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Revive una de las mayores gestas del fútbol panameño

Ya está disponible en nuestro canal de YouTube el nuevo video: ''La SORPRENDENTE COPA ORO 2005 de PANAMÁ'', un viaje directo a uno de los momentos más inolvidables en la historia de la selección nacional.

La Copa Oro 2005 marcó un antes y un después para Panamá. Contra todo pronóstico, un equipo que no partía entre los favoritos logró abrirse paso entre gigantes de la región hasta alcanzar la gran final. Fue un torneo lleno de carácter, disciplina y convicción, donde cada partido se jugó con el corazón en la mano y la ilusión intacta.

En este video repasamos paso a paso aquella hazaña liderada por José “Cheché” Hernández, un grupo que entendió perfectamente cómo competir en escenarios adversos y que terminó conquistando el respeto de todo el continente. Desde la fase de grupos hasta los duelos decisivos, recordamos los momentos clave, los partidos más intensos y las figuras que se convirtieron en protagonistas de una historia que todavía emociona.

¿Recuerdas dónde estabas cuando Panamá avanzaba ronda tras ronda? ¿Aquel sentimiento de sorpresa que se transformó en orgullo? Este contenido está pensado para volver a vivir esas sensaciones, pero también para que nuevas generaciones entiendan por qué ese equipo dejó una huella tan profunda en el fútbol nacional.

Más que resultados, fue una demostración de identidad. Un equipo que no se rindió, que creyó hasta el final y que puso a Panamá en el mapa futbolístico de la región.

Panamá y las claves de un fracaso no admitido

Panamá cayó eliminada demasiado temprano de la Copa Oro 2025. Luego del subcampeonato conseguido dos años atrás y la actuación en la Nations League del pasado marzo, las expectativas de cara a esta edición eran muy altas de forma correctamente fundamentadas. Y es justo por esta razón, que el golpe del adiós fue más duro de asimilar.

La caída fue ante la selección de Honduras en cuartos de final. Aunque sentarse a analizar de manera puntual un compromiso donde el guardameta Menjívar tuvo un desempeño superlativo y fue el punto de inflexión claramente determinante, es más sensato reflexionar sobre la presentación panameña en el certamen de manera más global porque nos brinda un panorama más certero de los problemas de cara a futuro.

Brillante placebo

La suerte ubicó a los pupilos de Christiansen en un sector junto a Guadalupe, Guatemala y Jamaica, donde claramente el favoritismo era para los finalistas y se terminó cumpliendo. Tres victorias en tres partidos disputados dejaban bastante en claro la condición de Panamá como hueso duro de roer en el torneo y con argumentos necesarios para volver a discutirle el favoritismo a los futuros anfitriones del Mundial.

Pero... ¿era realmente así? Sin demeritar de ninguna manera la holgura con la que se ganaron los partidos iniciales del torneo, seguramente el mayor pecado (por lo menos referente a la percepción del público general) fue no dimensionar como se debieron los rivales de arranque. En primer lugar estuvo una Guadalupe que más allá de hacer dos goles dejó bastante en evidencia su bajo nivel individual y colectivo por la facilidad con la que algunas asociaciones panameñas hicieron más daño del que debía.

La solvencia para castigar a un rival que era más lento al momento de hacer transiciones de juego era un escándalo, pero luego al querer replegarse y dar la iniciativa al contrario se terminó por complicarse el plan de juego de forma innecesaria.

El segundo juego fue ante una Guatemala que terminó erigiéndose como una de las grandes sorpresas del torneo pero a la cual se le terminó ganando. Una victoria por la mínima que, justo como pasaría con Honduras, dio dos imágenes muy distintas de Panamá; la solvencia para castigar a un rival que era más lento al momento de hacer transiciones de juego era un escándalo, pero luego al querer replegarse y dar la iniciativa al contrario se terminó por complicarse el plan de juego de forma innecesaria. Pero bueno, victoria al fin.

Hay que decir que el examen de Jamaica estuvo completamente desvirtuado. Si bien es cierto en el papel los Reggae Boys eran los rivales más complicados previo al arranque de la competencia, la imagen que dieron los pupilos de Steve McLaren fue triste. Dio la sensación que no había nadie al volante en una plantilla que cuenta con futbolistas de primer nivel y que bastó una ráfaga de Ismael Díaz para dejarlos totalmente fuera de batalla.

Carrasquilla y la falta de gol

Panamá avanzaba con marca perfecta y las cosas no podían ir mejor. Más allá de que en el partido ante los chapines se le vieron las costuras al equipo en el repliegue, lo importante es que se había ganado y no había forma que el equipo fuese detenido... o esa era la teoría de todos.

Seguramente los resultados iniciales imposibilitaron que se hablase de un tema sensible con respecto a la convocatoria de Panamá: las bajas. De por sí la lesión de larga data de Bárcenas ha sido un gran inconveniente para el plan de juego del estratega nacional, no contar con Carrasquilla que indiscutiblemente es un puesto irremplazable en el once panameño era un golpe muy fuerte para la estructura.

Ante este escenario no cabe la menor duda que Christiansen movió las fichas para plantear soluciones interesantes. El Fulo Martínez asumió el rol de creador de juego, más adelantado a lo que habitualmente juega en la selección panameña con resultados muy satisfactorios por el buen pie que tiene el mediocampista que juega en el fútbol israelí. Una urgencia cubierta con otro futbolista del once titular, pero que dejaba otra posición importante expuesta. La respuesta del entrenador fue poner a un central como (Escobar y principalmente Harvey) contención; siendo dos jugadores a los que el salir jugando con balón dominado no se les atraganta pudieron fungir como líberos en esa posición.

Bajas sensibles, pero que también ponen en perspectiva que no hay una garantía frente al arco rival como en otrora supieron ser los Blas Pérez, Dely Valdés o Tejada.

Por muy bien que suene esto, ninguno de los dos tiene la claridad para ocupar en todo momento la posición que si no se controla bien deja completamente expuesto al equipo en transición... justo lo que terminó castigando a Panamá. Aunque decir que esto fue el principal talón de Aquiles del combinado nacional sería demasiado injusto, sobre todo cuando las sensaciones de fallo vinieron de más arriba.

Y sí, la delantera una vez más. Pese a que Guerrero y Tomás Rodríguez aportaron con goles a la causa junto a los grandes momentos de lucidez de Ismael Díaz (que terminó como máximo goleador del torneo), no se puede olvidar el hecho que los primeros referentes de área para Panamá son Fajardo y Waterman que no pudieron estar por lesión. Bajas sensibles, pero que también ponen en perspectiva que no hay una garantía frente al arco rival como en otrora supieron ser los Blas Pérez, Dely Valdés o Tejada QEPD. Detalle no menor ya que en el último partido de la participación panameña la dinámica del partido se puso cuesta arriba la no ser capaces de cerrar antes el encuentro.

Meter el dedo en la llaga definitivamente no es sano para nadie y menos en una sociedad que se ha vuelto adicta a la dopamina que brindan los triunfos, pero se hace necesario señalar las carencias que hubo pensando en el principal objetivo que es clasificar al Mundial... faltando poco menos de dos meses para empezar a definir cosas.

Un fracaso en todo el sentido de la palabra la participación de Panamá en esta Copa Oro. Más allá de la frustración por no ser capaces de haber competido más, uno de los principales sinsabores llega porque seguramente esta era la última oportunidad de figurar alto en un torneo con este cuerpo técnico que ha dado indiscutiblemente un salto de calidad.

Debut bipolar ante Uruguay

Ocho años después Panamá ha tenido la oportunidad de volver a disputar la Copa América. Nuevamente en Estados Unidos, la selección tenía la clara misión -una vez conocido el sorteo de grupos- de competir y dar buenas sensaciones para demostrarle al continente que el crecimiento visto en el último tiempo no es casualidad. Claro, no era una tarea sencilla cuando en el debut tocaba un rival de la altura de Uruguay que llegaba al torneo como un candidato fuerte.

Más allá de la mejoría que se vivió durante la Copa Oro del año pasado, dudas se presentaban sobre el combinado nacional tras un muy flojo mes de marzo y los flojos desempeños ante los equipos caribeños en el arranque de las eliminatorias rumbo a la Copa del Mundo 2026, pero después de este primer partido de fase de grupos han quedado sensaciones mixtas.

Darwin y un día en la oficina

El libreto de Christiansen era muy claro para el arranque del partido: una línea de cinco en el fondo para contener el vértigo uruguayo y, de existir la posibilidad, castigar con la velocidad que se pudiera imprimir por los costados. No sería acertado decir que Panamá planteó un juego de replegarse por completo ante la posible superioridad charrúa, ya que ante la baja de Godoy no se puso a un jugador en ese puesto con las mismas responsabilidades, sino que se contó con el Fulo Martínez para tener mucho más toque.

Sea como sea, Uruguay sentó la bases de una superioridad marcada durante el primer tiempo con el primer gol. Tras una jugada por la izquierda, Maxi Araújo tuvo el tiempo y el espacio para definir desde fuera del área, colocando el balón casi en el ángulo para que Mosquera no tuviese ningún tipo de posibilidad de llegar. El momentum del partido se fue inclinando rápidamente hacia la posibilidad de que la ventaja obtenida por los pulilos de Bielsa se pudiera aumentar. 

Panamá se veía superada y agobiada, presentando claros problemas en salida con la presión alta que ponía sobre todo Darwin Núñez. El delantero del Liverpool tuvo la posibilidad de ampliar la ventaja para los sudamericanos en más de tres ocasiones, pero se enfrentó a una buena presentación del Kuty en portería y, hay que decirlo, con una habitual presentación del actual nueve de los Reds, donde ante situaciones de gol no supo resolver de la manera más adecuada para terminar celebrando. Terminaba el primer tiempo con una ventaja mínima, con la sensación de que podía ser mucho peor.

Responder a la altura de las circunstancias

Daba la sensación que las cosas empeorarían antes que mejorar para Panamá, pero sorpresivamente -para lo que veíamos- hubo un contrapeso por parte del combinado nacional. Se aprendieron de los errores en la primera mitad y en lugar de encerrarse mucho más, se planteó una atrevida pero efectiva respuesta al aplicar la misma calidad de presión en la salida ante los defensores uruguayos. Los primeros 20 minutos del segundo tiempo claramente se puso en jaque la ventaja que el conjunto charrúa había conseguido.

Pese a que no había en la medular panameña ningún futbolista de contacto, sino de más pase fino, ese trabajo de Carrasquilla y Martínez estaba rindiendo frutos con creces. Raro y cuestionable fue el cambio que el seleccionador hizo al 65' con la salida del Fulo, que estaba haciendo un partido indiscutiblemente notable para el ingreso de Jovani Welch. Este cambio fue el punto de inflexión para que Panamá perdiese la intensidad con la que se aproximó a la portería de Rochet.

Raro y cuestionable fue el cambio que el seleccionador hizo al 65' con la salida de Martínez, que estaba haciendo un partido indiscutiblemente notable

Ocasiones claras y no tan claras que Fajardo no pudo concretar, volvían los uruguayos a tomar las riendas del encuentro a partir de los últimos 25 minutos del partido. Faltando cuatro minutos para el cierre del encuentro, Uruguay aumentó la ventaja en el marcador tras haberse desentendido la defensa de las marcas en el balón parado que propició el gol y en esa caída emocional concretaron el tercer gol. Por fortuna Murillo sacó de su zurda un gran remate para que los nuestros no se fueran en blando en el marcador, pero el resultado ya estaba definido de hacía mucho.

La presentación ante el rival de mayor jerarquía del grupo no fue la catástrofe que muchos esperaban, sino que todo lo contrario. De dominados a dominadores por lapsos del encuentro, no cabe la menor duda que nuestro debut en Copa América fue algo bipolar. 

Sin perderse


Hace algunas semanas atrás tuvimos la oportunidad de presenciar la presentación de Américo Gallego como seleccionador de Panamá. En las palabras del técnico se dejaba a entrever, a criterio de este servidor, muy claro que las referencias existentes del fútbol panameño eran pocas y las que se tenían eran de un periodo de tiempo bastante reciente; esto no debe interpretarse como una acotación mala para o algo por el estilo, en realidad es bastante comprensible asumiendo el contexto: casi cinco años sin entrenar y claro, la poca relevancia que presenta para el cono sur del continente el fútbol de Concacaf. De igual podríamos decir que era positiva esa desinformación, ya que la misión puntual del nuevo seleccionador consiste en rearmar la plantilla.

Sensaciones encontradas se daban con que la primera prueba fuese la selección de Bermudas. Positivas porque si necesitas resultados inmediatos sin haber podido contar con el tiempo suficiente de trabajo, en definitiva el cuadro caribeño es el oponente ideal. La otra cara de la moneda reside en el nivel de coherencia con el que se pudiese sacar, ya que las emociones -como suele pasar en estos lares- se desbordan en una avalancha de triunfalismo que en lo absoluto aporta a la valoración del compromiso. Cuestión de saber o querer interpretar las cosas en su justa dimensión.

Juego en suelo caribeño y el Tolo salió con un 4-4-2 con tendencia a variar en un 4-2-3-1 dado que uno de los delanteros estaba llamado a hacer movimientos sin balón necesarios para que se gestaran mejores incorporaciones de los jugadores que llegaban por los costados, siendo este el caso de Gaby Torres. Fuera de la sorpresa que representaba la titularidad de Botello en el medio sector, llamó bastante la atención esa decisión de incluir a Fidel Escobar en la medular; aunque a muchos -incluyéndome- gustaría la idea de tenerle más en una posición más retrasada del campo, es muy evidente que el estratega argentino quiere sacarle jugo a la buena capacidad de distribución que tiene Fidel.

¿Por qué nos gustaría ver a Escobar en defensa? Justo por los motivos que nos dio la forma en que se desenvolvió Bermudas en fase ofensiva. Panamá sufrió con la verticalidad del local más veces de lo que nos gustaría admitir, propiciado esencialmente por clásicas falencias que se generan por la naturaleza de juego de nuestros laterales, los cuales acostumbran adelantar demasiado las líneas (Murillo principalmente) y descompensan el retroceso del equipo. Estábamos siendo claramente castigados por la velocidad de unos extremos con buen oficio, pero muchas veces de pésima ejecución. Quién sabe, algo más de criterio a la hora de asociarse en el último tercio de la cancha y a lo mejor las sensaciones post partido eran otra historia muy distinta.

Las facilidades que paulatinamente se iban desnudando con el pasar de los minutos se fueron uniendo con la correcta lectura del partido de algunos nombres como Alberto Quintero, figurando con dos asistencias y un amplio dominio de su parcela, pudiendo controlar un espacio importante como volante de llegada bastante dispuesto a hacer coberturas en el centro del campo. Bermudas no pudo mantener su estructura luego del gol que rompía el empate y todo en pos fue naufragio para ellos. Este domingo la revancha es en el Rommel Fernández y se ve muy complicado un accionar distinto; caer dentro del Triángulo de las Bermudas finalmente no ha representado un examen imposible para los pupilos de Gallego, o al menos por ahora.

Promesas del norte


Hace unos días conmemorábamos aquel remate en el suelo de Felipe Baloy para convertir el único gol en la goleada ante los ingleses, pero con la relevancia de levantar a todo un país porque jamás se había visto algo de esa magnitud. Muchos afirman que hay actitudes que ponderan la mediocridad colectiva, pero creo que recriminar aquella mañana de domingo sería un acto sacrílego sin tener que hablar como panameño, sino como amante del fútbol y de todo aquello que representa. Hoy, a poco más de un año de aquel éxtasis llamado Mundial vivir el presente se asume con expectativa, sea de la forma que sea.

La Copa Oro este año nos ha dado muchísimo en qué pensar sobre la zona Caribe, Norte y Centro América, pero muy cruel resulta valorarlo peyorativamente al usarse en comparación otras latitudes donde ciertamente la pelota se juega a mayor nivel gracias a factores que pasan por lo cultural o económico. Aunque a todos les fascinaría ver partidos con nivel Champions League todos los días, la tarea es bastante complicada, sobre todo en partidos de selecciones nacionales. Esta es la realidad de la zona y tampoco se han hecho méritos suficientes como para creer que el combinado nacional ande sobrado.

Panamá está lejos de ser la mejor selección del área, a varios peldaños de distancia. Entonces hay que saber hacer el enfoque desde los precisos niveles. Sin embargo, la magia de los torneos cortos es que cualquier cosa puede suceder, sino pregúntenle a los participantes de Copa América. Competir hasta el final representaba una de las mínimas obligaciones para un equipo recientemente mundialista, sabiendo lo que eso significa no solamente para el área sino para la perspectiva internacional que ahora no les parecen tan exóticos los enfrentamientos ante los nuestros. La derrota ante Jamaica nos hace tener esa desagradable sensación provocada por la hiel del fracaso que se pudo evitar, o por lo menos, que se pudo haber hecho mucho más por evitarlo.

Fidel Escobar aporta confianza al centro del campo con su capacidad defensiva y su buen toque para cambios de juego
A Julio le tocaba presentarse apuntando a una idea de juego bastante clara pero, por supuesto, con la premisa de que se estaban probando las cosas de cara a las eliminatorias. Con aciertos y fallos terminó por hacerlo. El técnico interino de la selección panameña demostró su postura de juego; un 4-4-2 bien marcado en la cancha, con dos futbolistas en el centro del campo para leer mejor las rupturas del juego rival y salir a toda velocidad con los carrileros acompañados por la verticalidad de sus laterales. Después de entenderlo, aprovechar el contexto, siempre. A esa idea se le ha sumado de forma muy buena la presencia de Fidel Escobar en el centro del campo, ya que si apoyar en las coberturas o meterse como tercer central no hubiese sido suficiente, además de circular bien a ras de suelo tuvo constancia al momento de buscar los cambios largos de juego. 

El problema sigue siendo la falta de gol. Hacemos breve memoria y los goles más importantes de Panamá han sido defensores. Hay material para trabajar los oficios tácticos que propone el entrenador con dos delanteros, un para ser el clásico pivote y el otro que arranca las jugadas fuera del área; el problema sigue siendo la urgente necesidad de convertir las ocasiones que se logran generar. Al no tener un creador o un ‘10’ y muchas veces meterse en el juego como la escuadra a defenderse exige una mayor capacidad de definición, mucho mayor a la que se tiene. Los volantes/extremos tienen mucha profundidad y capacidad -a notables revoluciones más arriba Bárcenas y Browne- de llegar hasta la línea de fondo con remate al arco incluido, pero sin un delantero con mayores virtudes resolutorias se convierte en argumento hueco. Al final del día, aunque duela entenderlo todo, no se puede borrar de la conciencia el malestar.

Parte elemental del fútbol es que uno gana y el otro pierde. Así no más. Toca dar vuelta a la página esperando primero que todo se defina el futuro del banquillo porque de nada sirve dar conclusiones ahora si nada va a ser medianamente similar. Buscar otro técnico a estas alturas pensando en los pocos días de preparación que queden para siguientes partidos oficiales será escaso, reafirmaría ese pensamiento general de que en Panamá somos expertos intentando emparchar cosas. Puede causar molestias el final de nuestro paso por la Copa, pero no podemos olvidar las lecciones que los días en el norte nos han ofrecido.

Responder con carácter


Lo que más me fascina de los mundiales de categorías inferiores es que son una vívida muestra de cómo evoluciona la vida. A todos aquellos que hoy vemos ganando millones de dólares y jugando todos los fines de semana ante 40/50mil personas también fueron jóvenes. Esa ilusión y energía que en los primeros años de existencia servían principalmente para reventar la paciencia de nuestros padres, en circunstancias específicas debe canalizarse para conseguir algún capricho, ideal u objetivo específico. Ejemplo claro de ello puede ser el representar a tu país en la búsqueda de una ilusión que a corto/mediano plazo puede ser un plus para tu vida. 

Y he ahí la magia de los mundiales en esta categoría. No hay vitrina más grande para disfrutar de toda la inocencia mezclada con la juventud y más que nada cuando los jugadores entienden que a veces hay que poner algo más, algo diferente. Con esa consigna fue la que Panamá y todo su plantel encaró el Mundial de Polonia; la sexta participación en este certamen debía venir con cambios, puesto que por muy satisfactorio que resultase ser el mero clasificar era imprescindible competir. Con esa presión por decir histórica y el adicional que significaba tener a Francia, Malí y Arabia Saudita en tu grupo, estos dos últimos campeones de sus respectivos continentes, no parecía muy sencillo para los dirigidos por Jorge Dely.

Pese a todo -incluyendo la idiosincrasia del futbolista panameño-, las imágenes que dejó este proyecto en el premundial disputado meses atrás vaticinaban un afronte distinto de cara a la cita. Por primera vez en muchísimo tiempo el combinado nacional de esta categoría demostraba temple; además de la inteligencia para jugar en espacios, finalmente se logró encontrar la manera que el jugador, con o sin pelota, pudiera sobrellevar al reloj y los momentos posteriores a jugadas de gol contrario. La tarea de plasmar los conceptos desde la pizarra a la cancha ha sido mucho más sencilla para el entrenador gracias a contar con unidades capacitadas y con todas las condiciones para mejorar de forma exponencial si se les da el seguimiento adecuado como la pareja de medios Walker y Griffith.

Desde el día uno del Mundial fueron claras las sensaciones de confianza que este equipo sintió. Ante Malí y Francia el equipo se supo inferior desde antes arrancar respectivos duelos, pero en base a ello procuró mantener el juego en una zona conveniente, inclusive en acciones defensivas. Ejemplo claro de ello fue mantener al máximo del tiempo el juego por debajo; aunque técnicamente el rival fuese más era más sencillo trabajar la recuperación que irse por arriba contra oponentes considerablemente altos. Sufrió mucho esto una línea de ataque hábil en la conducción a espacios reducidos y habilitando fútbol por los costados pero sin estatura, añadiéndole el hecho que las mejores acciones ofensivas venían por cambios muy bien entregados por el lateral derecho Rodríguez.

El talón de Aquiles no pudo ser otro más que los errores puntuales. Malas distribuciones, recorridos incompletos y hasta las clásicas malas entregas del balón en los primeros 25 metros de la cancha supusieron el fin del periplo en tierras polacas. Ciertamente quedó la sensación de excesivo conformismo en el último partido, donde en lugar de competir se asumió la inferioridad que se tendría ante el conjunto ucraniano muy fuerte. Quedan esa clase de sensaciones, pero ahondar esa llaga no parece prudente entendiendo las formas y las realidades; Panamá cumplió con el objetivo trazado demostrando cabeza, algo que no se ve de forma habitual en cualquier categoría.

Lecciones de Oriente


Si me decías hace diez años que tendríamos encuentros con selecciones asiáticas de este perfil hubiese sonado como una verdadera ilusión. Esta es una muestra más de la vitrina que representa el debutar en una Copa del Mundo, no sólo para los jugadores, sino para todo un país en los distintos ejes que conforman el sistema del fútbol dentro del mismo. Las dos selecciones más fuertes de todo el continente representarían una tarea de alto calibre para un combinado nacional en plena reconstrucción y sin técnico confirmado aún de cara a al próximo proceso eliminatorio. No hay nada más excitante en esta vida que afrontar retos irremediablemente complejos por representar la incertidumbre de la novedad, si uno nunca lo hace jamás saldrá de su zona de confort.

Si bien es cierto el año no ha sido nada bueno en resultados para Panamá (1 Victoria-2 Empates-8 Derrotas) no se puede pasar por alto el salto de nivel que han tenido los rivales, que con mayor capacidad técnica y táctica para llegar al área con mejores argumentos que el cambio largo desde la defensa hasta el delantero pivote o los jugadores por banda. Después de la euforia que causó la experiencia de haber jugado en Rusia, el primer golpe bajo lo propinó una Venezuela que, por potencial de plantilla y propuesta de proyecto, aspira a competir en el proceso rumbo al 2022 en Sudamérica. Fuera de las distancias técnicas y los tiempos de trabajo que salieron muy a flote en el compromiso, hubo algunos puntos altos a destacar. Ahora, además del jetlag y otras externalidades, había que jugar contra dos rivales muy duros.

Poner a Michael Murillo en contención respondía a la idea de una medular con capacidad de cobertura hacia las bandas, para cuando el equipo tuviese la pelota Godoy manejara con más comodidad para proyectar hacia adelante

Poco más de 38mil personas presenciaron en Niigata la contundencia con la que Japón pudo sacar una victoria con pocos contratiempos al forzar errores contrarios con muchísima facilidad por tener mayor cobertura de terreno por la velocidad. Y aunque es cierto que hay una mayor diferencia de goles entre las realidades futbolísticas de cada selección, quedó esa incómoda sensación que pudo haberse hecho un papel mejor. Aunque ciertamente quedó en evidencia que algunos jugadores no supieron aprovechar la su oportunidad en el terreno, la intención táctica no era mala; poner a Michael Murillo en la zona de contención respondía a la idea de una medular con capacidad de cobertura hacia las bandas, para cuando el equipo tuviese la pelota Godoy manejara con más comodidad para proyectar hacia adelante sin una presión difícil. 

Cuando se lo propuso, que no fue con mucha prisa en todo el juego, el local encontró espacios para escurrirse a las espaldas de los defensas. Para el complemento las cosas mejoraron en cuanto a protagonismo dentro de la cancha para la visita, siendo fundamentales los ingresos de Cooper y Martínez, este último, a opinión personal, se le ve mucho potencial de ser fundamental para este nuevo proceso, solo que precisa de más trabajo con el colectivo base para acoplarse en su totalidad. Con esto y tomando en cuenta los resultados recientes, el próximo rival debía ser una pesadilla en cuanto al resultado, pero para sorpresa honestamente se pudo trabajar muy bien el partido, recomponiendo desde abajo ante un equipo tan duro como Corea del Sur.

Si los japoneses trabajaron por el sector derecho de la defensa panameña, los surcoreanos lo hicieron por la izquierda para sofocar a la defensa con desborde tras desborde. Notable sin lugar a dudas fue la reacción ante dos goles abajo frente a un equipo que parecía tranquilo manejando el partido y pudiendo encajar más anotaciones. Se pudo responder a ese asedio con mejores anticipaciones a la circulación y llegando a presionar arriba cuando se pudo, forzando inclusive un fallo para el gol del empate. Las sensaciones cambiaron drásticamente de preocupantes a positivas porque el equipo se sintió más cómodo dentro de la cancha ante un equipo difícil. Una vez más fue evidente que a Panamá le sienta mejor jugar con un 4-4-2 que con el 4-2-3-1; dos delanteros merodeando el área rival pivoteando dentro y alrededores es mucho más peligroso que solo uno, también porque la posición de mediapunta requiere de un perfil con más inteligencia que fuerza o velocidad, una opción que puede ser trabajada con ciertas individualidades de este proceso.

Quedan dos jornadas de selecciones en el 2018. Habrá que esperar se confirme el nuevo entrenador, a cual varios apuntan será nuevamente Julio Dely Valdés, para sentarse a pulir el estilo de juego con el que se quiere trabajar rumbo a Qatar. De momento, hubo bastante para aprender del tiempo vivido en Oriente, ojalá haya sido notado por las entidades directivas de cara a una mejora preparándose para nuevas ilusiones.

Foto: AS América

El campo feliz


Nunca me imaginé como sería el día. En definitiva es muy distinto vivir un Mundial apoyando a un país ajeno que al propio. La ansiedad es distinta; esos pensamientos de lo que pueda suceder al momento que ruede el balón brindan una extensa gama de reacciones químicas en el cerebro que simplemente no se pueden controlar... que alegría. Lo mejor de todo, es que tocaba vivirlo un lunes. Pocas cosas en la existencia del hombre pueden amainar la pesadez de arrancar una nueva semana.

A primera hora, Suecia ganaba en el partido sin dudas más aburrido de este arranque mundialista ante una Corea del Sur alejada de cualquier posibilidad real de meterse a la siguiente fase, muy evidente desde la forma en la que desarrollan un juego muy temeroso, indiferente de las múltiples virtudes que el perfil de jugadores le brindan al entrenador. Pero no, no importaba en lo más mínimo. Jugaba Panamá a segunda hora, siendo responsable del colapso de todo y todos. Absolutamente todos.

La Bélgica de Roberto Martínez que se perfila como una de las grandes animadoras del torneo puso su línea de tres al fondo y una lluvia de volantes de llegada, con su cerebro De Bruyne en el área de recuperación y a una torre Lukaku cuya función es mucho más elemental para este conjunto que plantarse dentro del área chica para esperar centros medidos. Que locura realmente, desde el ya distante octubre hasta ahora cuesta muchísimo creerse lo que estaba por suceder para esta selección y estos muchachos, otro nivel de fútbol con el cual codearse.

Jamás me hubiese imaginado a Panamá hacer cambios ofensivos en un partido del Mundial, pero ante un rival que tantas facultades para hacer daño tiene no parecía algo del todo sensato.

Bolillo apeló a la lógica de la plantilla a disposición y con la única de juego aplicable para competir en estas instancias: defendiéndose. Si todavía me parecía increíble el haber llegado al torneo, poder aguantarle tan ordenadamente a un equipo con tantas variantes adelante fue un mérito increíble, sobre todo de los laterales que supieron ordenarse para cortar diagonales e imponerse en el cuerpo a cuerpo muchas veces, resaltando hasta la saciedad la capacidad que tuvo Michael Amir Murillo para codearse en infinidad de ocasiones con Eden Hazard.

El complemento llegó con un gol muy pronto que, aparte de descolocar tanto los conceptos en cancha como la serenidad del equipo, empezó a generar presupuestos en el entrenador panameño que, por más plausibles que puedan encontrarse, ciertamente son irresponsables como para poner en práctica dentro de la Copa del Mundo. Jamás me hubiese imaginado a Panamá hacer cambios ofensivos en un partido del Mundial, se me puso el corazón chiquito de solo ver la valentía con la que se fue todo hacia adelante, pero ante un rival que tantas facultades para hacer daño tiene no parecía algo del todo sensato.

Entonces vimos como la valerosa forma de ir para adelante de los nuestros evidenció las enormes distancias deportivas pero sobre todo físicas, dando como resultado un partido que fácilmente pudo haber terminado con más de cinco goles de distancia. Y así fue, por primera vez pudimos comprender en carne propia lo que significa estar en esta clase de escenarios, los cuales exigen más que buen oficio o preparación, cabeza fría para poder llevar algún tipo de posibilidad para competir. Por si alguien todavía lo dudaba (no puedo imaginarme cómo), no avanzaremos de ronda, pero eso es algo sumamente lógico porque no hay con qué para sacar adelante la progresión, menos cuando hay una Inglaterra que sufrió para ganarle a Túnez que decían (tampoco comprendo cómo) era el más flojo del sector.

Pero olvidémonos de eso por un momento. La amargura de la derrota no puede ser un factor que nos haga omitir lo que sucedió en este país. Salí a las calles y veía todo de rojo. Las entidades públicas, los buses, las áreas de alimentos en los centros comerciales... todos uniformados. Espero que se sepa valorar lo que el fútbol y nadie más ha sabido hacer. Hermanos míos, por fin hemos saltado todos juntos al campo feliz de la unión.

Hay que atreverse


Cada vez que me subo a un taxi o Uber busco sacarle conversación al conductor de turno, esa necesidad de compartir ideas es imprescindible a cualquier nivel de diálogo. Aunque a veces no haya conexión inmediata con la otra persona para sentirse en una charla de confianza, el fútbol es el tópico ideal para limar cualquier tipo de aspereza perceptible. Durante las últimas semanas a tan poco para el Mundial, he podido compartir impresiones diversas: desde Tagliafico como titular por izquierda en Argentina, la peligrosidad del recambio brasileño, mis expectativas marroquíes, la algarabía de amigos españoles hasta la inaludible relación de amor/odio para con la selección de Panamá.

No me deja de sorprender como a veces esto es todo lo que alguien puede necesitar para sacarse la tensión de un día laboral o los problemas del hogar, aunque haya que pasar por montañas rusas de alegrías y tristezas. El camino hasta el primer Mundial panameño ha tenido experiencias tan pero tan bizarras -en el sentido anglosajón de la palabra- que aún cuesta realizar la magnitud de lo que estamos tan cerca de vivir... faltando apenas 12 días. Es un fenómeno propiciado por el nervio, la expectativa y adrenalina que se manifiesta producto ella, la Copa del Mundo. Pocas cosas generan ese tipo de cosas en la gente.

Para los pupilos del Bolillo, la última prueba antes del debut en Sochi ha sido ante Noruega. Ciertamente los escandinavos no han tenido mucho protagonismo reciente ni en general hablando de relevancia para este deporte, pero cualquier proyecto que tenga a Lars Lagerback como puntal de lanza y con una camada de juventud emergente puede intimidar hasta al más aclamado de los estrategas. Apuntando a la idea de juego, el estratega colombiano dejó en claro su postura de juego con el 4-1-4-1 que será desplegado por el conjunto panameño en territorio mundialista; la base de centrocampistas Gavilán-Godoy-Cooper es innegociable para buscar fútbol generado más allá del famoso pelotazo, que gracias a todas las deidades se despliega cada vez menos en nuestras filas.

Hubiese parecido que ante Suiza se aprendió la lección, pero en esta clase de partidos la mínima pifia o duda termina costando el resultado final. Al equipo le tomó tiempo encontrar comodidad posicional en la cancha, sobre todo para balancear un costado izquierdo que hacía aguas con todas las habilitaciones a espalda del lateral. Cuando supo poner el balón a ras de suelo y sacarle la pelota a los noruegos, ya había un gol en la bolsa para intentar remontar. Para el segundo tiempo los europeos cedieron mucha más iniciativa y se mostraron cosas positivas en cuanto a la generación de juego, pero de nada sirve aplicarse tácticamente cuando hay dificultades para ver portería.

Me pareció muy curioso, hubo profundidad cuando Díaz y Murillo carburaron por la derecha, el balón circulaba desde los centrales hasta las bandas, pero cuando hacía falta devolver la pared o el pase al centro del área chica, nadie lo hacía. No sé si era el nervio o la falta de visión de juego para cambiar la pelota o buscar un disparo que diera rebote, pero muy poco se dio. Panamá ha tenido, tiene y por lo visto tendrá un problema en ofensiva tremendo, se sigue adoleciendo de esa picardía para el toque final dentro del área. Por lo demás se está notando el trabajo, pero adelante sólo es cuestión de atreverse.

Playa Canalla


Salía de la ciudad el domingo a las 5 de la mañana, por lo cual debía estar despierto más tardar a las 4:40... después de acostarse a las 2:30. Irse a dormir con la idea de dormir menos de tres horas ya generaba un estrés previo al que inevitablemente llegaría debido a la falta de sueño y por supuesto el temor a dejar una mala impresión para quien se encargaría del transporte. Curiosamente desde las 4:20 ya tenía los ojos abiertos, adoloridos y pesados sí, pero el entusiasmo por conocer el destino con todas las facilidades brindadas priorizaba sobre la necesidad corporal. He vuelto costumbre el salir con alguna cosa poco planificada en un intento por hacer el día a día más interesante y retador para conmigo mismo; aunque no todo te puede andar bien, está ese otro alto porcentaje de cosas que sí llegan a suceder mejor de lo esperado. 

En un capítulo más de ese abanico de infinitas posibilidades tuve la oportunidad de conocer San Blas o si queremos ceñirnos en términos geopolíticos, la Comarca Guna Yala. No tenía recuerdos de haber estado antes, porque la única vez en la que había pisado aquel sueño caribeño tenía seis años según comentan aquellos que para ese entonces tenían una noción más lúcida del presente. Por ello y por el hecho que todas las personas que conozco tienen referencias que instan a imaginarse un verdadero paraíso. Y siendo honestos, es algo que no se escapa de la realidad. Es increíble como el color de la arena cambia tanto la estética de un archipiélago y lo convierte en un emolumento a la felicidad de la gran mayoría de las personas que lo visitan, en definitiva no fue la excepción. Ese escape de la ciudad se consagraba como una ventana para desconectarse de la realidad unos días, claro, mucho más de lo último cuando te quedas sin data el primer día.

Debido al cansancio por el nulo sueño iba con los ojos cerrados en el bote desde el puerto hasta llegar a Isla Diablo donde me quedaría. En ese tramo acuático me permití soñar con algunas de las cosas que me encontraría durante el tiempo a pasar allí, pero jamás me hubiese pasado por la mente encontrarme una bandera de Rosario Central amarrada a una palmera. De 365 islas tuve que caer en una donde los del ferrocarril habían marcado territorio, teniendo una certeza enorme que allí nadie, absolutamente nadie, mira los partidos del fútbol argentino. Hay más de cinco mil kilómetros de distancia entre Guna Yala y El Gigante, por lo que aquel mosaico bizarro -en el sentido anglosajón de la palabra- sería una de las cosas más jocosas que puedo considerar he visto en mi vida. ‘’Estos rosarinos son tremendos’’ me decía Meli, una porteña que conocí contemplando el amanecer del día siguiente. 

Es cierto que desde la época del Ferrocarril Central Argentino los rosarinos siempre buscaron hacerse sentir desde el interior de la Argentina, donde con el fútbol se rompieron miles de barreras y se han consagrado como territorio cantera de mucho peso para las selecciones nacionales y el fútbol élite en sí. Aquellos hinchas de Central me abrieron los ojos al significado del equipo, de lo que representa moverse a cualquier parte siempre con los colores y, sobre todo, hacerse sentir a donde quiera que vayas. Es innegable que el fútbol cruza fronteras y no entiende de diferencias culturales, como cuando hablando con los balseros me comentaban de qué debía hacer Bolillo Gómez para el Mundial o porqué el Real Madrid iba a ganar la Champions. Lo más curioso del todo es que próximo a abandonar aquel paraíso, conversaba con los locales, enterándome que todos pensaban era una bandera de Boca Juniors. Tremendos, tremendos esos Canallas.

La interminable resaca


El radiante clima que se vive estas fechas en Bocas del Toro me han hecho reflexionar con más detenimiento, a pesar de que por estos lares la vida ande más que acelerada. La ciudad se vuelve inevitablemente rutina, por lo que salir a tierras distintas siempre representa una desconexión importante y completamente necesaria, en donde el tiempo del que se dispone termina siendo invertido en cualquier actividad que ante la costumbre de la ciudad es muy ligero y calmado. Aunque claro, para los allegados lo que uno hace con su tiempo libre dista mucho de ser tranquilo. Pero bueno, hablemos de fútbol.

Especialmente, de porqué me enamoré del fútbol. Y la verdad es que al sol de hoy todavía no puedo creerlo. Pena debería darle a una sociedad que se dice así misma avanzada detener los relojes y actividades cotidianas para mirar lo que hacen 22 personas en shorts corriendo detrás de un pequeño balón blanco. Desde Rudyard Kipling y pasando por Jorge Luis Borges, muchos pensadores han visto al balonpie como opio para los pueblos oprimidos, los cuales se concentran en su condición de precarios al poner prioridades tales como un deporte que ningún tipo de beneficio directo le acarrea además de una discutible alegría momentánea. 

Animales. Incivilizados. Ignorantes populistas. Como hay de todo en este planeta, lo único que se puede hacer es dejar que el resto de la plebe hable. Pueden hablar lo que quieran, pero este deporte mueve muchísima más gente que cualquier otra cosa. No me refiero a compararlo con alguna otra disciplina que implique actividades físicas recreativas, sino a la gama de sucesos que se dan dentro de la vida misma. Y este pequeño país fue testigo de ello el pasado martes 10 de octubre. Como se podría decir en otras épocas, ese fue nuestro ''Dia D''.
Es increíble el efecto que tiene el gol sobre la gente.
Creo que no hace falta repasar el partido. Estoy seguro que todo el que le este dando una leída a estas lineas seguramente tendrá el recuerdo fresco de aquel estresante encuentro con un final lleno de éxtasis. Se me eriza la piel escribiendo en este preciso momento sobre ello, dado que todas las sensaciones de satisfacción saltan a primer plano. Pero, antes de ello, no puedo dejar de decir todos los sinsabores que se tuvieron en menos de 24 horas.

Tras el bodrio que termino siendo la presentación de Panamá en Orlando la noche del viernes anterior, la desesperanza se había tomado a muchos ciudadanos locales. Mi trabajo me permite percibir directamente esas vibras colectivas, las cuales siempre me dejan analizando el panorama global del asunto. Esos cuatro goles recibidos irónicamente habían quitado presión sobre algunos panameños, porque la clarificación ya la veían descartada. Otros como este servidor mantenían la calma y esperaban que se hiciera lo necesario para llegar al menos al repechaje.

Pero es increíble el efecto que tiene el gol sobre la gente. Un partido en el que realmente pudimos ser humillados visceralmente si los ticos hubiesen querido, termino definiéndose con un gol que tuvo factura de haberse concebido con muchos más huevos que fútbol. El Capitán sacio la sed de gloria de mas de tres millones de personas que sin tener muchos méritos a nivel de desarrollo de este deporte dentro de las fronteras, ha tenido muy de cerca las mieles de cosas ''grandes'' para tener tan poco tiempo en el ruedo estelar, dentro de las limitantes evidentemente.

Haber vivido aquella devastadora película en casa rumbo a Brasil 2014 sin lugar a dudas sirvió de lección para todos. A pesar de que seamos por definición muy exigentes ante cosas que no tienen argumentos para satisfacer esas exigencias, es irrefutable que se vive con mucha esperanza. Como al final del día es lo ultimo que se pierde y no cuesta nada, aferrarse a ella no resulta una tarea imposible de realizar. Las cosas mas improbables tenían que darse para que pudiésemos meternos directo a la Copa del Mundo... y se dieron.

En mis 23 años de vida no recuerdo haber vivido tal cosa como la de aquel 10 de octubre. Me quede en el trabajo hasta tarde para ver el juego y apenas calificamos salí. Era una sensación extraña, la defino como una alegría paralizada; paralizada por la forma en la que todo se había dado y porque era algo nunca antes vivido. Camine un par de cuadras rumbo al metro en una calle vacía, hasta que pitazos a lo lejos y cerca, gente gritando, cantando, pasando con la bandera de Panamá hondeando a medida que avanzaban en la avenida. No aguante mas y rompí a llorar.

Me fui llorando por la calle hasta la Cinta. La gente se acercaba, te abrazaba, lloraba un rato contigo. De pronto todos estaban en la calle, con la Vía Israel trancada y todos los accesos a Paitilla en iguales condiciones. No se cabía un alma mas y la gente no paraba de llegar. Te regalaban pintas, te encontrabas con ticos que celebraban contigo como si fuese de ellos la primera calificación. Me toco ver cerca del Miramar un bus con aire que la gente en la calle no dejaba pasar por la fiesta; cuando alguien de adentro saco una bandera de Costa Rica, los de afuera agarraron trombones y tambores arrancando una mini fiesta con un bus que se movía de un lado para el otro con la afición tica adentro bailando al son panameño.

No puedo dejar de llorar con el solo hecho de recordar aquellas escenas. Y es que todavia no me lo puedo creer. En esta jornada de repechajes en los noticieros deportivos repasan resultados de los equipos mundialistas, mencionando Panamá. En las infografías que siempre ponen de los clasificados a Rusia 2018 aparece como tercero de Concacaf dentro del Mundial el pequeño país canalero. Mucho menos me voy a creer cuando el 1 de diciembre estemos viendo el sorteo de la Copa del Mundo y en uno de los bombos se va a encontrar este país.

Fue un sueno hecho realidad. Creo que desde aquella Hexagonal del 2005 todos en este país empezamos a ir acumulando el deseo de alcanzar la cita grande del fútbol. Entre frustraciones, alegrías y golpes fuertes, la selección supo madurar en el tiempo acompañado por los años de vida de cada uno de sus integrantes. Es un logro mayúsculo del técnico, que curiosamente consiguió la calificación al Mundial con los peores 11 meses de nivel deportivo de esta selección desde que el estratega colombiano tomo las riendas. Pero las observaciones tácticas se pueden dejar para después. Pase lo que pase en los próximos meses yo sigo celebrando, porque esta resaca es de esas que desearías fuera interminable.

Escrito iniciado en Isla Colón, Bocas del Toro, el 3 de noviembre de 2017.

Buenos panameños


Fue mucho más sencillo de lo que la gran mayoría del panameño hubiese esperado. Muuuucho más sencillo. Más allá de los discursos de calma que todos, inclusive yo, esperaría leer en una publicación de este espacio, no puede ser recriminado que este deporte une y genera pasiones como muy pocos. El que me discuta cuál disciplina puede ser más estresante o llena de alegría como el fútbol lo desacredito de inmediato. Para muchos les es odioso que hayan ''millones de entrenadores'' o los famosos conocedores del fútbol, sin embargo para este servidor le llena de satisfacción que la discusión de lo que es y puede ser un partido es única.

Olvidémonos del encuentro y del rival que evidentemente no está a la altura de nada significativo como para creernos ahora la novena maravilla del mundo. Quiero salirme un poco del análisis de siempre, primero que nada porque tácticamente se hace complicado rescatar algo de lo mismo dentro de los 90 minutos disputados en el Rommel Fernández y como más importante, en segundo lugar, la fuerza del momento creo que debe prevalecer sobre cualquier argumento bueno o malo que haya tenido este compromiso eliminatorio.

Creo que toda la percepción general de la selección nacional cambió a los 39 minutos. Es que no podía ser. Muy lindo como para ser cierto. En la experiencia íntima de este su servidor, no recuerdo un gol que me levantara así del asiento por parte de Panamá desde aquella irreal chilena del Matador Tejada ante México en el 2005. Luego de las oportunidades que había tenido para que el resultado en la última visita fuera muy distinta a la definitiva, Gaby demostró esa sed de callar bocas y por sobre todas las cosas aportar para una causa colectiva con una verdadera delicatessen técnica.

Mientras unos aprovechados salvan sus trabajos con este resultado, otros sencillamente dejan imágenes difíciles de borrar de la retina aún cuando los días transcurren. A falta de dos jornadas para el final de la Hexagonal estamos dentro de la próxima Copa del Mundo. Fácil de digerir no lo es en definitiva, tanto para bien como para mal, pero lo cierto es que se está viviendo un sueño que se espera mantener para convertirlo en una realidad. Como falta, lo sano para todos es mantenerlo dentro del espectro de posibilidad.

Aunque pedir paciencia es delicado aquí en Panamá. Lo es ahora y siempre lo ha sido. Más allá de los hechos, imprescindible es mantener los pies sobre la tierra, con todo lo que acarrea un proceso mundialista dentro de este sector del mundo y con la forma en la que muchos resultados se están dando. Como se me salió una lágrima al ver el gol de Torres, debo ilusionarme solo como una manera de masoquismo. Debo ser un buen panameño.

Contra la marea


Como se ha vuelto una maldita costumbre, he reaparecido después de mucho tiempo en el abandono. Mis planes de convertir este blog en un punto de encuentro para todos difícilmente podrán cumplirse al ritmo de vida que este servidor tiene. Pero, por enésima vez doy un intento para que las cosas se den en la forma como la que planeo a corto y mediano plazo con este espacio. Oportunista, como siempre, encontrar luces de inspiración en momentos futbolísticos innegablemente atinados para que el debate y la sana convivencia se fomente... claro, como si eso se diera en Panamá.

Estoy harto de que la gran mayoría de los debates previo a los encuentros de la selección mayor de este país, ya sea en eliminatorias mundialistas o torneos regionales siempre terminen reduciéndose a un puñado de periodistas que compiten por quién tiene más popularidad y ''peso'' en el mundo de la multimedia; y cuando no se trata de lo anterior terminamos dando vueltas en discursos xenófobos, los cuales cometen la grave falta de querer maquillarse en el velo de un patriotismo que a criterio muy personal de este servidor causa verguenza para con propios y ajenos.

No merece gastar tiempo en discutir todo lo ocurrido antes del partido ante México el pasado fin de semana, porque además de que todos los que estén leyendo esto sabrán a lo que me refiero, termina siendo una discusión que con el fútbol nada tiene que ver. Sin embargo es imposible dejar de pensar que es una de tantas externalidades que influyen en el fútbol de un país tan pequeño como este. En definitiva las palabras no juegan, no permean -o no deberían- directamente sobre el desempeño del equipo, pero indudablemente mueven la percepción y expectativas de masas hambrientas de una gloria que sin temor a equivocarme puedo decir inmerecida.

Inmerecida porque Panamá nunca ha tenido tradición futbolística o ni siquiera una estructura de desarrollo mínimamente buena para este deporte. Aunque bueno, equipos con peores condiciones han estado en Copas del Mundo y nadie les ha dicho nada. Pero como sabemos, el fútbol nunca es justo. Simplemente se reduce en oportunidades, las cuales hay que saber aprovecharlas o de lo contrario lo único que queda es el rechazo y la frustración de irse con las manos vacías, independientemente de cual sea el objetivo de determinado equipo. 

La derrota del viernes en el Azteca ha dejado a la gran mayoría de la población con un sinsabor de boca muy grande y la verdad es que me niego a creer el porqué. Estaba en los papeles y era lo más lógico irse con las manos vacías del coloso de Santa Úrsula, pero aún así muchos terminaron el partido con sed de revancha para con los rivales y principalmente los nuestros. Comprendo a la perfección esto debido a la burda promoción que todos los medios y las televisoras principalmente le han dado a un equipo que poco más de lo que presentó ante los mexicanos tiene. Somos un país con una selección mediocre y quizás hasta menos en términos meramente deportivos, pero agradecidos debemos estar que con ello se mantengan posibilidades reales de ir al Mundial. 

Cuatro días después de la segunda derrota en este proceso Hexagonal se presenta una oportunidad de levantar cabeza y volver a encaminar el camino. No será sencillo entendiendo que somos deficientes cuando hay que jugar en casa además del hecho que los trinitarios saben que ya no pueden perder nuevamente de cara a mantener vivas sus esperanzas de ir a Rusia. Con todas estas situaciones sobre el mantel es evidente que este partido debe pasar por la fortaleza física, tema clásico al enfrentarse a equipos caribeños, pero mucho más por la mental. A estas alturas, todos los discursos negativistas no ayudan en nada, ni siquiera la amenaza de renuncia que Bolillo -ladrón desde el día uno de gestión- ha lanzado una vez concluída la jornada anterior.

Es un momento de ser conscientes de nuestra realidad, de nuestro entorno y de nuestro fútbol. Inclusive si no se saca el resultado la noche de este martes aún se mantendrán posibilidades reales de ir al Mundial. Hay que sentarse a valorar todo lo que rodea a esta selección nacional y remar para que se den bien las cosas. Esta vez, toca ir contra la marea que hoy por hoy no se muestra del todo optimista.

Actitud de Matador


Lo que me gusta de los partidos de selección internacional es que aquí todo se viste de rojo. Hasta en los medios de comunicación gente que en su vida ha hablado de este deporte, se convierten en hábiles comentaristas y expertos de todos los pormenores del equipo nacional. Le hace un daño terrible a la profesión del periodismo, pero en lo personal no deja de ser una señal clara y esperanzadora del impacto que este deporte tiene en la vida de todos. A nivel de clubes este país está muy lejos de entender el sentido real del fútbol, pero al menos con cada fecha FIFA las cosas se tornan de otra manera. Claro está, no debería ser así, debería ser primero la liga, pero esto es Panamá y hay que entender que esto es lo que hay. El martes 28 de marzo presentaba una ventana importante, una oportunidad para que el fútbol siguiese creciendo con una de esas en las que los chicos se separan de los grandes. Una noche para realmente saber si esa aspiración para clasificar a una Copa del Mundo no es solamente estrategias de marketing de todos los patrocinadores y de las televisoras del país.

Intensidad. Desde el arranque del encuentro los pupilos del estratega colombiano salieron a buscar el partido. Habían entendido la gravedad del escenario en que se hubiese visto un equipo con temor a enfrentar a un equipo con mejor momento anímico como lo era Estados Unidos. La llegada se profundizó de manera importante con la libertad que volvían a tener Negritillo Quintero y Armando Cooper al regresar a un sistema 4-4-2 fue fundamental para aproximarse hasta línea de fondo norteamericana, la cual adoleció mucho cada vez que por el sector izquierdo el lateral Omar González debía hacer las coberturas, dado que en la mayoría de las jugadas fue ampliamente superado por los delanteros panameños. Había fluidez en el juego y hasta comodidad ante un rival que no parecía haber podido encontrar la llave para reencaminar el dominio de las acciones en este partido. Las sensaciones resultaron ser más que buenas en este aspecto.

Sin embargo, el gol no se hacía presente. El reconocido guardameta Tim Howard tuvo que salir a sudar la gota gorda en momentos importantes de la primera mitad; las atajadas más allá de oportunas denotaban la poca serenidad que se tuvo de cara a definir, un tema sensible en esta clase de compromisos. Más allá de la pobre capacidad para definir las jugadas, era evidente el empuje que tenía la selección panameña, empujando hacia adelante y presionando las salidas del equipo visitante. Parecía cuestión de tiempo para que cayera el gol hasta que, por fin, cayó… pero para Estados Unidos. Si algo nos ha enseñado el fútbol es que todos los pequeños errores salen caros, mucho a veces para lo que realmente se presenta en la cancha. Nadie pensaría que Felipe Baloy con todos sus galones de experiencia en la espalda cometería un error tan infantil como el de querer driblar a un delantero que juega en el fútbol alemán, teniendo como resultado un gol tan ridículo como la decisión tomada por el Capitán panameño.

Después del famoso fantasma del gol en contra al minuto 80 y la marcación defensiva en jugadas a balón parado, algo que siempre ha perseguido a la selección nacional es la incapacidad de reaccionar de forma propicia tras ir abajo en el marcador. Derrumbarse y hasta allí llega la historia. Sucede que, Panamá realmente había entendido la gravedad de la situación previo al inicio del encuentro y no bajó los brazos en ningún momento hasta lograr la igualdad en una serie de rebotes que permitieron a Gavilán Gómez volver al equipo a partido apenas cinco minutos después que todo parecía perdido. Lo oportuno que fue empatar antes de irse al descanso sirvió como un aliciente para que en el complemento los ánimos se mantuvieran arriba y la intensidad de juego no cambiara de ninguna forma en búsqueda tres puntos vitales para no empezar a sacar la calculadora una vez llegara junio. Se intentó y se siguió intentando.

La selección de Estados Unidos había entendido su rol en el partido y decidió enfriar las cosas mucho más con su pasiva proyección de juego, no descartando alguna jugada que de contragolpe pudiese terminar obsequiándole tres puntos de visita. Panamá tuvo mucho más la iniciativa, siguiendo con la presión en la parte alta de la cancha y tratando de explotar el regate desde la zona de carrileros hacia el medio, pero ningún delantero tuvo la visión de halar marcaciones o de buscar ser la pared para el pase y de a poco la gasolina para quienes iban por los costados se fue acabando. Los cambios se demoraron demasiado en la búsqueda del triunfo local, a tal punto que el último ya había terminado siendo uno para cerrar las posibilidades de jugadas adversas y conformarse con el contragolpe. El trabajo necesario no se hizo, pero las sensaciones dejadas fueron bastante buenas.

A pesar del estadio prácticamente a total capacidad, el aficionado panameño demostró que no tiene cultura de fútbol, ya que en los momentos de mayor frialdad dentro del campo en vez de alentar y buscar un aumento del ánimo del equipo, fueron cómplices de aquellos lúgubres momentos que tuvo el partido; Panamá todavía no es un país que entiende el fútbol a la perfección, empezando por los que van a la cancha. El empate no ha sido suficiente, pero nadie pudo haber salido molesto de lo visto en el Rommel Fernández, ya que el equipo mostró actitud, un factor que pesa mucho más en eliminatorias mundialistas que el mismo fútbol. Ver a un futbolista como Luis Tejada, con 35 años en su haber pelear cada balón hasta la parte baja de mitad de cancha genera mucha ilusión, ya que de mantener ese espíritu en lo colectivo, se pueden lograr cosas importantes. Hay que ser como Tejada, hay que ser un verdadero Matador.

Imponer sobre pretender


Después de una Copa Centroamericana que sirvió fundamentalmente para observar los dotes teatrales junto al amplio diccionario que posee el seleccionador Hernán Darío Gómez y cualquier otra cosa menos fútbol, el combinado nacional panameño salta a la cancha, esta vez en el Hexagonal. Luego de dos partidos disputados las sensaciones generales apuntan al éxito en la misión de llegar a una Copa del Mundo, aquello que se escapó de las manos en tan nefasto octubre de 2013. Como todo lo malo de la vida se traduce como ''experiencia'', este inigualable país de casi cuatro millones de habitantes entendió que primero hay que caerse para poder levantarse. De la mano del Bolillo se pretende lograr algo que hoy por hoy es bastante posible, debido a la mejoría del equipo así como en gran medida a la mediocridad que el resto de contendientes ha venido demostrando en los últimos dos años. Pero así como hay que recuperarse, es importante saber caminar antes de correr.

Cuatro puntos no sientan nada mal para haber arrancado el camino al Mundial. Un partido lleno de buena fortuna para los nuestros y un nulo espectáculo en la visita de los mexicanos han sido suficientes para haber conseguido técnicamente un tercio de las unidades necesarias para estar en el gran torneo. Como apuntaba anteriormente, mucha mediocridad de los rivales. Sin embargo, no todo es malo; la aparición de piernas frescas en la selección brinda una esperanza de que las cosas pueden venir para mejor a futuro, algo que pocas veces se puede decir en cualquier ámbito siendo panameños. Más allá del aporte al dibujo táctico, es positivo que se presenten rostros que quieren hacerse un hueco, dando el 100% en sus presentaciones. Aunque, claro, sabiendo que no todos tengan esa chispa necesaria para poder formar parte de una solución a corto plazo para diversas falencias que tiene este equipo.

Así como en la primera jornada, la tercera fecha del calendario presenta uno de los partidos más importantes en esta eliminatoria. De ninguna forma menospreciando los demás compromisos, jugar con los rivales a priori directos en la competencia  suscita mucha expectativa y se cae de su peso que son resultados que dentro de unos cinco meses pesarán en las aspiraciones finales de cada país. Habiendo realizado el trabajo en San Pedro Sula, la otra visita en la que realmente Panamá debe procurar sacar un resultado lo más positivo que se pueda es en Trinidad y Tobago. Existe una ventaja importante en el hecho que las condiciones externas de esta clase de compromisos no afectan, dado que en el clima y condiciones de los terrenos de juego Panamá presenta muchas similitudes a los equipos rivales. No es un secreto para nadie que el Caribe le sienta muy bien a Panamá recientemente.

En cuanto a lo que va en la pizarra, con el ya confirmado 4-1-4-1 que presentará la selección en su visita a Puerto Príncipe, la idea es clara: contrarrestar la fuerza y velocidad rival partiendo con la idea de romper las líneas de pase. Al querer medir capacidades en el cuerpo contra cuerpo, Panamá adolecerá en este aspecto ante una imponente defensa trinitaria, siendo más igualado este duelo en lo que respecta a la defensa visitante ante ataque local. Román Torres y Felipe Baloy apelarán a la veteranía contra otro experimentado como Kenwyne Jones, que de su altura y facilidad para rematar de cabeza deberá tener mucho cuidado una zaga que históricamente siempre ha tenido problemas con las jugadas a balón parado. El trabajo para Amílcar Hemríquez y Aníbal Godoy será pesado; el mediocentro de Trinidad y Tobago es indiscutible para el estratega Dennis Lawrence.

Con Kevan George y Khaleem Hijland los caribeños ganan mucha presencia en el centro del campo. Los dos mediocentros indiscutibles tienen un trabajo fundamental en cualquiera de las formaciones que su entrenador presente, ya sea con uno o dos delanteros. No fue mera casualidad que en el primer encuentro de la Hexagonal se impusieran en la posesión del balón ante Costa Rica, que aunque no influyó directamente en el marcador, se asienta la idea de que robarle el balón a los ticos nunca es tarea fácil. Neutralizarlos parece ser bastante complicado, pero con una prudente salida del balón con el mismo a ras de suelo parece ser suficiente para evitar que los cambios de juego largos se hagan presentes por parte de estos dos contenciones. 

Aunque no parezca del todo fácil, las posibilidades de sacar un buen resultado del estadio Hasely Crawford son altas si se entienden las llaves del mismo. Antes de pretender que la selección de Panamá estará en la Copa del Mundo, lo primero que hay que hacer es imponer la propuesta de juego que se tiene y el cual todos los seguidores aspiran a que sea suficiente para llegar a Rusia en junio del próximo año. Estos son los partidos que se deben ganar, ya que esa cuarta plaza de la tabla, que es a lo que realmente se aspira, tiene dos nombres como rivales, y a uno ya se le venció en casa. Lo único que pide este servidor es que no rebanen la pelota de un lado a otro como si fuera un partido de tenis, aunque a veces esto parece ser mucho pedir para algunos combinados nacionales.

Haciendo patria


Un verdadero desastre. Como si no fuese suficiente el nivel de competencia para ahuyentar en cierta medida al público indeciso de esta competencia, ahora ocurre un incidente de proporciones épicas y bizarras. en el sentido anglosajón de la palabra, que por encima de todas las cosas le da un golpe muy bajo a la credibilidad de la competencia. Sencillamente fue algo vergonzoso; sin embargo, uno en el calor de las circunstancias, de la impotencia causa hasta una cruel sonrisa.

No es mi objetivo hacer leña del árbol caído. Hay muchos nombres dentro de este ámbito, a quienes respeto y estimo mucho, pero que ciertamente utilizan esto para campañas meramente populistas. Yo no gano nada con ninguna postura en esta situación, inclusive han visto que para el ámbito nacional es extremadamente complicado que salga a emitir algún juicio, pero las circunstancias del momento se hacen tristemente ideales para confirmar pensamientos que muchas veces discrepan con las del colectivo.

Todavía hay gente que duda de que el fútbol levanta pasiones. Este deporte es como muy pocos, siempre tendiendo distintas huellas, siendo esta no una muy presumible, diciéndolo de alguna forma. Las cosas se salen de control cuando no entendemos la gravedad de nuestros actos y tampoco el alcance de los resultados del mismo. Directivos, administradores del estadio, jugadores, aficionados, periodistas... La culpa es de todos. Hemos creado una esfera de medias verdades sobre una liga que no vende por la baja calidad de fútbol que posee. Cuando esa esfera se calienta mucho explota de maneras que uno nunca podría haberse imaginado.

Lo bueno de todo el asunto es que en cuestión de horas se han producido cientos de ideas por parte de la gente que sigue a esta liga en alusión a lo que podría ser una solución para problemas de nunca acabar como estos. Se siente como una pequeña espina en la herida el hecho de que todo se piense cuando ya han sucedido las desgracias, pero eso da muestra de que la gente aprende de sus errores (?) y que sabe como pudieron llegarse hasta a evitar.

En Fútbol en la Tarde ni siquiera nos tomamos la molestia de hablar respecto al tema en el programa de esta semana, porque realmente no vale la pena por lo perjudicial que termina siendo para el juego. Hasta que despertemos de la nube de ilusiones y sueños en la que vivimos, el panameño con actuaciones así demostrará cómo vivir haciendo patria.

Nada como pertenecer


No hay nada como el fútbol. Puedo empezar un texto con esa línea todas las veces que sea necesaria, puesto que es algo en lo que creo y considero que nada puede ser más cierto en esta vida que eso. No es cuestión de una pelea entre Messi y Cristiano lo que sustenta la idea de este deporte; no es la Champions o el Mundial lo que le dan sentido al porqué el fútbol es un fenómeno de magnitudes.

Vivir en una nación en donde el fútbol tiene una historia verdaderamente corta al ponerse en comparación con otras latitudes en donde el deporte se vive de una forma muy distinta, algunas veces dificulta el desarrollo de lo que son cimientos básicos. Esa carencia de historia ha dado forma a una realidad que ha sido consecuencia del pasar de los años: Panamá no tiene un cultura futbolística. Por más que todos los excesivamente nacionalistas e interesados económicamente en el asunto, esta es una realidad a la cual no se puede escapar.

Así se quiere llegar a un Mundial... pero eso es harina de otro costal. Todos estamos anuentes de que el balompié panameño adolece de muchos problemas,porque, como todo en este país, está muy mal planificado de cara al progreso. Siempre es fácil encontrar las deficiencias del sistema, pero a la hora de dirimir responsabilidades, se mira hacia otro lado; todos los envueltos en el sistema y en el fútbol (fanaticada-periodistas-dirigentes-federación-jugadores) tienen culpa compartida en todo el asunto, tanto que pueden ocasionar algunas veces en que la historia no pareciese tener una clara solución.

Mientras esa armonía llega a nuestros lares, me remito a los hechos consumados en el transcurso de la última fecha de la liga local. La imagen del presente texto corresponde a lo visto en el Estadio San Cristóbal, donde se consumó el descenso del Atlético Chiriquí a la segunda división de nuestro país. Dista bastante de poder dejaste postales conmovedoras y dolorosas como lo puede hacer un Levante o Rayo Vallecano, pero el mensaje que se emite en momentos como esos es universal. Cuando parecía que el equipo de Méndez conseguiría las cosas, un solo gol impidió que se mantuviesen en el máximo circuito panameño en detrimento del Alianza, quien sí estará presente de cara a la siguiente temporada.

Es imperdonable para un equipo con problemas que pretenda luchar por salvar la categoría no ganar más de cuatro partidos en casa. En ninguna parte del mundo eso es admisible, por lo cual en ese aspecto no se puede discutir que son los máximos responsables de estar peleando la categoría con el extraño sistema de coeficientes que hay actualmente, cosa que dio a la postre el descenso, por más cerca que estuvo de poder mantenerse. Sin embargo, a todos nos ha tocado en ese ligero hilo de sentimentalismo de la liga que padece tangibles deficiencias; se pierde la plaza más exótica de nuestro fútbol al ser la más alejada del centro de la ciudad, lo cual de toda la vida ha sido una ventana para lugares ajenos a lo cotidiano.

Como todo negocio, en Panamá los cimientos del fútbol se están sentando casi en su totalidad en el centro de la ciudad, con razones que sobran por empezar con el tema de las instalaciones. Pero hay algo que debemos recordar en todo momento sobre este deporte y es en lo que han fallado todas las dirigencias: podrá invertirse mucho capital, pero lo esencial de esta disciplina es el sentido de pertenencia. Es indiscutible que exista la figura de los mercenarios de clubes, porque así las condiciones económicas así lo han dispuesto, pero no hay sentimiento más puro que el de sentirse parte de algo que llena de ilusiones, que forme parte del estilo de vida de las personas por el afecto que genera.

Para que se pueda consagrar el fútbol, primero debe hacer que el aficionado se identifique con ellos, por sus colores, historia y por de alguna manera ser la voz del área en forma de equipo de fútbol... porque clubes no son, acéptenlo. Si no tienes ese elemento fundamental, de nada servirá regalar cosas en los estadios o hacer pautas publicitarias innecesariamente costosas. Esa sensación de pertenecer no e puede comparar con nada. Aunque en cierta medida sea cierto, querer centralizar toda la tensión futbolística entre barrios populosos del país no va a salvar o siquiera hacer caminar una liga que desde todas perspectivas deja mucho que desear.

Las plazas del interior son necesarias para que ese sentimiento se expanda por toda la nación, en donde al único equipo en donde todos están al día es con la selección. Causa cierta tristeza por el descenso del Chiriquí, pensando en la figura del Cholito Méndez, a quien pudimos conocer y compartir algunas ideas previamente en radio y que es el entrenador de este equipo. Este descenso, merecido eso sí, es una derrota más en la lucha por el crecimiento del fútbol en nuestro país. Hay que crecer tanto mental como estructuralmente las cosas para ofrecerle una voz a los pueblos con la que se sientan identificados.

No hay que traer al director deportivo del Bayern ni a José Mourinho para solucionar el problema. Trabajar en canchas y evitar a toda costa situaciones como las que se dieron en el Proyecto Gol de Penonomé son conductas a seguir de cara a la búsqueda de eso, que no se consigue con dinero ni con títulos. La satisfacción mayor del fútbol es que el aficionado se sienta parte del equipo, de pertenecer a una pasión.

Lecciones por aprender


Cuando se tienen un millón de cosas en la cabeza y enfrentas momentos determinantes en tu vida universitaria, las cosas se vuelven un poco complicadas. Pedirles disculpas nunca está de más, pero a estas alturas del viaje creo que son situaciones que se mantienen dentro del margen de lo corriente dentro de estos textos breves que datan del 2011.

En los pocos días que quedan del año todavía quisiera exponerles algunas cuestiones que durante los recientes días se han venido suscitando con Hablemos de Fútbol, pero eso será en otro momento. Por mientras, en unas líneas, siempre es necesario hacer evocamientos a eventos que durante nuestra ausencia se dieron, pero que no perderán vigencia y menos durante los días que estamos viviendo.

La selección de Panamá perdió su segundo partido de clasificatorias frente a Costa Rica en casa... era inevitable pensar que se estaba dando la historia de siempre, aunque con aspectos que al entender de todos carecieron de lógica a nivel mayúsculo. Una vez más, el Bolillo Gómez equivocaba la estrategia de cara a un rival que llegó a nuestro istmo diezmado por las lesiones en un duro encuentro en Puerto Príncipe.

Mostrando más y más algunas deficiencias clásicas

Sensaciones de impotencia y limitación se notaban gravemente en el equipo panameño, que en una cancha mojada equivocó demasiados balones, empezando por el Capitán del equipo,  mostrando más y más algunas deficiencias clásicas. Iba a ser imposible hacer un gol de no ser por la intervención del siempre presente Matador en el partido, es un jugador que le da una dinámica distinta al equipo por todo lo que lleva en sus espaldas. Un buen cierre no pudo ser suficiente.

Para los Ticos el triunfo llegó en buena forma, jugando con mucha calma ante el intento de dominio de balón que hicieron los locales, captando de mejor forma la estrategia para jugar en un césped tan húmedo. Con mucha calidad se hizo presente Bryan Ruiz para dirigir los hilos del encuentro, haciéndose presente cuando su equipo así lo requirió. Con mucho recorrido en el fútbol europeo sigue demostrando que su hoja de vida no ha sido por casualidad.

Si en realidad aquí se sueña con llegar a un Mundial, hay una lección primordial que se debe aprender: los partidos en casa se ganan. No puede negociarse eso de ninguna perspectiva, menos cuando el rival llega con bajas importantes. Apuntando la eliminatoria con una mentalidad mediocre difícilmente nos llevará lejos. Cambiar y mejorar deberían ser los propósitos de todos los mandatarios que vigilan a nuestra selección, porque esta es una lección que por muchas veces se nos haya impartido, nunca se ha aprendido.

Y bueno, Feliz Navidad a todos. Una de las fechas más importantes del año ha llegado, en momentos especiales siempre es bueno recordar que lo más importante es compartir en familia o con los conocidos. Un momento para vivir ratos de tranquilidad y unidad, siempre pensando en que el día sea ameno para mantener un ambiente de tan anhelada paz. Un abrazo grande.
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