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Del Nido Carrasco arremete contra el Real Madrid y el FC Barcelona

El presidente del Sevilla, José María del Nido Carrasco, no se guardó nada en la previa del partido que su equipo perdió 1-4 ante el FC Barcelona. En unas declaraciones contundentes, criticó duramente tanto al club azulgrana como al Real Madrid, asegurando que la mayoría de los clubes de La Liga rechazan la presión ejercida por el equipo blanco sobre los árbitros.

Sobre el Barça, el dirigente sevillista fue tajante: "No me voy a sentar en el palco del Barça hasta que expliquen los pagos a Negreira. Todavía esperamos una aclaración. No han dado una explicación lógica al mundo del fútbol sobre los pagos al vicepresidente de los árbitros". Estas palabras reflejan la postura crítica del Sevilla respecto al escándalo que ha salpicado al club catalán.

Sin embargo, Del Nido Carrasco centró su discurso en el Real Madrid, que en los últimos días ha generado polémica con su comunicado dirigido a la RFEF por el arbitraje en el partido contra el Espanyol. "El comunicado del Real Madrid sobre los árbitros es inaceptable. Pone en tela de juicio el honor de los árbitros y de la competición. Hay que denunciarlos porque atenta contra el fútbol. El Real Madrid intenta destruir el fútbol español", afirmó.

El presidente sevillista fue aún más lejos, acusando al club merengue de intentar condicionar las decisiones arbitrales: "El Real Madrid quiere presionar a los árbitros para que no piten con libertad". Además, mostró su sorpresa por la postura del FC Barcelona: "Si el Barça no se ha manifestado, es que está de acuerdo. ¿De verdad lo hacen para recoger las migajas que deja el Real Madrid?".

Las declaraciones de Del Nido Carrasco añaden más tensión a la ya complicada relación entre los grandes clubes de La Liga y reavivan el debate sobre la influencia en el arbitraje español.

Naranjas amargas

No es un secreto para nadie que la caótica temporada que vive el Valencia responde a la displicente gestión desde que la llave del reino está en manos de Peter Lim, quien funciona como otro ejemplo claro a estudiar al momento de plantearse lo que significa tener una directiva de un club viviendo desconectada por completo de la realidad del equipo y, peor aún, tanto de las necesidades como de las exigencias de la afición.

Con el contexto de ser antepenúltimo del campeonato, el conjunto Che recibió en Mestalla al Sevilla, otro equipo que ha sido una montaña rusa de rendimientos y decisiones directivas a lo largo de la temporada, pero con mejor margen de maniobra para lo que queda de competencia doméstica. Aún lejos del cierre de la temporada, un encuentro en casa supone apuntar a toda costa a sacar los tres puntos, o por lo menos hacer el esfuerzo para intentarlo; estuvo más cerca la visita de llevar peligro al área con Ocampos principalmente.

Rubén Baraja salió con un esquema buscando explotar la verticalidad de sus costados, sobre todo cuando sale de partida un lateral como Lato delante de Gayà por el costado izquierdo. Pese a las intenciones, los resultados no se estaban reflejando dentro de la cancha en la primera mitad; escasez de intensidad en algunas ocasiones y balones divididos que no dejaban mayor consecuencia para el desenlace del resultado. No fue hasta el segundo tiempo que, aparte de los goles, veríamos toda la amalgama de sucesos que no dejaron a nadie indiferente.

La igualdad se rompió en el marcador a diez minutos de empezado el complemento tras un balón parado que encontró en Loic Badé definidor de entre toda la confusión que se dio en el área chica con los rebotes de la jugada, habiendo una falta del propio autor del gol cuando intentaba desmarcarse tras el centro inicial. Ese baldazo de agua fría para los locales sería apenas el arranque de una serie de jugadas que les amargaría el encuentro.

Marcaba la hora disputada en el reloj cuando el Valencia se aproximaba al área con un centro desde la banda izquierda, el cual buscaba el control de Samu Castillejo dentro del área, pero se vio obstruida por la intervención de un Fernando que en el rebote luego de haber intervenido en el control del extremo che hizo contacto con el balón en el brazo derecho, que pese a estar separado del cuerpo en un movimiento antinatural para una defensa dentro del área el árbitro no dio por buena la posibilidad de una pena máxima. Jugada del partido sin dudas que más allá de injusticia o robo, deja muy en entredicho la poca claridad que se tiene con los criterios y el reglamento que especifica más circunstancias en las jugadas de lo que el público general piensa.

Aumentaría la ventaja el Sevilla al 75' tras una gran jugada por izquierda entre Montiel y Ocampos para descolocar a la defensa local. Gran habilitación del delantero para el Campeón del Mundo, que llegando a la línea de fondo hizo el pase de la muerte para Suso que venía entrando en la medialuna del área, rematando con potencia para sentenciar el partido. Pese a que luego hubo otra polémica por otra jugada de penal en favor de los valencianistas, esta vez corrigió con menor discusión tras ver que el contacto de Marcao se dio cuando la jugada no se perfilaba como expresa de gol.

Con Mendilibar en el banquillo los visitantes han ganado mucho en las jugadas a balón parado, consiguiendo destrabar un partido de esos en los que agobiarse no es una opción si quieres sobrevivir. El Valencia lo pagó muy caro, pero queda en el camino una conveniente seguidilla de encuentros directos con otros protagonistas del descenso, a los cuales hay obligación de ganar para evitar que los naranjeros cosechen frutos amargos de esta campaña.

Volar como Ícaro


Las primeras veces siempre son extrañas, incómodas y hasta muchas veces se quieren olvidar. Algunas veces no es así, claro está. Hasta hace unos tres meses parecía complicado poder decir que la primera vez para Jorge Sampaoli como entrenador en el futbol europeo generara dudas al momento de asegurar si ha sido incómoda o placentera; de estar segundo lugar en la tabla de la liga peleando directamente por el campeonato con Real Madrid y Barcelona, a caer hasta el cuarto lugar de la tabla general por debajo del Atletico Madrid en un claro resurgir del conjunto colchonero. Las sensaciones del equipo andaluz dejaban a más de uno con la boca abierta, pensando en todas las vicisitudes que debió afrontar este equipo de cara a la presente temporada.

La salida de Unai Emery representaba el fin de una época que más allá de los títulos obtenidos, marcaba la finalización de una idea futbolística sevillista... o por lo menos una parte sustancial de la identidad. El relevo de este banquillo no podía ser cualquiera; mantener el momento futbolístico en cuanto a la idea esencial no sería trabajo sencillo, aunado al hecho de que piezas clave de la plantilla fueron tomando rumbo una vez finalizado junio pasado. Para un estratega que toda la su vida ha buscado la portería desde arrancado los partidos, con posesiones extensas y planteamientos completamente abocados al despliegue ofensivo más explícito, el fútbol de España era un bonito reto para demostrar su valía.

El pintoresco carácter que demuestra Jorge Sampaoli durante los partidos no es solo una expresión de su amor por lo que hace; como director técnico completo hace mucho tiempo entendió que la motivación es un factor fundamental en este deporte, inclusive mucho más importante que la estrategia de juego en la mayoría de ocasiones. No es fácil convencer a un equipo con el discurso que con el potencial se pueden obtener grandes cosas. Jorge con poco tiempo llevó al equipo al éxtasis, parándose de tú a tú contra los grandes hasta hacerse un real candidato al título de la liga española. Esa sed de triunfo, esa ambición por querer "irrespetar" a los grandes se presentó como un instinto clásico del ser humano: querer superar sus capacidades, ir más allá de los límites hasta lograr lo imposible... casi como volar.

El equipo no tuvo la suficiente fortaleza para saber manejar la presión de ser considerado un candidato al título
Cuando llegó el momento más sensitivo de la temporada, sencillamente las cosas no salieron de la forma en que se tenían presupuestadas. La plantilla ha dado fe de su mediano nivel en el aspecto físico y mental; la eliminación en Champions como en su trepidante bajón futbolístico en la liga doméstica. Muchos nombres dejaron de responder, como Luciano Vietto por las lesiones, Franco Vázquez, Steven N'Zonzi entre otros... el equipo no tuvo la suficiente fortaleza para saber manejar la presión de ser considerado un candidato al título, probablemente por la falta de experiencia de la plantilla en este tipo de situaciones.

Morir con las botas puestas siempre se aplaude, pero a veces es necesario buscar recursos que permitan la supervivencia. Le ha costado mucho a este equipo el hecho de que, sencillamente, los rivales entendieron la idea. Más allá de contrarrestar el esquema de juego ha sido la fácil lectura del parado entre líneas, el cual ha resultado ser muy endeble debido al bajón de nivel de la gran mayoría de los futbolistas que se desempeñan como contenciones en esta escuadra. Ni siquiera las nuevas revoluciones que aporta Vicente Iborra han logrado ser suficientes para que este equipo pueda recuperar el ritmo y ese equilibrio visto en un principio. Tanto voló el Sevilla que quiso subir y subir, pero el calor del sol derritió sus alas en el momento menos oportuno de todos y les ha propinado una caída muy dolorosa en su viaje.

Ahora, el Sevilla ha vuelto a su realidad y Sampaoli ha conocido finalmente lo que significa jugar una temporada en el fútbol de Europa, en donde tres partidos pueden acabar con todo el trabajo realizado en seis meses. La osadía del club español se puede contextualizar en la célebre historia de la mitología griega del vuelo de Dédalo e Ícaro, donde el conjunto andaluz y el estratega argentino son la mezcla perfecta de ambos personajes. Iniciaron la campaña como aquel conmedido pero ingenioso arquitecto, pero el volar como Ícaro ha terminado por derretir las alas de lo que parecía ser otra de esas inspiradoras historias.

Sonrisas en Basilea


Hoy es la Final de la Europa League en su edición 2015/16. Un torneo excesivamente largo, pero una ventana importante para aquellos equipos fuera de la órbita Real Madrid-Barcelona-Bayern para sumar experiencia internacional, así como un buen aporte económico, el cual dependerá lógicamente del rendimiento que tenga cada club. Sin duda alguna es una forma más de hacer negocios y de seguir sacándole al jugo a la ya extinta Copa UEFA, aunque tampoco puedo ponerme de inquisidor al completo, ya que el evento ofrece espectáculos en los que a veces supera a su hermano mayor.

Desde la capital suiza dos equipos brindarán un espectáculo que promete ser generoso tanto para aficionados como para simples amantes de este deporte, en donde, al entender de este servidor, los pronósticos son reservados. Haciendo un recuento de lo que fue la temporada en esta competencia, pocos podrán quedar insatisfechos por la presencia de estas dos escuadras, viendo con claridad que frente a frente estarán los dos mejores en donde sólo uno podrá ser Campeón.

Por un lado, estará el Liverpool. El equipo que nunca camina solo arruinó las ilusiones de tener dos finales europeas con clubes españoles, habiendo eliminado de forma clara al Villarreal en la semifinales de la competencia. En una clara y paulatina influencia de su estratega, los Reds fueron de menos a más en el transcurso de una competencia en la que tuvieron una fase de grupos sin mayores sobresaltos ni para rescatar, para luego hacer una labor en cierta medida increíble en las fases de eliminación directa, en donde se debe resaltar, le tocaron rivales complicados desde la ronda de octavos de final.

Teniendo como estandarte principal el épico encuentro ante el Borussia Dortmund en cuartos de final, de un gran manojo de nervios pasó a irradiar seguridad así como felicidad el conjunto inglés, tal y como la cara del incomparable Jurgen Klopp lo demuestra. Llevando la pelota a ras de suelo y con certeza en la distribución de juego, los Reds presentan argumentos suficientes para ser tomado como un contendiente serio frente al Bicampeón. La inestabilidad entre líneas que pueda provocar Phillipe Coutinho será fundamental, aunado al trabajo que nombres como Emre Can y Adam Lallana, siendo ejes fundamentales en la transición de velocidad de juego que proyecta este conjunto.

Cuando uno hace referencia al Sevilla, las palabras sobran unas veces y hacen falta en otras. Para el conjunto español el encuentro que se disputará en Suiza no será uno más, algo que se explica más allá del hecho de ser una final, sino que se traduce en una oportunidad única de convertirse en Tricampeones de un torneo internacional. El duro golpe que significó el fracaso en la fase de grupos de Champions lo pudieron compensar con meterse nuevamente en el encuentro decisivo de este torneo, en donde claramente no aceptarán otro resultado más que la victoria.

Si algo le sobra a este equipo es experiencia y calidad. Pese a no haber sido la mejor temporada en términos generales para los andaluces, su pragmático y directo estilo de juego han sacado de aprietos en múltiples ocasiones a los pupilos de un Unai Emery que parece tener comprada la fórmula para intimidar de más a sus rivales algunas veces. La explosividad que se encuentra en las bandas se complementa a la perfección con la picardía de la artillería ofensiva, liderada por el escurridizo Kevin Gameiro y desde más atrás con las salidas de juego que realiza el argentino Eber Banega.

Realmente complicado es ver a alguno de estos dos equipos ganando con claridad este torneo. A pesar de que los españoles no lleguen tan bien cuanto a su forma por los recientes resultados obtenidos, se hace pertinente hacer la observación de que ha ido guardando muchas piezas importantes el técnico español. La única promesa que con certeza, espero, puedan cumplir ambos clubes, será con el de un buen espectáculo, y que al concluir todo veamos simplemente una lluvia de sonrisas en Basilea.

Entre ser grande y hacerse grande



Ha llegado. Es la Final de la UEFA Europa League. El Stadion Narodowi (arriba en la foto) de Varsovia acogerá la segunda cita más importante de la temporada del fútbol en toda Europa; un compromiso donde escenarios totalmente opuestos se miden, en lo que es una muestra más de lo bello que es este deporte.

Como parte de mi compromiso por compensar la enorme inactividad, se hace prudente revisar con pinzas lo que va a ser esta gran final, donde el favorito es...

Dnipro

La fluidez con la que superaron la fase de grupos no era sorpresa para nadie, puesto que el fútbol ucraniano no ha dejado de aportar talento y buenos performances a lo largo de los últimos diez años, fruto del sacrificio de quienes de alguna forma u otra se involucraron de lleno en el fútbol, principalmente, quienes pudieron soltar el dinero.

Parte del éxito de este proyecto fue la cohesión lograda entre jugadores ucranianos, gran parte de ellos seleccionados nacionales, y los extranjeros que preferiblemente van desde Sudamérica hasta esas latitudes.

Esa cohesión y dinamismo tuve la oportunidad de presenciarlo en vivo y a todo color cuando se vieron las caras con el Ajax en octavos de final. Aquella eliminatoria definida en Ámsterdam fue una gran muestra de las capacidades de un equipo que encuentra en Yevhen Konoplyanka el punto de desequilibrio necesario para romper líneas rivales y aumentar las capacidades de un equipo que evidentemente se inspira en el rendimiento de su líder.

Cohesión y dinamismo de la mano de Konoplyanka

El '10' que puede ser mediapunta o volante dirige los hilos de un equipo que no sólo cuenta con él como fundamental pieza, puesto que el centro del campo la constancia y solidez de Kankava, Bruno Gama o el veterano Rotan dan fe de la buena tarea táctica que realiza este equipo con el estratega Myron Markevych. La defensa y portería igualmente aportan constancia y seguridad para un equipo que logró entender que no había nada que perder en el camino a Varsovia y ahora son un rival de mucho cuidado.

A pesar de las observaciones beneficiosas, la mayor falencia evidente de este equipo es la ausencia de variedad ofensiva. La gestión de juego la realiza en todo momento Konoplyanka, sin embargo, cuando este es referenciado o cumple una labor más retrasada en el campo, el conjunto de Dnipropetrovsk sufre mucho y su capacidad para retomar el trabajo ofensivo es pobre.

Sevilla

La Final de Turín registró un episodio digno de finales, donde un aire de injusticia se mezclaba con la conocida maldición de Béla Guttmann, imposibilitando que el Benfica se alzara con la Europa League ante el Sevilla después de haber sido altamente superior los 120 minutos. Se sabe que el fútbol no es justo, que hay que aprender a aceptar ese hecho irrefutable, pero es inevitable ponderar siempre la estética.

Una nueva temporada en este torneo y las complicaciones no dejaron de estar a la orden del día. El Feyenoord le impidió la clasificación como primero de grupo, dando una imagen poco agradable en líneas generales; posteriormente en la ronda de 32 el Monchengladbach mostró empuje y determinación para ganar la eliminatoria en su casa, pero sufrieron la incapacidad de definir cuando era preciso. Contra Villarreal y Zenit la historia no se alejó de lo ocurrido en tierras teutonas, pero igualmente, la contundencia y la buena fortuna fueron los mejores argumentos de los dirigidos por Emery.

Suerte y contundencia, cualidades de la experiencia

En semifinales despacharon sin mayores complicaciones a la Fiorentina, dando una imagen novedosa del equipo en la competencia. La forma radicalmente opuesta a como había avanzado a la final, opuesta respecto a las rondas anteriores, dejaba ciertos detalles para sacar conclusiones sobre este Sevilla.

El factor común esencial: es un equipo con mucha versatilidad. Unai Emery cuenta con una de las plantillas más versátiles que ha podido ver esta competición durante la campaña; asumir los partidos con calma cuando se tiene la posesión del balón, y mucho mejor cuando no se tiene, ha sido en gran medida parte del éxito sevillano.

Fundamentales son los espacios que se generan cuando se juega sin balón, situación que es aprovechada por Carlos Bacca, Vitolo, Aleix Vidal, Reyes y Kevin Gameiro, que cuando entra de recambio es mortal para el equipo contrario.

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Resulta siempre muy difícil el tener que hablar de posibilidades. No está demás recordar lo que decía el gran Dante Panzeri: El fútbol es la dinámica de lo impensado. Sin embargo, nunca está de más presentar conceptos para que cada uno saque sus conclusiones.

Dos equipos bien dotados tanto en defensa como en ataque se verán las caras. Es digno de aplaudir el trabajo de desborde y prontitud en los toques que ha logrado Markevych con sus pupilos; mientras que por otra parte la velocidad y contundencia que posee el experimentado equipo español nos presentan un escenario ideal para quienes realmente gustan del fútbol.

Los espacios parecen ser puntos fundamentales en este partido; un partido que dice mucho, un partido que puede ratificar la grandeza de un equipo o crear una nueva historia.
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