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Lecciones de Oriente


Si me decías hace diez años que tendríamos encuentros con selecciones asiáticas de este perfil hubiese sonado como una verdadera ilusión. Esta es una muestra más de la vitrina que representa el debutar en una Copa del Mundo, no sólo para los jugadores, sino para todo un país en los distintos ejes que conforman el sistema del fútbol dentro del mismo. Las dos selecciones más fuertes de todo el continente representarían una tarea de alto calibre para un combinado nacional en plena reconstrucción y sin técnico confirmado aún de cara a al próximo proceso eliminatorio. No hay nada más excitante en esta vida que afrontar retos irremediablemente complejos por representar la incertidumbre de la novedad, si uno nunca lo hace jamás saldrá de su zona de confort.

Si bien es cierto el año no ha sido nada bueno en resultados para Panamá (1 Victoria-2 Empates-8 Derrotas) no se puede pasar por alto el salto de nivel que han tenido los rivales, que con mayor capacidad técnica y táctica para llegar al área con mejores argumentos que el cambio largo desde la defensa hasta el delantero pivote o los jugadores por banda. Después de la euforia que causó la experiencia de haber jugado en Rusia, el primer golpe bajo lo propinó una Venezuela que, por potencial de plantilla y propuesta de proyecto, aspira a competir en el proceso rumbo al 2022 en Sudamérica. Fuera de las distancias técnicas y los tiempos de trabajo que salieron muy a flote en el compromiso, hubo algunos puntos altos a destacar. Ahora, además del jetlag y otras externalidades, había que jugar contra dos rivales muy duros.

Poner a Michael Murillo en contención respondía a la idea de una medular con capacidad de cobertura hacia las bandas, para cuando el equipo tuviese la pelota Godoy manejara con más comodidad para proyectar hacia adelante

Poco más de 38mil personas presenciaron en Niigata la contundencia con la que Japón pudo sacar una victoria con pocos contratiempos al forzar errores contrarios con muchísima facilidad por tener mayor cobertura de terreno por la velocidad. Y aunque es cierto que hay una mayor diferencia de goles entre las realidades futbolísticas de cada selección, quedó esa incómoda sensación que pudo haberse hecho un papel mejor. Aunque ciertamente quedó en evidencia que algunos jugadores no supieron aprovechar la su oportunidad en el terreno, la intención táctica no era mala; poner a Michael Murillo en la zona de contención respondía a la idea de una medular con capacidad de cobertura hacia las bandas, para cuando el equipo tuviese la pelota Godoy manejara con más comodidad para proyectar hacia adelante sin una presión difícil. 

Cuando se lo propuso, que no fue con mucha prisa en todo el juego, el local encontró espacios para escurrirse a las espaldas de los defensas. Para el complemento las cosas mejoraron en cuanto a protagonismo dentro de la cancha para la visita, siendo fundamentales los ingresos de Cooper y Martínez, este último, a opinión personal, se le ve mucho potencial de ser fundamental para este nuevo proceso, solo que precisa de más trabajo con el colectivo base para acoplarse en su totalidad. Con esto y tomando en cuenta los resultados recientes, el próximo rival debía ser una pesadilla en cuanto al resultado, pero para sorpresa honestamente se pudo trabajar muy bien el partido, recomponiendo desde abajo ante un equipo tan duro como Corea del Sur.

Si los japoneses trabajaron por el sector derecho de la defensa panameña, los surcoreanos lo hicieron por la izquierda para sofocar a la defensa con desborde tras desborde. Notable sin lugar a dudas fue la reacción ante dos goles abajo frente a un equipo que parecía tranquilo manejando el partido y pudiendo encajar más anotaciones. Se pudo responder a ese asedio con mejores anticipaciones a la circulación y llegando a presionar arriba cuando se pudo, forzando inclusive un fallo para el gol del empate. Las sensaciones cambiaron drásticamente de preocupantes a positivas porque el equipo se sintió más cómodo dentro de la cancha ante un equipo difícil. Una vez más fue evidente que a Panamá le sienta mejor jugar con un 4-4-2 que con el 4-2-3-1; dos delanteros merodeando el área rival pivoteando dentro y alrededores es mucho más peligroso que solo uno, también porque la posición de mediapunta requiere de un perfil con más inteligencia que fuerza o velocidad, una opción que puede ser trabajada con ciertas individualidades de este proceso.

Quedan dos jornadas de selecciones en el 2018. Habrá que esperar se confirme el nuevo entrenador, a cual varios apuntan será nuevamente Julio Dely Valdés, para sentarse a pulir el estilo de juego con el que se quiere trabajar rumbo a Qatar. De momento, hubo bastante para aprender del tiempo vivido en Oriente, ojalá haya sido notado por las entidades directivas de cara a una mejora preparándose para nuevas ilusiones.

Foto: AS América

El campo feliz


Nunca me imaginé como sería el día. En definitiva es muy distinto vivir un Mundial apoyando a un país ajeno que al propio. La ansiedad es distinta; esos pensamientos de lo que pueda suceder al momento que ruede el balón brindan una extensa gama de reacciones químicas en el cerebro que simplemente no se pueden controlar... que alegría. Lo mejor de todo, es que tocaba vivirlo un lunes. Pocas cosas en la existencia del hombre pueden amainar la pesadez de arrancar una nueva semana.

A primera hora, Suecia ganaba en el partido sin dudas más aburrido de este arranque mundialista ante una Corea del Sur alejada de cualquier posibilidad real de meterse a la siguiente fase, muy evidente desde la forma en la que desarrollan un juego muy temeroso, indiferente de las múltiples virtudes que el perfil de jugadores le brindan al entrenador. Pero no, no importaba en lo más mínimo. Jugaba Panamá a segunda hora, siendo responsable del colapso de todo y todos. Absolutamente todos.

La Bélgica de Roberto Martínez que se perfila como una de las grandes animadoras del torneo puso su línea de tres al fondo y una lluvia de volantes de llegada, con su cerebro De Bruyne en el área de recuperación y a una torre Lukaku cuya función es mucho más elemental para este conjunto que plantarse dentro del área chica para esperar centros medidos. Que locura realmente, desde el ya distante octubre hasta ahora cuesta muchísimo creerse lo que estaba por suceder para esta selección y estos muchachos, otro nivel de fútbol con el cual codearse.

Jamás me hubiese imaginado a Panamá hacer cambios ofensivos en un partido del Mundial, pero ante un rival que tantas facultades para hacer daño tiene no parecía algo del todo sensato.

Bolillo apeló a la lógica de la plantilla a disposición y con la única de juego aplicable para competir en estas instancias: defendiéndose. Si todavía me parecía increíble el haber llegado al torneo, poder aguantarle tan ordenadamente a un equipo con tantas variantes adelante fue un mérito increíble, sobre todo de los laterales que supieron ordenarse para cortar diagonales e imponerse en el cuerpo a cuerpo muchas veces, resaltando hasta la saciedad la capacidad que tuvo Michael Amir Murillo para codearse en infinidad de ocasiones con Eden Hazard.

El complemento llegó con un gol muy pronto que, aparte de descolocar tanto los conceptos en cancha como la serenidad del equipo, empezó a generar presupuestos en el entrenador panameño que, por más plausibles que puedan encontrarse, ciertamente son irresponsables como para poner en práctica dentro de la Copa del Mundo. Jamás me hubiese imaginado a Panamá hacer cambios ofensivos en un partido del Mundial, se me puso el corazón chiquito de solo ver la valentía con la que se fue todo hacia adelante, pero ante un rival que tantas facultades para hacer daño tiene no parecía algo del todo sensato.

Entonces vimos como la valerosa forma de ir para adelante de los nuestros evidenció las enormes distancias deportivas pero sobre todo físicas, dando como resultado un partido que fácilmente pudo haber terminado con más de cinco goles de distancia. Y así fue, por primera vez pudimos comprender en carne propia lo que significa estar en esta clase de escenarios, los cuales exigen más que buen oficio o preparación, cabeza fría para poder llevar algún tipo de posibilidad para competir. Por si alguien todavía lo dudaba (no puedo imaginarme cómo), no avanzaremos de ronda, pero eso es algo sumamente lógico porque no hay con qué para sacar adelante la progresión, menos cuando hay una Inglaterra que sufrió para ganarle a Túnez que decían (tampoco comprendo cómo) era el más flojo del sector.

Pero olvidémonos de eso por un momento. La amargura de la derrota no puede ser un factor que nos haga omitir lo que sucedió en este país. Salí a las calles y veía todo de rojo. Las entidades públicas, los buses, las áreas de alimentos en los centros comerciales... todos uniformados. Espero que se sepa valorar lo que el fútbol y nadie más ha sabido hacer. Hermanos míos, por fin hemos saltado todos juntos al campo feliz de la unión.

Hay que atreverse


Cada vez que me subo a un taxi o Uber busco sacarle conversación al conductor de turno, esa necesidad de compartir ideas es imprescindible a cualquier nivel de diálogo. Aunque a veces no haya conexión inmediata con la otra persona para sentirse en una charla de confianza, el fútbol es el tópico ideal para limar cualquier tipo de aspereza perceptible. Durante las últimas semanas a tan poco para el Mundial, he podido compartir impresiones diversas: desde Tagliafico como titular por izquierda en Argentina, la peligrosidad del recambio brasileño, mis expectativas marroquíes, la algarabía de amigos españoles hasta la inaludible relación de amor/odio para con la selección de Panamá.

No me deja de sorprender como a veces esto es todo lo que alguien puede necesitar para sacarse la tensión de un día laboral o los problemas del hogar, aunque haya que pasar por montañas rusas de alegrías y tristezas. El camino hasta el primer Mundial panameño ha tenido experiencias tan pero tan bizarras -en el sentido anglosajón de la palabra- que aún cuesta realizar la magnitud de lo que estamos tan cerca de vivir... faltando apenas 12 días. Es un fenómeno propiciado por el nervio, la expectativa y adrenalina que se manifiesta producto ella, la Copa del Mundo. Pocas cosas generan ese tipo de cosas en la gente.

Para los pupilos del Bolillo, la última prueba antes del debut en Sochi ha sido ante Noruega. Ciertamente los escandinavos no han tenido mucho protagonismo reciente ni en general hablando de relevancia para este deporte, pero cualquier proyecto que tenga a Lars Lagerback como puntal de lanza y con una camada de juventud emergente puede intimidar hasta al más aclamado de los estrategas. Apuntando a la idea de juego, el estratega colombiano dejó en claro su postura de juego con el 4-1-4-1 que será desplegado por el conjunto panameño en territorio mundialista; la base de centrocampistas Gavilán-Godoy-Cooper es innegociable para buscar fútbol generado más allá del famoso pelotazo, que gracias a todas las deidades se despliega cada vez menos en nuestras filas.

Hubiese parecido que ante Suiza se aprendió la lección, pero en esta clase de partidos la mínima pifia o duda termina costando el resultado final. Al equipo le tomó tiempo encontrar comodidad posicional en la cancha, sobre todo para balancear un costado izquierdo que hacía aguas con todas las habilitaciones a espalda del lateral. Cuando supo poner el balón a ras de suelo y sacarle la pelota a los noruegos, ya había un gol en la bolsa para intentar remontar. Para el segundo tiempo los europeos cedieron mucha más iniciativa y se mostraron cosas positivas en cuanto a la generación de juego, pero de nada sirve aplicarse tácticamente cuando hay dificultades para ver portería.

Me pareció muy curioso, hubo profundidad cuando Díaz y Murillo carburaron por la derecha, el balón circulaba desde los centrales hasta las bandas, pero cuando hacía falta devolver la pared o el pase al centro del área chica, nadie lo hacía. No sé si era el nervio o la falta de visión de juego para cambiar la pelota o buscar un disparo que diera rebote, pero muy poco se dio. Panamá ha tenido, tiene y por lo visto tendrá un problema en ofensiva tremendo, se sigue adoleciendo de esa picardía para el toque final dentro del área. Por lo demás se está notando el trabajo, pero adelante sólo es cuestión de atreverse.

La interminable resaca


El radiante clima que se vive estas fechas en Bocas del Toro me han hecho reflexionar con más detenimiento, a pesar de que por estos lares la vida ande más que acelerada. La ciudad se vuelve inevitablemente rutina, por lo que salir a tierras distintas siempre representa una desconexión importante y completamente necesaria, en donde el tiempo del que se dispone termina siendo invertido en cualquier actividad que ante la costumbre de la ciudad es muy ligero y calmado. Aunque claro, para los allegados lo que uno hace con su tiempo libre dista mucho de ser tranquilo. Pero bueno, hablemos de fútbol.

Especialmente, de porqué me enamoré del fútbol. Y la verdad es que al sol de hoy todavía no puedo creerlo. Pena debería darle a una sociedad que se dice así misma avanzada detener los relojes y actividades cotidianas para mirar lo que hacen 22 personas en shorts corriendo detrás de un pequeño balón blanco. Desde Rudyard Kipling y pasando por Jorge Luis Borges, muchos pensadores han visto al balonpie como opio para los pueblos oprimidos, los cuales se concentran en su condición de precarios al poner prioridades tales como un deporte que ningún tipo de beneficio directo le acarrea además de una discutible alegría momentánea. 

Animales. Incivilizados. Ignorantes populistas. Como hay de todo en este planeta, lo único que se puede hacer es dejar que el resto de la plebe hable. Pueden hablar lo que quieran, pero este deporte mueve muchísima más gente que cualquier otra cosa. No me refiero a compararlo con alguna otra disciplina que implique actividades físicas recreativas, sino a la gama de sucesos que se dan dentro de la vida misma. Y este pequeño país fue testigo de ello el pasado martes 10 de octubre. Como se podría decir en otras épocas, ese fue nuestro ''Dia D''.
Es increíble el efecto que tiene el gol sobre la gente.
Creo que no hace falta repasar el partido. Estoy seguro que todo el que le este dando una leída a estas lineas seguramente tendrá el recuerdo fresco de aquel estresante encuentro con un final lleno de éxtasis. Se me eriza la piel escribiendo en este preciso momento sobre ello, dado que todas las sensaciones de satisfacción saltan a primer plano. Pero, antes de ello, no puedo dejar de decir todos los sinsabores que se tuvieron en menos de 24 horas.

Tras el bodrio que termino siendo la presentación de Panamá en Orlando la noche del viernes anterior, la desesperanza se había tomado a muchos ciudadanos locales. Mi trabajo me permite percibir directamente esas vibras colectivas, las cuales siempre me dejan analizando el panorama global del asunto. Esos cuatro goles recibidos irónicamente habían quitado presión sobre algunos panameños, porque la clarificación ya la veían descartada. Otros como este servidor mantenían la calma y esperaban que se hiciera lo necesario para llegar al menos al repechaje.

Pero es increíble el efecto que tiene el gol sobre la gente. Un partido en el que realmente pudimos ser humillados visceralmente si los ticos hubiesen querido, termino definiéndose con un gol que tuvo factura de haberse concebido con muchos más huevos que fútbol. El Capitán sacio la sed de gloria de mas de tres millones de personas que sin tener muchos méritos a nivel de desarrollo de este deporte dentro de las fronteras, ha tenido muy de cerca las mieles de cosas ''grandes'' para tener tan poco tiempo en el ruedo estelar, dentro de las limitantes evidentemente.

Haber vivido aquella devastadora película en casa rumbo a Brasil 2014 sin lugar a dudas sirvió de lección para todos. A pesar de que seamos por definición muy exigentes ante cosas que no tienen argumentos para satisfacer esas exigencias, es irrefutable que se vive con mucha esperanza. Como al final del día es lo ultimo que se pierde y no cuesta nada, aferrarse a ella no resulta una tarea imposible de realizar. Las cosas mas improbables tenían que darse para que pudiésemos meternos directo a la Copa del Mundo... y se dieron.

En mis 23 años de vida no recuerdo haber vivido tal cosa como la de aquel 10 de octubre. Me quede en el trabajo hasta tarde para ver el juego y apenas calificamos salí. Era una sensación extraña, la defino como una alegría paralizada; paralizada por la forma en la que todo se había dado y porque era algo nunca antes vivido. Camine un par de cuadras rumbo al metro en una calle vacía, hasta que pitazos a lo lejos y cerca, gente gritando, cantando, pasando con la bandera de Panamá hondeando a medida que avanzaban en la avenida. No aguante mas y rompí a llorar.

Me fui llorando por la calle hasta la Cinta. La gente se acercaba, te abrazaba, lloraba un rato contigo. De pronto todos estaban en la calle, con la Vía Israel trancada y todos los accesos a Paitilla en iguales condiciones. No se cabía un alma mas y la gente no paraba de llegar. Te regalaban pintas, te encontrabas con ticos que celebraban contigo como si fuese de ellos la primera calificación. Me toco ver cerca del Miramar un bus con aire que la gente en la calle no dejaba pasar por la fiesta; cuando alguien de adentro saco una bandera de Costa Rica, los de afuera agarraron trombones y tambores arrancando una mini fiesta con un bus que se movía de un lado para el otro con la afición tica adentro bailando al son panameño.

No puedo dejar de llorar con el solo hecho de recordar aquellas escenas. Y es que todavia no me lo puedo creer. En esta jornada de repechajes en los noticieros deportivos repasan resultados de los equipos mundialistas, mencionando Panamá. En las infografías que siempre ponen de los clasificados a Rusia 2018 aparece como tercero de Concacaf dentro del Mundial el pequeño país canalero. Mucho menos me voy a creer cuando el 1 de diciembre estemos viendo el sorteo de la Copa del Mundo y en uno de los bombos se va a encontrar este país.

Fue un sueno hecho realidad. Creo que desde aquella Hexagonal del 2005 todos en este país empezamos a ir acumulando el deseo de alcanzar la cita grande del fútbol. Entre frustraciones, alegrías y golpes fuertes, la selección supo madurar en el tiempo acompañado por los años de vida de cada uno de sus integrantes. Es un logro mayúsculo del técnico, que curiosamente consiguió la calificación al Mundial con los peores 11 meses de nivel deportivo de esta selección desde que el estratega colombiano tomo las riendas. Pero las observaciones tácticas se pueden dejar para después. Pase lo que pase en los próximos meses yo sigo celebrando, porque esta resaca es de esas que desearías fuera interminable.

Escrito iniciado en Isla Colón, Bocas del Toro, el 3 de noviembre de 2017.

Buenos panameños


Fue mucho más sencillo de lo que la gran mayoría del panameño hubiese esperado. Muuuucho más sencillo. Más allá de los discursos de calma que todos, inclusive yo, esperaría leer en una publicación de este espacio, no puede ser recriminado que este deporte une y genera pasiones como muy pocos. El que me discuta cuál disciplina puede ser más estresante o llena de alegría como el fútbol lo desacredito de inmediato. Para muchos les es odioso que hayan ''millones de entrenadores'' o los famosos conocedores del fútbol, sin embargo para este servidor le llena de satisfacción que la discusión de lo que es y puede ser un partido es única.

Olvidémonos del encuentro y del rival que evidentemente no está a la altura de nada significativo como para creernos ahora la novena maravilla del mundo. Quiero salirme un poco del análisis de siempre, primero que nada porque tácticamente se hace complicado rescatar algo de lo mismo dentro de los 90 minutos disputados en el Rommel Fernández y como más importante, en segundo lugar, la fuerza del momento creo que debe prevalecer sobre cualquier argumento bueno o malo que haya tenido este compromiso eliminatorio.

Creo que toda la percepción general de la selección nacional cambió a los 39 minutos. Es que no podía ser. Muy lindo como para ser cierto. En la experiencia íntima de este su servidor, no recuerdo un gol que me levantara así del asiento por parte de Panamá desde aquella irreal chilena del Matador Tejada ante México en el 2005. Luego de las oportunidades que había tenido para que el resultado en la última visita fuera muy distinta a la definitiva, Gaby demostró esa sed de callar bocas y por sobre todas las cosas aportar para una causa colectiva con una verdadera delicatessen técnica.

Mientras unos aprovechados salvan sus trabajos con este resultado, otros sencillamente dejan imágenes difíciles de borrar de la retina aún cuando los días transcurren. A falta de dos jornadas para el final de la Hexagonal estamos dentro de la próxima Copa del Mundo. Fácil de digerir no lo es en definitiva, tanto para bien como para mal, pero lo cierto es que se está viviendo un sueño que se espera mantener para convertirlo en una realidad. Como falta, lo sano para todos es mantenerlo dentro del espectro de posibilidad.

Aunque pedir paciencia es delicado aquí en Panamá. Lo es ahora y siempre lo ha sido. Más allá de los hechos, imprescindible es mantener los pies sobre la tierra, con todo lo que acarrea un proceso mundialista dentro de este sector del mundo y con la forma en la que muchos resultados se están dando. Como se me salió una lágrima al ver el gol de Torres, debo ilusionarme solo como una manera de masoquismo. Debo ser un buen panameño.

Contra la marea


Como se ha vuelto una maldita costumbre, he reaparecido después de mucho tiempo en el abandono. Mis planes de convertir este blog en un punto de encuentro para todos difícilmente podrán cumplirse al ritmo de vida que este servidor tiene. Pero, por enésima vez doy un intento para que las cosas se den en la forma como la que planeo a corto y mediano plazo con este espacio. Oportunista, como siempre, encontrar luces de inspiración en momentos futbolísticos innegablemente atinados para que el debate y la sana convivencia se fomente... claro, como si eso se diera en Panamá.

Estoy harto de que la gran mayoría de los debates previo a los encuentros de la selección mayor de este país, ya sea en eliminatorias mundialistas o torneos regionales siempre terminen reduciéndose a un puñado de periodistas que compiten por quién tiene más popularidad y ''peso'' en el mundo de la multimedia; y cuando no se trata de lo anterior terminamos dando vueltas en discursos xenófobos, los cuales cometen la grave falta de querer maquillarse en el velo de un patriotismo que a criterio muy personal de este servidor causa verguenza para con propios y ajenos.

No merece gastar tiempo en discutir todo lo ocurrido antes del partido ante México el pasado fin de semana, porque además de que todos los que estén leyendo esto sabrán a lo que me refiero, termina siendo una discusión que con el fútbol nada tiene que ver. Sin embargo es imposible dejar de pensar que es una de tantas externalidades que influyen en el fútbol de un país tan pequeño como este. En definitiva las palabras no juegan, no permean -o no deberían- directamente sobre el desempeño del equipo, pero indudablemente mueven la percepción y expectativas de masas hambrientas de una gloria que sin temor a equivocarme puedo decir inmerecida.

Inmerecida porque Panamá nunca ha tenido tradición futbolística o ni siquiera una estructura de desarrollo mínimamente buena para este deporte. Aunque bueno, equipos con peores condiciones han estado en Copas del Mundo y nadie les ha dicho nada. Pero como sabemos, el fútbol nunca es justo. Simplemente se reduce en oportunidades, las cuales hay que saber aprovecharlas o de lo contrario lo único que queda es el rechazo y la frustración de irse con las manos vacías, independientemente de cual sea el objetivo de determinado equipo. 

La derrota del viernes en el Azteca ha dejado a la gran mayoría de la población con un sinsabor de boca muy grande y la verdad es que me niego a creer el porqué. Estaba en los papeles y era lo más lógico irse con las manos vacías del coloso de Santa Úrsula, pero aún así muchos terminaron el partido con sed de revancha para con los rivales y principalmente los nuestros. Comprendo a la perfección esto debido a la burda promoción que todos los medios y las televisoras principalmente le han dado a un equipo que poco más de lo que presentó ante los mexicanos tiene. Somos un país con una selección mediocre y quizás hasta menos en términos meramente deportivos, pero agradecidos debemos estar que con ello se mantengan posibilidades reales de ir al Mundial. 

Cuatro días después de la segunda derrota en este proceso Hexagonal se presenta una oportunidad de levantar cabeza y volver a encaminar el camino. No será sencillo entendiendo que somos deficientes cuando hay que jugar en casa además del hecho que los trinitarios saben que ya no pueden perder nuevamente de cara a mantener vivas sus esperanzas de ir a Rusia. Con todas estas situaciones sobre el mantel es evidente que este partido debe pasar por la fortaleza física, tema clásico al enfrentarse a equipos caribeños, pero mucho más por la mental. A estas alturas, todos los discursos negativistas no ayudan en nada, ni siquiera la amenaza de renuncia que Bolillo -ladrón desde el día uno de gestión- ha lanzado una vez concluída la jornada anterior.

Es un momento de ser conscientes de nuestra realidad, de nuestro entorno y de nuestro fútbol. Inclusive si no se saca el resultado la noche de este martes aún se mantendrán posibilidades reales de ir al Mundial. Hay que sentarse a valorar todo lo que rodea a esta selección nacional y remar para que se den bien las cosas. Esta vez, toca ir contra la marea que hoy por hoy no se muestra del todo optimista.

Actitud de Matador


Lo que me gusta de los partidos de selección internacional es que aquí todo se viste de rojo. Hasta en los medios de comunicación gente que en su vida ha hablado de este deporte, se convierten en hábiles comentaristas y expertos de todos los pormenores del equipo nacional. Le hace un daño terrible a la profesión del periodismo, pero en lo personal no deja de ser una señal clara y esperanzadora del impacto que este deporte tiene en la vida de todos. A nivel de clubes este país está muy lejos de entender el sentido real del fútbol, pero al menos con cada fecha FIFA las cosas se tornan de otra manera. Claro está, no debería ser así, debería ser primero la liga, pero esto es Panamá y hay que entender que esto es lo que hay. El martes 28 de marzo presentaba una ventana importante, una oportunidad para que el fútbol siguiese creciendo con una de esas en las que los chicos se separan de los grandes. Una noche para realmente saber si esa aspiración para clasificar a una Copa del Mundo no es solamente estrategias de marketing de todos los patrocinadores y de las televisoras del país.

Intensidad. Desde el arranque del encuentro los pupilos del estratega colombiano salieron a buscar el partido. Habían entendido la gravedad del escenario en que se hubiese visto un equipo con temor a enfrentar a un equipo con mejor momento anímico como lo era Estados Unidos. La llegada se profundizó de manera importante con la libertad que volvían a tener Negritillo Quintero y Armando Cooper al regresar a un sistema 4-4-2 fue fundamental para aproximarse hasta línea de fondo norteamericana, la cual adoleció mucho cada vez que por el sector izquierdo el lateral Omar González debía hacer las coberturas, dado que en la mayoría de las jugadas fue ampliamente superado por los delanteros panameños. Había fluidez en el juego y hasta comodidad ante un rival que no parecía haber podido encontrar la llave para reencaminar el dominio de las acciones en este partido. Las sensaciones resultaron ser más que buenas en este aspecto.

Sin embargo, el gol no se hacía presente. El reconocido guardameta Tim Howard tuvo que salir a sudar la gota gorda en momentos importantes de la primera mitad; las atajadas más allá de oportunas denotaban la poca serenidad que se tuvo de cara a definir, un tema sensible en esta clase de compromisos. Más allá de la pobre capacidad para definir las jugadas, era evidente el empuje que tenía la selección panameña, empujando hacia adelante y presionando las salidas del equipo visitante. Parecía cuestión de tiempo para que cayera el gol hasta que, por fin, cayó… pero para Estados Unidos. Si algo nos ha enseñado el fútbol es que todos los pequeños errores salen caros, mucho a veces para lo que realmente se presenta en la cancha. Nadie pensaría que Felipe Baloy con todos sus galones de experiencia en la espalda cometería un error tan infantil como el de querer driblar a un delantero que juega en el fútbol alemán, teniendo como resultado un gol tan ridículo como la decisión tomada por el Capitán panameño.

Después del famoso fantasma del gol en contra al minuto 80 y la marcación defensiva en jugadas a balón parado, algo que siempre ha perseguido a la selección nacional es la incapacidad de reaccionar de forma propicia tras ir abajo en el marcador. Derrumbarse y hasta allí llega la historia. Sucede que, Panamá realmente había entendido la gravedad de la situación previo al inicio del encuentro y no bajó los brazos en ningún momento hasta lograr la igualdad en una serie de rebotes que permitieron a Gavilán Gómez volver al equipo a partido apenas cinco minutos después que todo parecía perdido. Lo oportuno que fue empatar antes de irse al descanso sirvió como un aliciente para que en el complemento los ánimos se mantuvieran arriba y la intensidad de juego no cambiara de ninguna forma en búsqueda tres puntos vitales para no empezar a sacar la calculadora una vez llegara junio. Se intentó y se siguió intentando.

La selección de Estados Unidos había entendido su rol en el partido y decidió enfriar las cosas mucho más con su pasiva proyección de juego, no descartando alguna jugada que de contragolpe pudiese terminar obsequiándole tres puntos de visita. Panamá tuvo mucho más la iniciativa, siguiendo con la presión en la parte alta de la cancha y tratando de explotar el regate desde la zona de carrileros hacia el medio, pero ningún delantero tuvo la visión de halar marcaciones o de buscar ser la pared para el pase y de a poco la gasolina para quienes iban por los costados se fue acabando. Los cambios se demoraron demasiado en la búsqueda del triunfo local, a tal punto que el último ya había terminado siendo uno para cerrar las posibilidades de jugadas adversas y conformarse con el contragolpe. El trabajo necesario no se hizo, pero las sensaciones dejadas fueron bastante buenas.

A pesar del estadio prácticamente a total capacidad, el aficionado panameño demostró que no tiene cultura de fútbol, ya que en los momentos de mayor frialdad dentro del campo en vez de alentar y buscar un aumento del ánimo del equipo, fueron cómplices de aquellos lúgubres momentos que tuvo el partido; Panamá todavía no es un país que entiende el fútbol a la perfección, empezando por los que van a la cancha. El empate no ha sido suficiente, pero nadie pudo haber salido molesto de lo visto en el Rommel Fernández, ya que el equipo mostró actitud, un factor que pesa mucho más en eliminatorias mundialistas que el mismo fútbol. Ver a un futbolista como Luis Tejada, con 35 años en su haber pelear cada balón hasta la parte baja de mitad de cancha genera mucha ilusión, ya que de mantener ese espíritu en lo colectivo, se pueden lograr cosas importantes. Hay que ser como Tejada, hay que ser un verdadero Matador.

Ver para creer


Durante la eliminatoria rumbo a Brasil 2014 estaba en Hosanna Visión con la versión televisada de Hablemos de Fútbol y luego había otro programa de deportes. Recuerdo al pastor Aurelio Ortíz, que presentaba el programa. Estuvo en el Rommel el día de aquella desgracia cubriendo el partido. Cuando faltaban cinco minutos Panamá ganaba 2-1, entonces decidió bajar de la zona de prensa hacia los pasillos para tener las entrevistas de primera mano y claro, para evitar la pobre logística al desalojar el estadio. Al llegar a la zona mixta se encontró con jugadores llorando, Klinsmann consolando a los hermanos Dely Valdés y a toda una afición resquebrajada. Al enterarse del marcador final no lloró. Subió a su auto, salió del estadio y se puso a dar vueltas por El Bosque a las tres de la madrugada. No podía ser posible, no lo podía creer.

A nadie le gusta recordar aquel partido en el que a falta de 90 segundos para el final estuvimos en el repechaje. Duele, duele mucho inclusive solo de recordarlo para escribir este texto, pero es necesario saber siempre de dónde venimos para saber a dónde vamos... o por lo menos para dónde queremos ir. Tres años y medio después, la Hexagonal empareja nuevamente a estas dos selecciones en el Rommel Fernández en donde obviamente, lo que se busca es un resultado totalmente diferente. ¿Revancha? Difícilmente puede considerarse como tal, pero es bastante claro que hay que entender el hoy tal como lo que es, una oportunidad para mejorar lo que puede ser un gran mañana. La misión de enfrentar a Estados Unidos nunca es sencilla, pero lo que queda claro es que se debe intentar y con las armas que se tienen, pensar en sumar de a tres no debe verse como un sueño totalmente distante.

Tras el descalabro en Puerto Príncipe las alarmas están a todo dar, no por el resultado per se, más bien por todo lo que acarreó no poder reaccionar ante un marcador adverso tras salir a especular en un feudo que no debía ser problema si se mantenía la idea de compromisos anteriores. Con la esperanza de que se haya aprendido la lección del encuentro pasado, ya se presentó la alineación de cara al partido de este martes por la noche con la alineación de dos delanteros desde el principio y con mayor posiciones de cobertura para los volantes de llegada. Quedó muy claro en el partido anterior que es imposible ganar un partido si no existe una coherente distribución de balones desde el medio y principalmente las bandas para la parte delantera del equipo. Ante un equipo que despliega mucho su fútbol por el área central, la conocida propuesta del desborde panameño parece acertada.

Agresividad a más no poder es lo que se pide por parte de Panamá, pero la misma debe ir acompañada de serenidad e inteligencia en lo que respecta a control de un centro del campo que se vió infinitamente superado el pasado viernes. Con el regreso de Gavilán Gómez al once titular se espera que se recupere la posesión que nunca existió ante los trinitarios, así como una adecuada distribución hacia las bandas como para la parte frontal del campo. A pesar de esto que, en teoría, representa una mejoría para el desarrollo del juego, sigue siendo motivo de gran preocupación la lentitud de la última línea. A excepción de Román Torres, los otros tres jugadores que se encontraban -y que repetirán- en la cancha el último partido dieron muestras del agotamiento en su mayor expresión, algo propio de los años seguramente así como de la lógica superioridad del biotipo que tenía el adversario de turno.

Del otro lado de la cancha, el gran peligro. Bruce Arena re-debutó con una holgada victoria de 6-0 sobre Honduras en California, en donde no solamente los goles marcaron la pauta; la armonía con la cual esta selección volvió a jugar luego de muchos meses de incertidumbre con Jurgen Klinsmann en el final del proceso era algo que se había olvidado para el fútbol norteamericano. Volver a las bases posicionales ha resultado más que a la perfección, entendiendo que el fuerte de este equipo siempre ha sido el fútbol colectivo con un desarrollo muy frontal, pero con clase suficiente para hacerlo. Con Michael Bradley como principal arma en ese centro del campo, Estados Unidos tiene la garantía de que armas líneas de pase sobre las de los rivales es algo más que sencillo de realizar. Quitarle tiempo para pensar a este señor, así como bloquear los posibles pases hacia los costados que tenga serán fundamentales para poder quebrar la fluidez de este conjunto.

Para fortuna de Bradley, el combinado de las barras y las estrellas tiene armas adelante con la suficiente capacidad para entender todos los movimientos de su hábil líder en el centro del campo. La veteranía de muchos aporta bastante, pero principalemente lo que puede realizar Christian Pulisic es más que determinante; el juvenil del Borussia Dortmund tiene una calidad de juego envidiable, inclusive única dentro de todo CONCACAF. Su visión del campo le permite encarar en el momento adecuado, así como complementar las paredes necesarias para dejar a sus compañeros frente a frente a la portería contraria y por supuesto, tiene un golpeo de balón como de cualquier jugador de primer nivel mundial. Detenerlo por la banda izquierda será una tarea bastante complicada para un Adolfo Machado que deberá procurar evitar que reciba el balón a espaldas de la portería, mejor perspectiva que tiene para detectar asistencias y potenciales acompañantes de las jugadas.

No será un partido fácil y de salida parece ser muy favorito Estados Unidos. Además de la calidad de equipo, hay que luchar contra los momentos anímicos, muy distintos entre ambas selecciones, lo cual será un factor a seguir con mucho cuidado. Panamá puede ganar, esto está claro. Para poder presentarse frente a frente ante una selección que llega en alza hay que desempeñarse de forma casi perfecta, en una performance pocas veces dada por este equipo. Si se quiere seguir peleando por un cupo directo a la Copa del Mundo hay que hacer algo tan imponente, que sólo sea posible verlo para creerlo posible.

Miedo como lectura de juego


Hay un viejo dicho motivacional que reza: el peor enemigo de alguien es él mismo. El fracaso de alguien lleva consigo una serie de externar ideados que influyen en el camino claramente, pero es en gran medida causa de los desaciertos personales que algo no pueda ser alcanzado. Más allá de ser una idea aplicada elementalmente a los individuos, si se traslada al ámbito grupal posee la misma validez. No hay nada como el fútbol para poder ejemplificar esa capacidad éxito o fracaso, mucho más ayuda para esto la selección de Panamá. El viernes se había presentado una oportunidad de oro para dar un golpe sobre la mesa ante un equipo que, más allá de su limitado nivel de competencia y desarrollo de juego, no dejaba de perfilarse como rival directo para las aspiraciones mundialistas. 

Más allá de que en las cuatro últimas visitas a Puerto Príncipe los números se presentaban en contra, el hoy tenía un peso que parecía lo suficientemente grande como para revertir el historial. Luego de dos partidos en la eliminatoria quedaba bastante claro: Trinidad y Tobago no tiene un equipo competitivo; no está un Leo Beenhakker en los banquillos conduciendo los hilos de una escuadra con Dwight Yorke, Stern John, Shaka Hislop o Chris Birchall. Sacando a un experimentado Kenwyne Jones, el peso futbolístico de esta selección se presentaba como ninguno. Además de tener como carta de presentación el biotipo del futbolista caribeño, muy pocos puntos altos podrían decirse sobre el juego de una selección que, inclusive, tenía un técnico debutante de cara a esta jornada de selecciones nacionales.


Con todas las condiciones puestas, el partido debía verse como tres puntos que, trabajados de forma adecuada, no debían escaparse. Lo cierto es, que no se trabajaron como merecía. Con un solo mediocampista de contención y cinco volantes más adelantados a aquel hombre delante de la línea de la defensa, Panamá sufrió con la circulación del juego, que nula o inexistente fue durante prácticamente 70 minutos. Adoleciendo un poco de los años a la espalda, la poca compañía en labores de recuperación que el sistema presentaba y de la velocidad de los jugadores trinitarios, se le entregó totalmente la iniciativa del compromiso al rival. El mensaje del entrenador panameño fue claro: esperar y contragolpear. En otras palabras, especular en la cancha. 

Una forma bastante cobarde de afrontar a un equipo que, por más respeto que se le deba tener a un rival en su casa, cómodamente se le podía superar si la propuesta de juego hubiese sido otra desde el primer minuto del compromiso. Pero la idea del estratega fue otra, apelando entonces a un primitivo sistema de fluidez para las jugadas que se concebían en las conocidas partidas de tenis, las cuales setenía la pequeña esperanza de que no se presentaran en el partido del viernes. Una vez se presentan los errores, el instinto del ser humano empuja para sacar la casta y presentar una solución al problema. En la primera mitad esto nunca sucedió, parecía el equipo panameño incapaz de revertir la superioridad del rival en cancha, parecía que nadie por parte de la visita entendía el cómo o el cuándo para hacer los ajustes pertinente. Por los movimientos del banquillo así como del parado en cancha, Bolillo lo intentó, pero se presentó una realidad inquietante: Panamá no tiene capacidad de reacción

Claro, decir esto en el 2017 parece de alguien que acaba de descubrir el agua tibia, pero es algo que se debe remarcar tomando en cuenta la presión que se afrontan en esta clase de compromisos; y teniendo una mejor performance cada vez que se empieza debajo del marcador es lo que claramente puede definir un cupo a la próxima Copa del Mundo. Más allá de indiscutible crecimiento que como selección se ha tenido a nivel internacional, todavía quedan muchas cosas por hacer de cara a lo que hoy es la aspiración a llegar a la cita mundialista en junio del próximo año. Lo bueno es que todavía hay tiempo para enmendar las cosas en ese aspecto, pero debe hacerse.

El gol del local cayó en una jugada completamente aislada, en donde se le dio el espacio y de fuera del área Kevin Molino puso el balón en la esquina donde Jaime Penedo jamás podría haber llegado. Las derrotas duelen mucho y siempre se señala el colectivo, pero la culpa total del resultado de este partido recae sobre las pobres decisiones de Hernán Darío Gómez. Más que la rabia habitual, lo que generó el descalabro en Puerto Príncipe fue decepción, porque se pudieron haber hecho las cosas de manera diferente y hoy se podría estar mirando a los demás equipos con comodidad en una plaza inalcanzable de cara a la próxima jornada. Pero no. Se le dio vida a un rival que estaba muerto antes del partido, todo por el temor a perder, por ese miedo que se tuvo a no leer el partido de la forma adecuada. La historia hubiera sido otra, pero, el hubiera no existe.

Imponer sobre pretender


Después de una Copa Centroamericana que sirvió fundamentalmente para observar los dotes teatrales junto al amplio diccionario que posee el seleccionador Hernán Darío Gómez y cualquier otra cosa menos fútbol, el combinado nacional panameño salta a la cancha, esta vez en el Hexagonal. Luego de dos partidos disputados las sensaciones generales apuntan al éxito en la misión de llegar a una Copa del Mundo, aquello que se escapó de las manos en tan nefasto octubre de 2013. Como todo lo malo de la vida se traduce como ''experiencia'', este inigualable país de casi cuatro millones de habitantes entendió que primero hay que caerse para poder levantarse. De la mano del Bolillo se pretende lograr algo que hoy por hoy es bastante posible, debido a la mejoría del equipo así como en gran medida a la mediocridad que el resto de contendientes ha venido demostrando en los últimos dos años. Pero así como hay que recuperarse, es importante saber caminar antes de correr.

Cuatro puntos no sientan nada mal para haber arrancado el camino al Mundial. Un partido lleno de buena fortuna para los nuestros y un nulo espectáculo en la visita de los mexicanos han sido suficientes para haber conseguido técnicamente un tercio de las unidades necesarias para estar en el gran torneo. Como apuntaba anteriormente, mucha mediocridad de los rivales. Sin embargo, no todo es malo; la aparición de piernas frescas en la selección brinda una esperanza de que las cosas pueden venir para mejor a futuro, algo que pocas veces se puede decir en cualquier ámbito siendo panameños. Más allá del aporte al dibujo táctico, es positivo que se presenten rostros que quieren hacerse un hueco, dando el 100% en sus presentaciones. Aunque, claro, sabiendo que no todos tengan esa chispa necesaria para poder formar parte de una solución a corto plazo para diversas falencias que tiene este equipo.

Así como en la primera jornada, la tercera fecha del calendario presenta uno de los partidos más importantes en esta eliminatoria. De ninguna forma menospreciando los demás compromisos, jugar con los rivales a priori directos en la competencia  suscita mucha expectativa y se cae de su peso que son resultados que dentro de unos cinco meses pesarán en las aspiraciones finales de cada país. Habiendo realizado el trabajo en San Pedro Sula, la otra visita en la que realmente Panamá debe procurar sacar un resultado lo más positivo que se pueda es en Trinidad y Tobago. Existe una ventaja importante en el hecho que las condiciones externas de esta clase de compromisos no afectan, dado que en el clima y condiciones de los terrenos de juego Panamá presenta muchas similitudes a los equipos rivales. No es un secreto para nadie que el Caribe le sienta muy bien a Panamá recientemente.

En cuanto a lo que va en la pizarra, con el ya confirmado 4-1-4-1 que presentará la selección en su visita a Puerto Príncipe, la idea es clara: contrarrestar la fuerza y velocidad rival partiendo con la idea de romper las líneas de pase. Al querer medir capacidades en el cuerpo contra cuerpo, Panamá adolecerá en este aspecto ante una imponente defensa trinitaria, siendo más igualado este duelo en lo que respecta a la defensa visitante ante ataque local. Román Torres y Felipe Baloy apelarán a la veteranía contra otro experimentado como Kenwyne Jones, que de su altura y facilidad para rematar de cabeza deberá tener mucho cuidado una zaga que históricamente siempre ha tenido problemas con las jugadas a balón parado. El trabajo para Amílcar Hemríquez y Aníbal Godoy será pesado; el mediocentro de Trinidad y Tobago es indiscutible para el estratega Dennis Lawrence.

Con Kevan George y Khaleem Hijland los caribeños ganan mucha presencia en el centro del campo. Los dos mediocentros indiscutibles tienen un trabajo fundamental en cualquiera de las formaciones que su entrenador presente, ya sea con uno o dos delanteros. No fue mera casualidad que en el primer encuentro de la Hexagonal se impusieran en la posesión del balón ante Costa Rica, que aunque no influyó directamente en el marcador, se asienta la idea de que robarle el balón a los ticos nunca es tarea fácil. Neutralizarlos parece ser bastante complicado, pero con una prudente salida del balón con el mismo a ras de suelo parece ser suficiente para evitar que los cambios de juego largos se hagan presentes por parte de estos dos contenciones. 

Aunque no parezca del todo fácil, las posibilidades de sacar un buen resultado del estadio Hasely Crawford son altas si se entienden las llaves del mismo. Antes de pretender que la selección de Panamá estará en la Copa del Mundo, lo primero que hay que hacer es imponer la propuesta de juego que se tiene y el cual todos los seguidores aspiran a que sea suficiente para llegar a Rusia en junio del próximo año. Estos son los partidos que se deben ganar, ya que esa cuarta plaza de la tabla, que es a lo que realmente se aspira, tiene dos nombres como rivales, y a uno ya se le venció en casa. Lo único que pide este servidor es que no rebanen la pelota de un lado a otro como si fuera un partido de tenis, aunque a veces esto parece ser mucho pedir para algunos combinados nacionales.

Unidad


El tiempo ha pasado demasiado rápido. Hace unos cuantos octubres todos vivimos la eliminación que independientemente de las circunstancias, fue increíble. Aquel lúgubre escenario del Rommel pertenece ya la historia patria del fútbol nacional, y ahora estamos a pocas horas de que inicie el camino a la Copa del Mundo de 2018, donde Rusia entre tantos problemas albergará el tan codiciado torneo.

Kingston es la primera parada en búsqueda de la extenuante misión de meterse como uno de los tres directos de la CONCACAF o en su detrimento el cuarto que dispute el repechaje. A pesar de que la historia reciente nos favorece cuando hay disposición de sacar resultados positivos por esos lares del Caribe, la selección de Jamaica que se ha visto en el 2015 intimida a cualquiera, sobre todo cuando los resultados ni el rendimiento han sido los mejores.

Con todavía pendiente el primer partido, está en la mente de todos el hecho de que el siguiente rival será Costa Rica. A pesar del optimismo y la viabilidad de un resultado positivo por estar en casa, pero ante al rival que siempre ha sido un dolor de cabeza tanto para la afición local como para los once jugadores en cancha panameños.

Por si la incertidumbre deportiva fuese poco, dentro de propias fronteras las discusiones acaloradas en torno a la selección han sido por cualquier clase de cosa, menos futbolística. Cada uno puede seguir enlistando los condimentos que hacen de este momento bastante incómodo y altamente desalentador, pero en líneas generales esta descripción es lo más puntual que puede haber para hablar de Panamá.

El hermetismo de un estratega que no ha dado resultados y que cobra un dineral ante los medios, otra situación que no ayuda y que tiene a todos bastante estresados. Mirando el las circunstancias, lo más sano que entendería pudiese sucederle a nuestro equipo es quedar eliminado, situación que acarrearía una restructuración interesante, o por lo menos es lo que uno esperaría.

Una catarsis colectiva que sería resultado de una prematura eliminación sería ideal, pero es lógico que nadie quiere esto; la única forma de olvidar los problemas es mediante el éxito, mediante los resultados, mediante el alcance del sueño de toda una nación. Todos estamos de acuerdo en que es la forma más política pero ideal de solventar la crisis (no ganar en 12 partidos es una crisis), pero para ello hay que trabajar.

Nombres de la selección han pedido empatía a la prensa y aficionados, así como unidad de cara a enfrentar este cuadrangular eliminatorio. Unidad. Atendiendo a alguno de los conceptos que la Real Academia entiende de la palabra, es importante decir que estoy de acuerdo. Es necesaria la unidad para la misión que Panamá está por afrontar.

Unidad de criterios, unidad de rendimiento, unidad en resultados, unidad en todo. Para que los que desde afuera son parte del éxito o fracaso del combinado nacional (todos nosotros) lo más importante de todo es ser concientes de la responsabilidad que hay enfrente y aportar en la medida de lo posible lo que pueda ser útil para este objetivo.

Desde nuestra posición lo más importante es el apoyo pero con la total claridad de cuales son los límites reales de Panamá y observando las falencias que se crean necesarias mejorar de cara a que las cosas se den en un feliz término. Nadie gana cuando la selección pierde, por más que se le tilde a alguno de anti-nacionalista, un tópico que hemos de profundizar mucho en otra oportunidad.

La única forma de que las expectativas en esta eliminatoria se reencaminen será con la obtención de resultados positivos en estas complicadas citas de noviembre. Resultados positivos que cada uno tendrá su valoración de lo que esto puede significar, pero que representan el primer elemento de la soñada unidad.
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