez. El delantero del Liverpool tuvo la posibilidad de ampliar la ventaja para los sudamericanos en más de tres ocasiones, pero se enfrentó a una buena presentación del Kuty en portería y, hay que decirlo, con una habitual presentación del actual nueve de los Reds, donde ante situaciones de gol no supo resolver de la manera más adecuada para terminar celebrando. Terminaba el primer tiempo con una ventaja mínima, con la sensación de que podía ser mucho peor.

Responder a la altura de las circunstancias

Daba la sensación que las cosas empeorarían antes que mejorar para Panamá, pero sorpresivamente -para lo que veíamos- hubo un contrapeso por parte del combinado nacional. Se aprendieron de los errores en la primera mitad y en lugar de encerrarse mucho más, se planteó una atrevida pero efectiva respuesta al aplicar la misma calidad de presión en la salida ante los defensores uruguayos. Los primeros 20 minutos del segundo tiempo claramente se puso en jaque la ventaja que el conjunto charrúa había conseguido.

Pese a que no había en la medular panameña ningún futbolista de contacto, sino de más pase fino, ese trabajo de Carrasquilla y Martínez estaba rindiendo frutos con creces. Raro y cuestionable fue el cambio que el seleccionador hizo al 65' con la salida del Fulo, que estaba haciendo un partido indiscutiblemente notable para el ingreso de Jovani Welch. Este cambio fue el punto de inflexión para que Panamá perdiese la intensidad con la que se aproximó a la portería de Rochet.

Raro y cuestionable fue el cambio que el seleccionador hizo al 65' con la salida de Martínez, que estaba haciendo un partido indiscutiblemente notable

Ocasiones claras y no tan claras que Fajardo no pudo concretar, volvían los uruguayos a tomar las riendas del encuentro a partir de los últimos 25 minutos del partido. Faltando cuatro minutos para el cierre del encuentro, Uruguay aumentó la ventaja en el marcador tras haberse desentendido la defensa de las marcas en el balón parado que propició el gol y en esa caída emocional concretaron el tercer gol. Por fortuna Murillo sacó de su zurda un gran remate para que los nuestros no se fueran en blando en el marcador, pero el resultado ya estaba definido de hacía mucho.

La presentación ante el rival de mayor jerarquía del grupo no fue la catástrofe que muchos esperaban, sino que todo lo contrario. De dominados a dominadores por lapsos del encuentro, no cabe la menor duda que nuestro debut en Copa América fue algo bipolar. 

El triángulo de la decepción


Como el fútbol es una permanente amalgama de ironías, ha tocado tragarme todas las displicencias de Bermudas tanto en nuestro espacio radial como en el texto anterior a este. Atónitos quedamos todos los presentes en el Rommel Fernández ante la debacle del seleccionado nacional panameño a manos del combinado caribeño que, por más limitado que indiscutiblemente sea, supo replantear su estrategia dado lo sufrido en el partido del jueves y con la claridad mínimamente necesaria imponer condiciones como visitante. Resultado que de por sí ya resulta muy incómodo la premisa que en general envuelve esta derrota, con mucha cabeza fría se puede deducir que tampoco precisaron de mucho para lograr el objetivo, solo velocidad y orden.

Luego de recibir cuatro goles el pasado jueves, Bermudas se mostró mucho más estable en el sector defensivo, protegiendo la pelota en alturas de la cancha mucho mayores a lo poco hecho en propio feudo. Corregir, algo que dejó de hacer su rival. Si bien es cierto el combinado panameño presionó para que el partido se disputase casi en su totalidad el área del adversario, su intención de querer generar peligro mediante paredes en espacios reducidos se vio diezmada dada la distancia existente entre los protagonistas del centro del campo; Botello recuperaba o se asociaba con la defensa y cuando levantaba miradas Carrasquilla estaba muy pegado a la banda como los volantes panameños. Aunque esto fue corregido en el complemento del encuentro, dificultó más de lo que se hubiese querido.

Tanta era la distancia entre quienes estaban llamados a gestar ese fútbol a ras de suelo que tanto Bárcenas, Quintero y hasta Gaby Torres tenían que retrasar sus posiciones para poder entrar en contacto con la pelota, ya que el recurso de los cambios largos de juego tampoco terminaron de ser funcionales dada la escasa claridad de esos pases y los controles, pero principalmente del primer inciso. Fallos reiterativos que se pueden aunar con las muy flojas participaciones tanto de la defensa (toda la línea de cuatro) como del delantero que debía ser ancla -Rolando Blackburn- para quienes venían por detrás. Una combinación perfecta de errores garrafales que han terminado por costar no solo la derrota, sino el hecho de perder en casa ante un equipo que en el papel no debe representar este tipo de inconveniente.

Siempre existe esa premisa que la pelota es redonda y para cualquier lado puede favorecer, sin embargo hay situaciones que sencillamente no se pueden dar, no por prestigio, sino por pretensiones. Salir derrotado de tu propio feudo ante un equipo del Caribe tras poco más de un año de haber estado en una Copa del Mundo es inadmisible, ya que llegar a la cita mundialista representa un salto de calidad que se ha dado y 'supuestamente' debe mantenerse dado el crecimiento del país. Pero las cosas han sido más que distintas luego de nuestro verano ruso; a lo mejor todo fue un golpe de suerte y no se está donde pensamos, acrecentando el triángulo de la decepción, que irónicamente Bermudas le ha puesto la cereza del pastel.

Sin perderse


Hace algunas semanas atrás tuvimos la oportunidad de presenciar la presentación de Américo Gallego como seleccionador de Panamá. En las palabras del técnico se dejaba a entrever, a criterio de este servidor, muy claro que las referencias existentes del fútbol panameño eran pocas y las que se tenían eran de un periodo de tiempo bastante reciente; esto no debe interpretarse como una acotación mala para o algo por el estilo, en realidad es bastante comprensible asumiendo el contexto: casi cinco años sin entrenar y claro, la poca relevancia que presenta para el cono sur del continente el fútbol de Concacaf. De igual podríamos decir que era positiva esa desinformación, ya que la misión puntual del nuevo seleccionador consiste en rearmar la plantilla.

Sensaciones encontradas se daban con que la primera prueba fuese la selección de Bermudas. Positivas porque si necesitas resultados inmediatos sin haber podido contar con el tiempo suficiente de trabajo, en definitiva el cuadro caribeño es el oponente ideal. La otra cara de la moneda reside en el nivel de coherencia con el que se pudiese sacar, ya que las emociones -como suele pasar en estos lares- se desbordan en una avalancha de triunfalismo que en lo absoluto aporta a la valoración del compromiso. Cuestión de saber o querer interpretar las cosas en su justa dimensión.

Juego en suelo caribeño y el Tolo salió con un 4-4-2 con tendencia a variar en un 4-2-3-1 dado que uno de los delanteros estaba llamado a hacer movimientos sin balón necesarios para que se gestaran mejores incorporaciones de los jugadores que llegaban por los costados, siendo este el caso de Gaby Torres. Fuera de la sorpresa que representaba la titularidad de Botello en el medio sector, llamó bastante la atención esa decisión de incluir a Fidel Escobar en la medular; aunque a muchos -incluyéndome- gustaría la idea de tenerle más en una posición más retrasada del campo, es muy evidente que el estratega argentino quiere sacarle jugo a la buena capacidad de distribución que tiene Fidel.

¿Por qué nos gustaría ver a Escobar en defensa? Justo por los motivos que nos dio la forma en que se desenvolvió Bermudas en fase ofensiva. Panamá sufrió con la verticalidad del local más veces de lo que nos gustaría admitir, propiciado esencialmente por clásicas falencias que se generan por la naturaleza de juego de nuestros laterales, los cuales acostumbran adelantar demasiado las líneas (Murillo principalmente) y descompensan el retroceso del equipo. Estábamos siendo claramente castigados por la velocidad de unos extremos con buen oficio, pero muchas veces de pésima ejecución. Quién sabe, algo más de criterio a la hora de asociarse en el último tercio de la cancha y a lo mejor las sensaciones post partido eran otra historia muy distinta.

Las facilidades que paulatinamente se iban desnudando con el pasar de los minutos se fueron uniendo con la correcta lectura del partido de algunos nombres como Alberto Quintero, figurando con dos asistencias y un amplio dominio de su parcela, pudiendo controlar un espacio importante como volante de llegada bastante dispuesto a hacer coberturas en el centro del campo. Bermudas no pudo mantener su estructura luego del gol que rompía el empate y todo en pos fue naufragio para ellos. Este domingo la revancha es en el Rommel Fernández y se ve muy complicado un accionar distinto; caer dentro del Triángulo de las Bermudas finalmente no ha representado un examen imposible para los pupilos de Gallego, o al menos por ahora.

Promesas del norte


Hace unos días conmemorábamos aquel remate en el suelo de Felipe Baloy para convertir el único gol en la goleada ante los ingleses, pero con la relevancia de levantar a todo un país porque jamás se había visto algo de esa magnitud. Muchos afirman que hay actitudes que ponderan la mediocridad colectiva, pero creo que recriminar aquella mañana de domingo sería un acto sacrílego sin tener que hablar como panameño, sino como amante del fútbol y de todo aquello que representa. Hoy, a poco más de un año de aquel éxtasis llamado Mundial vivir el presente se asume con expectativa, sea de la forma que sea.

La Copa Oro este año nos ha dado muchísimo en qué pensar sobre la zona Caribe, Norte y Centro América, pero muy cruel resulta valorarlo peyorativamente al usarse en comparación otras latitudes donde ciertamente la pelota se juega a mayor nivel gracias a factores que pasan por lo cultural o económico. Aunque a todos les fascinaría ver partidos con nivel Champions League todos los días, la tarea es bastante complicada, sobre todo en partidos de selecciones nacionales. Esta es la realidad de la zona y tampoco se han hecho méritos suficientes como para creer que el combinado nacional ande sobrado.

Panamá está lejos de ser la mejor selección del área, a varios peldaños de distancia. Entonces hay que saber hacer el enfoque desde los precisos niveles. Sin embargo, la magia de los torneos cortos es que cualquier cosa puede suceder, sino pregúntenle a los participantes de Copa América. Competir hasta el final representaba una de las mínimas obligaciones para un equipo recientemente mundialista, sabiendo lo que eso significa no solamente para el área sino para la perspectiva internacional que ahora no les parecen tan exóticos los enfrentamientos ante los nuestros. La derrota ante Jamaica nos hace tener esa desagradable sensación provocada por la hiel del fracaso que se pudo evitar, o por lo menos, que se pudo haber hecho mucho más por evitarlo.

Fidel Escobar aporta confianza al centro del campo con su capacidad defensiva y su buen toque para cambios de juego
A Julio le tocaba presentarse apuntando a una idea de juego bastante clara pero, por supuesto, con la premisa de que se estaban probando las cosas de cara a las eliminatorias. Con aciertos y fallos terminó por hacerlo. El técnico interino de la selección panameña demostró su postura de juego; un 4-4-2 bien marcado en la cancha, con dos futbolistas en el centro del campo para leer mejor las rupturas del juego rival y salir a toda velocidad con los carrileros acompañados por la verticalidad de sus laterales. Después de entenderlo, aprovechar el contexto, siempre. A esa idea se le ha sumado de forma muy buena la presencia de Fidel Escobar en el centro del campo, ya que si apoyar en las coberturas o meterse como tercer central no hubiese sido suficiente, además de circular bien a ras de suelo tuvo constancia al momento de buscar los cambios largos de juego. 

El problema sigue siendo la falta de gol. Hacemos breve memoria y los goles más importantes de Panamá han sido defensores. Hay material para trabajar los oficios tácticos que propone el entrenador con dos delanteros, un para ser el clásico pivote y el otro que arranca las jugadas fuera del área; el problema sigue siendo la urgente necesidad de convertir las ocasiones que se logran generar. Al no tener un creador o un ‘10’ y muchas veces meterse en el juego como la escuadra a defenderse exige una mayor capacidad de definición, mucho mayor a la que se tiene. Los volantes/extremos tienen mucha profundidad y capacidad -a notables revoluciones más arriba Bárcenas y Browne- de llegar hasta la línea de fondo con remate al arco incluido, pero sin un delantero con mayores virtudes resolutorias se convierte en argumento hueco. Al final del día, aunque duela entenderlo todo, no se puede borrar de la conciencia el malestar.

Parte elemental del fútbol es que uno gana y el otro pierde. Así no más. Toca dar vuelta a la página esperando primero que todo se defina el futuro del banquillo porque de nada sirve dar conclusiones ahora si nada va a ser medianamente similar. Buscar otro técnico a estas alturas pensando en los pocos días de preparación que queden para siguientes partidos oficiales será escaso, reafirmaría ese pensamiento general de que en Panamá somos expertos intentando emparchar cosas. Puede causar molestias el final de nuestro paso por la Copa, pero no podemos olvidar las lecciones que los días en el norte nos han ofrecido.

Responder con carácter


Lo que más me fascina de los mundiales de categorías inferiores es que son una vívida muestra de cómo evoluciona la vida. A todos aquellos que hoy vemos ganando millones de dólares y jugando todos los fines de semana ante 40/50mil personas también fueron jóvenes. Esa ilusión y energía que en los primeros años de existencia servían principalmente para reventar la paciencia de nuestros padres, en circunstancias específicas debe canalizarse para conseguir algún capricho, ideal u objetivo específico. Ejemplo claro de ello puede ser el representar a tu país en la búsqueda de una ilusión que a corto/mediano plazo puede ser un plus para tu vida. 

Y he ahí la magia de los mundiales en esta categoría. No hay vitrina más grande para disfrutar de toda la inocencia mezclada con la juventud y más que nada cuando los jugadores entienden que a veces hay que poner algo más, algo diferente. Con esa consigna fue la que Panamá y todo su plantel encaró el Mundial de Polonia; la sexta participación en este certamen debía venir con cambios, puesto que por muy satisfactorio que resultase ser el mero clasificar era imprescindible competir. Con esa presión por decir histórica y el adicional que significaba tener a Francia, Malí y Arabia Saudita en tu grupo, estos dos últimos campeones de sus respectivos continentes, no parecía muy sencillo para los dirigidos por Jorge Dely.

Pese a todo -incluyendo la idiosincrasia del futbolista panameño-, las imágenes que dejó este proyecto en el premundial disputado meses atrás vaticinaban un afronte distinto de cara a la cita. Por primera vez en muchísimo tiempo el combinado nacional de esta categoría demostraba temple; además de la inteligencia para jugar en espacios, finalmente se logró encontrar la manera que el jugador, con o sin pelota, pudiera sobrellevar al reloj y los momentos posteriores a jugadas de gol contrario. La tarea de plasmar los conceptos desde la pizarra a la cancha ha sido mucho más sencilla para el entrenador gracias a contar con unidades capacitadas y con todas las condiciones para mejorar de forma exponencial si se les da el seguimiento adecuado como la pareja de medios Walker y Griffith.

Desde el día uno del Mundial fueron claras las sensaciones de confianza que este equipo sintió. Ante Malí y Francia el equipo se supo inferior desde antes arrancar respectivos duelos, pero en base a ello procuró mantener el juego en una zona conveniente, inclusive en acciones defensivas. Ejemplo claro de ello fue mantener al máximo del tiempo el juego por debajo; aunque técnicamente el rival fuese más era más sencillo trabajar la recuperación que irse por arriba contra oponentes considerablemente altos. Sufrió mucho esto una línea de ataque hábil en la conducción a espacios reducidos y habilitando fútbol por los costados pero sin estatura, añadiéndole el hecho que las mejores acciones ofensivas venían por cambios muy bien entregados por el lateral derecho Rodríguez.

El talón de Aquiles no pudo ser otro más que los errores puntuales. Malas distribuciones, recorridos incompletos y hasta las clásicas malas entregas del balón en los primeros 25 metros de la cancha supusieron el fin del periplo en tierras polacas. Ciertamente quedó la sensación de excesivo conformismo en el último partido, donde en lugar de competir se asumió la inferioridad que se tendría ante el conjunto ucraniano muy fuerte. Quedan esa clase de sensaciones, pero ahondar esa llaga no parece prudente entendiendo las formas y las realidades; Panamá cumplió con el objetivo trazado demostrando cabeza, algo que no se ve de forma habitual en cualquier categoría.

Lecciones de Oriente


Si me decías hace diez años que tendríamos encuentros con selecciones asiáticas de este perfil hubiese sonado como una verdadera ilusión. Esta es una muestra más de la vitrina que representa el debutar en una Copa del Mundo, no sólo para los jugadores, sino para todo un país en los distintos ejes que conforman el sistema del fútbol dentro del mismo. Las dos selecciones más fuertes de todo el continente representarían una tarea de alto calibre para un combinado nacional en plena reconstrucción y sin técnico confirmado aún de cara a al próximo proceso eliminatorio. No hay nada más excitante en esta vida que afrontar retos irremediablemente complejos por representar la incertidumbre de la novedad, si uno nunca lo hace jamás saldrá de su zona de confort.

Si bien es cierto el año no ha sido nada bueno en resultados para Panamá (1 Victoria-2 Empates-8 Derrotas) no se puede pasar por alto el salto de nivel que han tenido los rivales, que con mayor capacidad técnica y táctica para llegar al área con mejores argumentos que el cambio largo desde la defensa hasta el delantero pivote o los jugadores por banda. Después de la euforia que causó la experiencia de haber jugado en Rusia, el primer golpe bajo lo propinó una Venezuela que, por potencial de plantilla y propuesta de proyecto, aspira a competir en el proceso rumbo al 2022 en Sudamérica. Fuera de las distancias técnicas y los tiempos de trabajo que salieron muy a flote en el compromiso, hubo algunos puntos altos a destacar. Ahora, además del jetlag y otras externalidades, había que jugar contra dos rivales muy duros.

Poner a Michael Murillo en contención respondía a la idea de una medular con capacidad de cobertura hacia las bandas, para cuando el equipo tuviese la pelota Godoy manejara con más comodidad para proyectar hacia adelante

Poco más de 38mil personas presenciaron en Niigata la contundencia con la que Japón pudo sacar una victoria con pocos contratiempos al forzar errores contrarios con muchísima facilidad por tener mayor cobertura de terreno por la velocidad. Y aunque es cierto que hay una mayor diferencia de goles entre las realidades futbolísticas de cada selección, quedó esa incómoda sensación que pudo haberse hecho un papel mejor. Aunque ciertamente quedó en evidencia que algunos jugadores no supieron aprovechar la su oportunidad en el terreno, la intención táctica no era mala; poner a Michael Murillo en la zona de contención respondía a la idea de una medular con capacidad de cobertura hacia las bandas, para cuando el equipo tuviese la pelota Godoy manejara con más comodidad para proyectar hacia adelante sin una presión difícil. 

Cuando se lo propuso, que no fue con mucha prisa en todo el juego, el local encontró espacios para escurrirse a las espaldas de los defensas. Para el complemento las cosas mejoraron en cuanto a protagonismo dentro de la cancha para la visita, siendo fundamentales los ingresos de Cooper y Martínez, este último, a opinión personal, se le ve mucho potencial de ser fundamental para este nuevo proceso, solo que precisa de más trabajo con el colectivo base para acoplarse en su totalidad. Con esto y tomando en cuenta los resultados recientes, el próximo rival debía ser una pesadilla en cuanto al resultado, pero para sorpresa honestamente se pudo trabajar muy bien el partido, recomponiendo desde abajo ante un equipo tan duro como Corea del Sur.

Si los japoneses trabajaron por el sector derecho de la defensa panameña, los surcoreanos lo hicieron por la izquierda para sofocar a la defensa con desborde tras desborde. Notable sin lugar a dudas fue la reacción ante dos goles abajo frente a un equipo que parecía tranquilo manejando el partido y pudiendo encajar más anotaciones. Se pudo responder a ese asedio con mejores anticipaciones a la circulación y llegando a presionar arriba cuando se pudo, forzando inclusive un fallo para el gol del empate. Las sensaciones cambiaron drásticamente de preocupantes a positivas porque el equipo se sintió más cómodo dentro de la cancha ante un equipo difícil. Una vez más fue evidente que a Panamá le sienta mejor jugar con un 4-4-2 que con el 4-2-3-1; dos delanteros merodeando el área rival pivoteando dentro y alrededores es mucho más peligroso que solo uno, también porque la posición de mediapunta requiere de un perfil con más inteligencia que fuerza o velocidad, una opción que puede ser trabajada con ciertas individualidades de este proceso.

Quedan dos jornadas de selecciones en el 2018. Habrá que esperar se confirme el nuevo entrenador, a cual varios apuntan será nuevamente Julio Dely Valdés, para sentarse a pulir el estilo de juego con el que se quiere trabajar rumbo a Qatar. De momento, hubo bastante para aprender del tiempo vivido en Oriente, ojalá haya sido notado por las entidades directivas de cara a una mejora preparándose para nuevas ilusiones.

Foto: AS América

El campo feliz


Nunca me imaginé como sería el día. En definitiva es muy distinto vivir un Mundial apoyando a un país ajeno que al propio. La ansiedad es distinta; esos pensamientos de lo que pueda suceder al momento que ruede el balón brindan una extensa gama de reacciones químicas en el cerebro que simplemente no se pueden controlar... que alegría. Lo mejor de todo, es que tocaba vivirlo un lunes. Pocas cosas en la existencia del hombre pueden amainar la pesadez de arrancar una nueva semana.

A primera hora, Suecia ganaba en el partido sin dudas más aburrido de este arranque mundialista ante una Corea del Sur alejada de cualquier posibilidad real de meterse a la siguiente fase, muy evidente desde la forma en la que desarrollan un juego muy temeroso, indiferente de las múltiples virtudes que el perfil de jugadores le brindan al entrenador. Pero no, no importaba en lo más mínimo. Jugaba Panamá a segunda hora, siendo responsable del colapso de todo y todos. Absolutamente todos.

La Bélgica de Roberto Martínez que se perfila como una de las grandes animadoras del torneo puso su línea de tres al fondo y una lluvia de volantes de llegada, con su cerebro De Bruyne en el área de recuperación y a una torre Lukaku cuya función es mucho más elemental para este conjunto que plantarse dentro del área chica para esperar centros medidos. Que locura realmente, desde el ya distante octubre hasta ahora cuesta muchísimo creerse lo que estaba por suceder para esta selección y estos muchachos, otro nivel de fútbol con el cual codearse.

Jamás me hubiese imaginado a Panamá hacer cambios ofensivos en un partido del Mundial, pero ante un rival que tantas facultades para hacer daño tiene no parecía algo del todo sensato.

Bolillo apeló a la lógica de la plantilla a disposición y con la única de juego aplicable para competir en estas instancias: defendiéndose. Si todavía me parecía increíble el haber llegado al torneo, poder aguantarle tan ordenadamente a un equipo con tantas variantes adelante fue un mérito increíble, sobre todo de los laterales que supieron ordenarse para cortar diagonales e imponerse en el cuerpo a cuerpo muchas veces, resaltando hasta la saciedad la capacidad que tuvo Michael Amir Murillo para codearse en infinidad de ocasiones con Eden Hazard.

El complemento llegó con un gol muy pronto que, aparte de descolocar tanto los conceptos en cancha como la serenidad del equipo, empezó a generar presupuestos en el entrenador panameño que, por más plausibles que puedan encontrarse, ciertamente son irresponsables como para poner en práctica dentro de la Copa del Mundo. Jamás me hubiese imaginado a Panamá hacer cambios ofensivos en un partido del Mundial, se me puso el corazón chiquito de solo ver la valentía con la que se fue todo hacia adelante, pero ante un rival que tantas facultades para hacer daño tiene no parecía algo del todo sensato.

Entonces vimos como la valerosa forma de ir para adelante de los nuestros evidenció las enormes distancias deportivas pero sobre todo físicas, dando como resultado un partido que fácilmente pudo haber terminado con más de cinco goles de distancia. Y así fue, por primera vez pudimos comprender en carne propia lo que significa estar en esta clase de escenarios, los cuales exigen más que buen oficio o preparación, cabeza fría para poder llevar algún tipo de posibilidad para competir. Por si alguien todavía lo dudaba (no puedo imaginarme cómo), no avanzaremos de ronda, pero eso es algo sumamente lógico porque no hay con qué para sacar adelante la progresión, menos cuando hay una Inglaterra que sufrió para ganarle a Túnez que decían (tampoco comprendo cómo) era el más flojo del sector.

Pero olvidémonos de eso por un momento. La amargura de la derrota no puede ser un factor que nos haga omitir lo que sucedió en este país. Salí a las calles y veía todo de rojo. Las entidades públicas, los buses, las áreas de alimentos en los centros comerciales... todos uniformados. Espero que se sepa valorar lo que el fútbol y nadie más ha sabido hacer. Hermanos míos, por fin hemos saltado todos juntos al campo feliz de la unión.

Hay que atreverse


Cada vez que me subo a un taxi o Uber busco sacarle conversación al conductor de turno, esa necesidad de compartir ideas es imprescindible a cualquier nivel de diálogo. Aunque a veces no haya conexión inmediata con la otra persona para sentirse en una charla de confianza, el fútbol es el tópico ideal para limar cualquier tipo de aspereza perceptible. Durante las últimas semanas a tan poco para el Mundial, he podido compartir impresiones diversas: desde Tagliafico como titular por izquierda en Argentina, la peligrosidad del recambio brasileño, mis expectativas marroquíes, la algarabía de amigos españoles hasta la inaludible relación de amor/odio para con la selección de Panamá.

No me deja de sorprender como a veces esto es todo lo que alguien puede necesitar para sacarse la tensión de un día laboral o los problemas del hogar, aunque haya que pasar por montañas rusas de alegrías y tristezas. El camino hasta el primer Mundial panameño ha tenido experiencias tan pero tan bizarras -en el sentido anglosajón de la palabra- que aún cuesta realizar la magnitud de lo que estamos tan cerca de vivir... faltando apenas 12 días. Es un fenómeno propiciado por el nervio, la expectativa y adrenalina que se manifiesta producto ella, la Copa del Mundo. Pocas cosas generan ese tipo de cosas en la gente.

Para los pupilos del Bolillo, la última prueba antes del debut en Sochi ha sido ante Noruega. Ciertamente los escandinavos no han tenido mucho protagonismo reciente ni en general hablando de relevancia para este deporte, pero cualquier proyecto que tenga a Lars Lagerback como puntal de lanza y con una camada de juventud emergente puede intimidar hasta al más aclamado de los estrategas. Apuntando a la idea de juego, el estratega colombiano dejó en claro su postura de juego con el 4-1-4-1 que será desplegado por el conjunto panameño en territorio mundialista; la base de centrocampistas Gavilán-Godoy-Cooper es innegociable para buscar fútbol generado más allá del famoso pelotazo, que gracias a todas las deidades se despliega cada vez menos en nuestras filas.

Hubiese parecido que ante Suiza se aprendió la lección, pero en esta clase de partidos la mínima pifia o duda termina costando el resultado final. Al equipo le tomó tiempo encontrar comodidad posicional en la cancha, sobre todo para balancear un costado izquierdo que hacía aguas con todas las habilitaciones a espalda del lateral. Cuando supo poner el balón a ras de suelo y sacarle la pelota a los noruegos, ya había un gol en la bolsa para intentar remontar. Para el segundo tiempo los europeos cedieron mucha más iniciativa y se mostraron cosas positivas en cuanto a la generación de juego, pero de nada sirve aplicarse tácticamente cuando hay dificultades para ver portería.

Me pareció muy curioso, hubo profundidad cuando Díaz y Murillo carburaron por la derecha, el balón circulaba desde los centrales hasta las bandas, pero cuando hacía falta devolver la pared o el pase al centro del área chica, nadie lo hacía. No sé si era el nervio o la falta de visión de juego para cambiar la pelota o buscar un disparo que diera rebote, pero muy poco se dio. Panamá ha tenido, tiene y por lo visto tendrá un problema en ofensiva tremendo, se sigue adoleciendo de esa picardía para el toque final dentro del área. Por lo demás se está notando el trabajo, pero adelante sólo es cuestión de atreverse.

Estrellados


Hay dos tipos de personas en este mundo: a los que les caen bien los gringos y a los que no. Tan sencillo como eso. Lo cierto es que por más discursos a favor y en contra de los mismos nadie puede negar el peso que su cultura tiene sobre todos nosotros, principalmente en un país como este. Antes que salga algún desubicado a querer cuestionar esto, se hace necesario que hagas un examen superficial de ti mismo con un par de preguntas básicas como el tipo de ropa que llevas puesta en este preciso instante y los artistas que tienes como favoritos de música.

Ahora que aceptas no estás vestido en taparrabos, no te llamas Nele Kantule y tu artista favorito en definitiva no es Audri Yala, podemos remarcar el hecho que la influencia norteamericana es enorme en nosotros. En pocos aspectos de la vida cotidiana los gringos se han quedado atrás en ser nuestras principales referencias, como el fútbol siendo uno de los ejemplos más tangibles en esto. Desde los años 70 el país de las barras y las estrellas tuvieron movimientos en pos del crecimiento de un deporte que habían entendido era más redituable que cualquier otra cosa que pudiesen tener dentro de sus límites territoriales, pero más allá de los Pelé, Cruyff o Beckenbauer que pasaron por allí nunca dejó de ser un espectáculo momentáneo.

Lograron reencaminar el rumbo con la creación de fuerzas básicas, posicionamiento de jugadores gracias a sponsors que fueron creyendo en la visión norteamericana, instalaciones con poco que envidiarle al viejo continente y, por supuesto, una nueva escala/base salarial. La MLS lleva un buen par de años funcionando, pero puntuales son los momentos en que se puede destacar una escalada dentro del mundo fútbol. Emigrar a esta liga se ha convertido en una opción real para jugadores no necesariamente cerca del retiro, como en su momento lo fue al ser parte de una de las ligas exóticas.


En términos generales esta liga es un verdadero éxito. Con un esquema organizativo envidiable por el resto del continente me atrevería a decir, encontrar constancia dentro de esta competición le asegura al deportista ingresos importantes y un grado de exposición interesante con el mercado latino como principal frente. Desde el fenómeno David Beckham es indudable que cambiaron las cosas de forma sustancial allí, buscando siempre como idea estandarte la cacería del interés del viejo continente, teniendo al aficionado inglés como objetivo que sirva de punta de lanza. Muchos piensan que demoró bastante la liga en apuntar hacia un salto como este.

Pero ha sido difícil venderle la idea al 100% a los creadores del juego, y no es para menos. ¿Alguno de los que me lee ha visto más de cinco juegos de la temporada del fútbol norteamericano? Como lo más probable es que la respuesta sea no, bueno, te invito a hacerlo. Para el público que va al estadio es una gran satisfacción ir y ver una lluvia de tantos, porque al final del día goles son amores. Sin embargo, al ver los mismos queda en evidencia las deficiencias de las zagas finales de estos equipos así como de las del mediocampo... y el ataque. En resumidas cuentas, el nivel del fútbol deja demasiado que desear cuando se pone en contexto con lo que se vende.

La exagerada diferencia de nivel entre Sebastian Giovinco o Nicolás Lodeiro respecto al resto de la liga no significa que sean jugadores 'diferentes' dentro del sentido que tiene ese concepto en este deporte, sino que deja en evidencia la pobre performance del grueso de la competencia, la cual se hace muy sencilla para jugadores que han estado en otra clase de ligas. La apuesta por estos jugadores va dirigida a que más atletas de élite lleguen a la competencia para aumentar el nivel del torneo, aunque la verdad es que el efecto actual de la misma es reducir el nivel de quienes juegan en ella. Caso muy evidente de ello ha sido la selección de Estados Unidos, que verá la próxima Copa del Mundo desde casa.

Dejemos de engañar a la gente. La MLS es una competencia muy pobre deportivamente hablando, mucho más que mediocre. Esta liga es un ejemplo claro de lo que la publicidad y el dinero pueden hacer, puesto que se vende algo de mayor importancia futbolística para lo que en realidad es. ¿En algún momento despegará? Lo más probable es que sí, pero si nos mantenemos en el presente, nada que ver. Para un jugador joven se presenta como una muy buena ventana para recoger buen dinero, pero para el crecimiento de capacidades de cara a una competición de mayor envergadura representa una desventaja.

En Panamá deberíamos fijarnos en esto con más atención. Presumimos de tener jugadores de selección nacional en esta competencia como si fuese la gran cosa. Si se ponen en perspectiva factores como salario y calidad de vida en comparación con Centroamérica, sí es mejor, pero dentro de lo que nos compete sin temor a dudas me atrevo a decir que en el fútbol hondureño y tico hay mejor nivel colectivo. Pero como todo es espectáculo y dinero en estos días, la liga norteamericana sigue sumando adeptos. Más que parecer un torneo lleno de estrellas, está repleta de estrellados.

La interminable resaca


El radiante clima que se vive estas fechas en Bocas del Toro me han hecho reflexionar con más detenimiento, a pesar de que por estos lares la vida ande más que acelerada. La ciudad se vuelve inevitablemente rutina, por lo que salir a tierras distintas siempre representa una desconexión importante y completamente necesaria, en donde el tiempo del que se dispone termina siendo invertido en cualquier actividad que ante la costumbre de la ciudad es muy ligero y calmado. Aunque claro, para los allegados lo que uno hace con su tiempo libre dista mucho de ser tranquilo. Pero bueno, hablemos de fútbol.

Especialmente, de porqué me enamoré del fútbol. Y la verdad es que al sol de hoy todavía no puedo creerlo. Pena debería darle a una sociedad que se dice así misma avanzada detener los relojes y actividades cotidianas para mirar lo que hacen 22 personas en shorts corriendo detrás de un pequeño balón blanco. Desde Rudyard Kipling y pasando por Jorge Luis Borges, muchos pensadores han visto al balonpie como opio para los pueblos oprimidos, los cuales se concentran en su condición de precarios al poner prioridades tales como un deporte que ningún tipo de beneficio directo le acarrea además de una discutible alegría momentánea. 

Animales. Incivilizados. Ignorantes populistas. Como hay de todo en este planeta, lo único que se puede hacer es dejar que el resto de la plebe hable. Pueden hablar lo que quieran, pero este deporte mueve muchísima más gente que cualquier otra cosa. No me refiero a compararlo con alguna otra disciplina que implique actividades físicas recreativas, sino a la gama de sucesos que se dan dentro de la vida misma. Y este pequeño país fue testigo de ello el pasado martes 10 de octubre. Como se podría decir en otras épocas, ese fue nuestro ''Dia D''.
Es increíble el efecto que tiene el gol sobre la gente.
Creo que no hace falta repasar el partido. Estoy seguro que todo el que le este dando una leída a estas lineas seguramente tendrá el recuerdo fresco de aquel estresante encuentro con un final lleno de éxtasis. Se me eriza la piel escribiendo en este preciso momento sobre ello, dado que todas las sensaciones de satisfacción saltan a primer plano. Pero, antes de ello, no puedo dejar de decir todos los sinsabores que se tuvieron en menos de 24 horas.

Tras el bodrio que termino siendo la presentación de Panamá en Orlando la noche del viernes anterior, la desesperanza se había tomado a muchos ciudadanos locales. Mi trabajo me permite percibir directamente esas vibras colectivas, las cuales siempre me dejan analizando el panorama global del asunto. Esos cuatro goles recibidos irónicamente habían quitado presión sobre algunos panameños, porque la clarificación ya la veían descartada. Otros como este servidor mantenían la calma y esperaban que se hiciera lo necesario para llegar al menos al repechaje.

Pero es increíble el efecto que tiene el gol sobre la gente. Un partido en el que realmente pudimos ser humillados visceralmente si los ticos hubiesen querido, termino definiéndose con un gol que tuvo factura de haberse concebido con muchos más huevos que fútbol. El Capitán sacio la sed de gloria de mas de tres millones de personas que sin tener muchos méritos a nivel de desarrollo de este deporte dentro de las fronteras, ha tenido muy de cerca las mieles de cosas ''grandes'' para tener tan poco tiempo en el ruedo estelar, dentro de las limitantes evidentemente.

Haber vivido aquella devastadora película en casa rumbo a Brasil 2014 sin lugar a dudas sirvió de lección para todos. A pesar de que seamos por definición muy exigentes ante cosas que no tienen argumentos para satisfacer esas exigencias, es irrefutable que se vive con mucha esperanza. Como al final del día es lo ultimo que se pierde y no cuesta nada, aferrarse a ella no resulta una tarea imposible de realizar. Las cosas mas improbables tenían que darse para que pudiésemos meternos directo a la Copa del Mundo... y se dieron.

En mis 23 años de vida no recuerdo haber vivido tal cosa como la de aquel 10 de octubre. Me quede en el trabajo hasta tarde para ver el juego y apenas calificamos salí. Era una sensación extraña, la defino como una alegría paralizada; paralizada por la forma en la que todo se había dado y porque era algo nunca antes vivido. Camine un par de cuadras rumbo al metro en una calle vacía, hasta que pitazos a lo lejos y cerca, gente gritando, cantando, pasando con la bandera de Panamá hondeando a medida que avanzaban en la avenida. No aguante mas y rompí a llorar.

Me fui llorando por la calle hasta la Cinta. La gente se acercaba, te abrazaba, lloraba un rato contigo. De pronto todos estaban en la calle, con la Vía Israel trancada y todos los accesos a Paitilla en iguales condiciones. No se cabía un alma mas y la gente no paraba de llegar. Te regalaban pintas, te encontrabas con ticos que celebraban contigo como si fuese de ellos la primera calificación. Me toco ver cerca del Miramar un bus con aire que la gente en la calle no dejaba pasar por la fiesta; cuando alguien de adentro saco una bandera de Costa Rica, los de afuera agarraron trombones y tambores arrancando una mini fiesta con un bus que se movía de un lado para el otro con la afición tica adentro bailando al son panameño.

No puedo dejar de llorar con el solo hecho de recordar aquellas escenas. Y es que todavia no me lo puedo creer. En esta jornada de repechajes en los noticieros deportivos repasan resultados de los equipos mundialistas, mencionando Panamá. En las infografías que siempre ponen de los clasificados a Rusia 2018 aparece como tercero de Concacaf dentro del Mundial el pequeño país canalero. Mucho menos me voy a creer cuando el 1 de diciembre estemos viendo el sorteo de la Copa del Mundo y en uno de los bombos se va a encontrar este país.

Fue un sueno hecho realidad. Creo que desde aquella Hexagonal del 2005 todos en este país empezamos a ir acumulando el deseo de alcanzar la cita grande del fútbol. Entre frustraciones, alegrías y golpes fuertes, la selección supo madurar en el tiempo acompañado por los años de vida de cada uno de sus integrantes. Es un logro mayúsculo del técnico, que curiosamente consiguió la calificación al Mundial con los peores 11 meses de nivel deportivo de esta selección desde que el estratega colombiano tomo las riendas. Pero las observaciones tácticas se pueden dejar para después. Pase lo que pase en los próximos meses yo sigo celebrando, porque esta resaca es de esas que desearías fuera interminable.

Escrito iniciado en Isla Colón, Bocas del Toro, el 3 de noviembre de 2017.

Buenos panameños


Fue mucho más sencillo de lo que la gran mayoría del panameño hubiese esperado. Muuuucho más sencillo. Más allá de los discursos de calma que todos, inclusive yo, esperaría leer en una publicación de este espacio, no puede ser recriminado que este deporte une y genera pasiones como muy pocos. El que me discuta cuál disciplina puede ser más estresante o llena de alegría como el fútbol lo desacredito de inmediato. Para muchos les es odioso que hayan ''millones de entrenadores'' o los famosos conocedores del fútbol, sin embargo para este servidor le llena de satisfacción que la discusión de lo que es y puede ser un partido es única.

Olvidémonos del encuentro y del rival que evidentemente no está a la altura de nada significativo como para creernos ahora la novena maravilla del mundo. Quiero salirme un poco del análisis de siempre, primero que nada porque tácticamente se hace complicado rescatar algo de lo mismo dentro de los 90 minutos disputados en el Rommel Fernández y como más importante, en segundo lugar, la fuerza del momento creo que debe prevalecer sobre cualquier argumento bueno o malo que haya tenido este compromiso eliminatorio.

Creo que toda la percepción general de la selección nacional cambió a los 39 minutos. Es que no podía ser. Muy lindo como para ser cierto. En la experiencia íntima de este su servidor, no recuerdo un gol que me levantara así del asiento por parte de Panamá desde aquella irreal chilena del Matador Tejada ante México en el 2005. Luego de las oportunidades que había tenido para que el resultado en la última visita fuera muy distinta a la definitiva, Gaby demostró esa sed de callar bocas y por sobre todas las cosas aportar para una causa colectiva con una verdadera delicatessen técnica.

Mientras unos aprovechados salvan sus trabajos con este resultado, otros sencillamente dejan imágenes difíciles de borrar de la retina aún cuando los días transcurren. A falta de dos jornadas para el final de la Hexagonal estamos dentro de la próxima Copa del Mundo. Fácil de digerir no lo es en definitiva, tanto para bien como para mal, pero lo cierto es que se está viviendo un sueño que se espera mantener para convertirlo en una realidad. Como falta, lo sano para todos es mantenerlo dentro del espectro de posibilidad.

Aunque pedir paciencia es delicado aquí en Panamá. Lo es ahora y siempre lo ha sido. Más allá de los hechos, imprescindible es mantener los pies sobre la tierra, con todo lo que acarrea un proceso mundialista dentro de este sector del mundo y con la forma en la que muchos resultados se están dando. Como se me salió una lágrima al ver el gol de Torres, debo ilusionarme solo como una manera de masoquismo. Debo ser un buen panameño.

Contra la marea


Como se ha vuelto una maldita costumbre, he reaparecido después de mucho tiempo en el abandono. Mis planes de convertir este blog en un punto de encuentro para todos difícilmente podrán cumplirse al ritmo de vida que este servidor tiene. Pero, por enésima vez doy un intento para que las cosas se den en la forma como la que planeo a corto y mediano plazo con este espacio. Oportunista, como siempre, encontrar luces de inspiración en momentos futbolísticos innegablemente atinados para que el debate y la sana convivencia se fomente... claro, como si eso se diera en Panamá.

Estoy harto de que la gran mayoría de los debates previo a los encuentros de la selección mayor de este país, ya sea en eliminatorias mundialistas o torneos regionales siempre terminen reduciéndose a un puñado de periodistas que compiten por quién tiene más popularidad y ''peso'' en el mundo de la multimedia; y cuando no se trata de lo anterior terminamos dando vueltas en discursos xenófobos, los cuales cometen la grave falta de querer maquillarse en el velo de un patriotismo que a criterio muy personal de este servidor causa verguenza para con propios y ajenos.

No merece gastar tiempo en discutir todo lo ocurrido antes del partido ante México el pasado fin de semana, porque además de que todos los que estén leyendo esto sabrán a lo que me refiero, termina siendo una discusión que con el fútbol nada tiene que ver. Sin embargo es imposible dejar de pensar que es una de tantas externalidades que influyen en el fútbol de un país tan pequeño como este. En definitiva las palabras no juegan, no permean -o no deberían- directamente sobre el desempeño del equipo, pero indudablemente mueven la percepción y expectativas de masas hambrientas de una gloria que sin temor a equivocarme puedo decir inmerecida.

Inmerecida porque Panamá nunca ha tenido tradición futbolística o ni siquiera una estructura de desarrollo mínimamente buena para este deporte. Aunque bueno, equipos con peores condiciones han estado en Copas del Mundo y nadie les ha dicho nada. Pero como sabemos, el fútbol nunca es justo. Simplemente se reduce en oportunidades, las cuales hay que saber aprovecharlas o de lo contrario lo único que queda es el rechazo y la frustración de irse con las manos vacías, independientemente de cual sea el objetivo de determinado equipo. 

La derrota del viernes en el Azteca ha dejado a la gran mayoría de la población con un sinsabor de boca muy grande y la verdad es que me niego a creer el porqué. Estaba en los papeles y era lo más lógico irse con las manos vacías del coloso de Santa Úrsula, pero aún así muchos terminaron el partido con sed de revancha para con los rivales y principalmente los nuestros. Comprendo a la perfección esto debido a la burda promoción que todos los medios y las televisoras principalmente le han dado a un equipo que poco más de lo que presentó ante los mexicanos tiene. Somos un país con una selección mediocre y quizás hasta menos en términos meramente deportivos, pero agradecidos debemos estar que con ello se mantengan posibilidades reales de ir al Mundial. 

Cuatro días después de la segunda derrota en este proceso Hexagonal se presenta una oportunidad de levantar cabeza y volver a encaminar el camino. No será sencillo entendiendo que somos deficientes cuando hay que jugar en casa además del hecho que los trinitarios saben que ya no pueden perder nuevamente de cara a mantener vivas sus esperanzas de ir a Rusia. Con todas estas situaciones sobre el mantel es evidente que este partido debe pasar por la fortaleza física, tema clásico al enfrentarse a equipos caribeños, pero mucho más por la mental. A estas alturas, todos los discursos negativistas no ayudan en nada, ni siquiera la amenaza de renuncia que Bolillo -ladrón desde el día uno de gestión- ha lanzado una vez concluída la jornada anterior.

Es un momento de ser conscientes de nuestra realidad, de nuestro entorno y de nuestro fútbol. Inclusive si no se saca el resultado la noche de este martes aún se mantendrán posibilidades reales de ir al Mundial. Hay que sentarse a valorar todo lo que rodea a esta selección nacional y remar para que se den bien las cosas. Esta vez, toca ir contra la marea que hoy por hoy no se muestra del todo optimista.

Actitud de Matador


Lo que me gusta de los partidos de selección internacional es que aquí todo se viste de rojo. Hasta en los medios de comunicación gente que en su vida ha hablado de este deporte, se convierten en hábiles comentaristas y expertos de todos los pormenores del equipo nacional. Le hace un daño terrible a la profesión del periodismo, pero en lo personal no deja de ser una señal clara y esperanzadora del impacto que este deporte tiene en la vida de todos. A nivel de clubes este país está muy lejos de entender el sentido real del fútbol, pero al menos con cada fecha FIFA las cosas se tornan de otra manera. Claro está, no debería ser así, debería ser primero la liga, pero esto es Panamá y hay que entender que esto es lo que hay. El martes 28 de marzo presentaba una ventana importante, una oportunidad para que el fútbol siguiese creciendo con una de esas en las que los chicos se separan de los grandes. Una noche para realmente saber si esa aspiración para clasificar a una Copa del Mundo no es solamente estrategias de marketing de todos los patrocinadores y de las televisoras del país.

Intensidad. Desde el arranque del encuentro los pupilos del estratega colombiano salieron a buscar el partido. Habían entendido la gravedad del escenario en que se hubiese visto un equipo con temor a enfrentar a un equipo con mejor momento anímico como lo era Estados Unidos. La llegada se profundizó de manera importante con la libertad que volvían a tener Negritillo Quintero y Armando Cooper al regresar a un sistema 4-4-2 fue fundamental para aproximarse hasta línea de fondo norteamericana, la cual adoleció mucho cada vez que por el sector izquierdo el lateral Omar González debía hacer las coberturas, dado que en la mayoría de las jugadas fue ampliamente superado por los delanteros panameños. Había fluidez en el juego y hasta comodidad ante un rival que no parecía haber podido encontrar la llave para reencaminar el dominio de las acciones en este partido. Las sensaciones resultaron ser más que buenas en este aspecto.

Sin embargo, el gol no se hacía presente. El reconocido guardameta Tim Howard tuvo que salir a sudar la gota gorda en momentos importantes de la primera mitad; las atajadas más allá de oportunas denotaban la poca serenidad que se tuvo de cara a definir, un tema sensible en esta clase de compromisos. Más allá de la pobre capacidad para definir las jugadas, era evidente el empuje que tenía la selección panameña, empujando hacia adelante y presionando las salidas del equipo visitante. Parecía cuestión de tiempo para que cayera el gol hasta que, por fin, cayó… pero para Estados Unidos. Si algo nos ha enseñado el fútbol es que todos los pequeños errores salen caros, mucho a veces para lo que realmente se presenta en la cancha. Nadie pensaría que Felipe Baloy con todos sus galones de experiencia en la espalda cometería un error tan infantil como el de querer driblar a un delantero que juega en el fútbol alemán, teniendo como resultado un gol tan ridículo como la decisión tomada por el Capitán panameño.

Después del famoso fantasma del gol en contra al minuto 80 y la marcación defensiva en jugadas a balón parado, algo que siempre ha perseguido a la selección nacional es la incapacidad de reaccionar de forma propicia tras ir abajo en el marcador. Derrumbarse y hasta allí llega la historia. Sucede que, Panamá realmente había entendido la gravedad de la situación previo al inicio del encuentro y no bajó los brazos en ningún momento hasta lograr la igualdad en una serie de rebotes que permitieron a Gavilán Gómez volver al equipo a partido apenas cinco minutos después que todo parecía perdido. Lo oportuno que fue empatar antes de irse al descanso sirvió como un aliciente para que en el complemento los ánimos se mantuvieran arriba y la intensidad de juego no cambiara de ninguna forma en búsqueda tres puntos vitales para no empezar a sacar la calculadora una vez llegara junio. Se intentó y se siguió intentando.

La selección de Estados Unidos había entendido su rol en el partido y decidió enfriar las cosas mucho más con su pasiva proyección de juego, no descartando alguna jugada que de contragolpe pudiese terminar obsequiándole tres puntos de visita. Panamá tuvo mucho más la iniciativa, siguiendo con la presión en la parte alta de la cancha y tratando de explotar el regate desde la zona de carrileros hacia el medio, pero ningún delantero tuvo la visión de halar marcaciones o de buscar ser la pared para el pase y de a poco la gasolina para quienes iban por los costados se fue acabando. Los cambios se demoraron demasiado en la búsqueda del triunfo local, a tal punto que el último ya había terminado siendo uno para cerrar las posibilidades de jugadas adversas y conformarse con el contragolpe. El trabajo necesario no se hizo, pero las sensaciones dejadas fueron bastante buenas.

A pesar del estadio prácticamente a total capacidad, el aficionado panameño demostró que no tiene cultura de fútbol, ya que en los momentos de mayor frialdad dentro del campo en vez de alentar y buscar un aumento del ánimo del equipo, fueron cómplices de aquellos lúgubres momentos que tuvo el partido; Panamá todavía no es un país que entiende el fútbol a la perfección, empezando por los que van a la cancha. El empate no ha sido suficiente, pero nadie pudo haber salido molesto de lo visto en el Rommel Fernández, ya que el equipo mostró actitud, un factor que pesa mucho más en eliminatorias mundialistas que el mismo fútbol. Ver a un futbolista como Luis Tejada, con 35 años en su haber pelear cada balón hasta la parte baja de mitad de cancha genera mucha ilusión, ya que de mantener ese espíritu en lo colectivo, se pueden lograr cosas importantes. Hay que ser como Tejada, hay que ser un verdadero Matador.

Ver para creer


Durante la eliminatoria rumbo a Brasil 2014 estaba en Hosanna Visión con la versión televisada de Hablemos de Fútbol y luego había otro programa de deportes. Recuerdo al pastor Aurelio Ortíz, que presentaba el programa. Estuvo en el Rommel el día de aquella desgracia cubriendo el partido. Cuando faltaban cinco minutos Panamá ganaba 2-1, entonces decidió bajar de la zona de prensa hacia los pasillos para tener las entrevistas de primera mano y claro, para evitar la pobre logística al desalojar el estadio. Al llegar a la zona mixta se encontró con jugadores llorando, Klinsmann consolando a los hermanos Dely Valdés y a toda una afición resquebrajada. Al enterarse del marcador final no lloró. Subió a su auto, salió del estadio y se puso a dar vueltas por El Bosque a las tres de la madrugada. No podía ser posible, no lo podía creer.

A nadie le gusta recordar aquel partido en el que a falta de 90 segundos para el final estuvimos en el repechaje. Duele, duele mucho inclusive solo de recordarlo para escribir este texto, pero es necesario saber siempre de dónde venimos para saber a dónde vamos... o por lo menos para dónde queremos ir. Tres años y medio después, la Hexagonal empareja nuevamente a estas dos selecciones en el Rommel Fernández en donde obviamente, lo que se busca es un resultado totalmente diferente. ¿Revancha? Difícilmente puede considerarse como tal, pero es bastante claro que hay que entender el hoy tal como lo que es, una oportunidad para mejorar lo que puede ser un gran mañana. La misión de enfrentar a Estados Unidos nunca es sencilla, pero lo que queda claro es que se debe intentar y con las armas que se tienen, pensar en sumar de a tres no debe verse como un sueño totalmente distante.

Tras el descalabro en Puerto Príncipe las alarmas están a todo dar, no por el resultado per se, más bien por todo lo que acarreó no poder reaccionar ante un marcador adverso tras salir a especular en un feudo que no debía ser problema si se mantenía la idea de compromisos anteriores. Con la esperanza de que se haya aprendido la lección del encuentro pasado, ya se presentó la alineación de cara al partido de este martes por la noche con la alineación de dos delanteros desde el principio y con mayor posiciones de cobertura para los volantes de llegada. Quedó muy claro en el partido anterior que es imposible ganar un partido si no existe una coherente distribución de balones desde el medio y principalmente las bandas para la parte delantera del equipo. Ante un equipo que despliega mucho su fútbol por el área central, la conocida propuesta del desborde panameño parece acertada.

Agresividad a más no poder es lo que se pide por parte de Panamá, pero la misma debe ir acompañada de serenidad e inteligencia en lo que respecta a control de un centro del campo que se vió infinitamente superado el pasado viernes. Con el regreso de Gavilán Gómez al once titular se espera que se recupere la posesión que nunca existió ante los trinitarios, así como una adecuada distribución hacia las bandas como para la parte frontal del campo. A pesar de esto que, en teoría, representa una mejoría para el desarrollo del juego, sigue siendo motivo de gran preocupación la lentitud de la última línea. A excepción de Román Torres, los otros tres jugadores que se encontraban -y que repetirán- en la cancha el último partido dieron muestras del agotamiento en su mayor expresión, algo propio de los años seguramente así como de la lógica superioridad del biotipo que tenía el adversario de turno.

Del otro lado de la cancha, el gran peligro. Bruce Arena re-debutó con una holgada victoria de 6-0 sobre Honduras en California, en donde no solamente los goles marcaron la pauta; la armonía con la cual esta selección volvió a jugar luego de muchos meses de incertidumbre con Jurgen Klinsmann en el final del proceso era algo que se había olvidado para el fútbol norteamericano. Volver a las bases posicionales ha resultado más que a la perfección, entendiendo que el fuerte de este equipo siempre ha sido el fútbol colectivo con un desarrollo muy frontal, pero con clase suficiente para hacerlo. Con Michael Bradley como principal arma en ese centro del campo, Estados Unidos tiene la garantía de que armas líneas de pase sobre las de los rivales es algo más que sencillo de realizar. Quitarle tiempo para pensar a este señor, así como bloquear los posibles pases hacia los costados que tenga serán fundamentales para poder quebrar la fluidez de este conjunto.

Para fortuna de Bradley, el combinado de las barras y las estrellas tiene armas adelante con la suficiente capacidad para entender todos los movimientos de su hábil líder en el centro del campo. La veteranía de muchos aporta bastante, pero principalemente lo que puede realizar Christian Pulisic es más que determinante; el juvenil del Borussia Dortmund tiene una calidad de juego envidiable, inclusive única dentro de todo CONCACAF. Su visión del campo le permite encarar en el momento adecuado, así como complementar las paredes necesarias para dejar a sus compañeros frente a frente a la portería contraria y por supuesto, tiene un golpeo de balón como de cualquier jugador de primer nivel mundial. Detenerlo por la banda izquierda será una tarea bastante complicada para un Adolfo Machado que deberá procurar evitar que reciba el balón a espaldas de la portería, mejor perspectiva que tiene para detectar asistencias y potenciales acompañantes de las jugadas.

No será un partido fácil y de salida parece ser muy favorito Estados Unidos. Además de la calidad de equipo, hay que luchar contra los momentos anímicos, muy distintos entre ambas selecciones, lo cual será un factor a seguir con mucho cuidado. Panamá puede ganar, esto está claro. Para poder presentarse frente a frente ante una selección que llega en alza hay que desempeñarse de forma casi perfecta, en una performance pocas veces dada por este equipo. Si se quiere seguir peleando por un cupo directo a la Copa del Mundo hay que hacer algo tan imponente, que sólo sea posible verlo para creerlo posible.
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