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Cristiano y el crecer entre lágrimas

Lágrimas. No puedo dejar de pensar que al pensar en Cristiano Ronaldo el primer recuerdo que se me viene a la mente es su tristeza tras perder la Final de la Euro 2004 ante Grecia en casa. Aquel momento de fragilidad para el jovencísimo delantero plasmaba un óleo sobre el cerebro curioso; entre los mechones de cabello pintado, los aretes de diamantes usados durante el partido que nos hablan de lo distante de la época, los dientes naturales de la época pre-fama y los regates con más pasión que cabeza, elementos que daban un mensaje claro: hambre de más.

¿Y consiguió algo más?… Obvio que la pregunta es tonta, pero es que a lo largo de los años la única constante de la que hemos sido testigos es del hambre por más del astro portugués. Pocas cosas son más sanas en esta vida que esa permanente búsqueda de mejorar y aspirar a más en esta vida, pero con Cristiano siempre dio una permanente sensación de que absolutamente nada fue suficiente... algo bueno obviamente.

Más allá de los títulos y los números, que nadie puede discutir son una obsesión para el delantero, esa necesidad de buscar siempre hacer daño a los rivales con una variedad de recursos que dejaron en la incredulidad a más de un defensor que se tuvo el infortunio de intentar detenerle. Ni siquiera entendiendo la evolución posicional que tuvo en el ataque al empezar como extremo por izquierda hasta terminar como centrodelantero fue posible referenciarlo.

Amado u odiado, sobre todo por tener la mala suerte de brillar en la época donde tuvo que compartir el podio con uno de los genios de la pelota como Messi, pero independientemente de a quién consideres mejor, no cabe la menor duda de que los mayores beneficiados de la titánica carrera por la excelencia que estos dos futbolistas sostuvieron fuimos nosotros, los aficionados. Cristiano Ronaldo ha llegado a 41 años y no deja de ser impactante, pero no cabe la menor duda de que desde las lágrimas de una época donde el fútbol se podía permitir ver a la selección helénica triunfar a nivel continental, ha pasado mucho y el luso supo crecer hasta tocar las estrellas. Saludo por lo que aún falta.

Cuentas claras



Hay que cambiar un poco el discurso respecto a lo que aborrecemos de proyectos como el del PSG. No es que "a punta de plata" quieren sentar bases de nuevos conjuntos grandes, ya que ese es el activo más importante en el fútbol de hoy en día que de forma indiscriminada están utilizando todos en la famosa globalización. La bronca se origina en la inmediatez con la que buscan figurar, irrespetando aquel ideal de que con mucho esfuerzo y trabajo se pueden conseguir las cosas, creyendo que como muchas cosas en la vida, la felicidad se puede comprar. Así que, en resumidas cuentas, a todos nos genera molestia el multimillonario proyecto por querer estar de apurados. Gracias a la providencia que en los escenarios donde les ha tocado medir fuerzas con equipos grandes han dejado muy en evidencia las millas que les faltan por recorrer para adquirir esa grandeza que no se puede comprar.

Ni siquiera una de las versiones más dubitativas del conjunto blanco en varias temporadas se presentó como el escenario ideal para callar las bocas que tanto han venido despotricando desde que Al-Khelaifi es dueño de los capitalinos. Tras una ida que por el desarrollo pudo ser para los franceses pero que por detalles terminó con el triunfo blanco, la vuelta representaba, nuevamente, la noche más importante de la historia de este club. Sin Neymar, la idea de Emery fue similar a la del primer encuentro, solo que para este compromiso contaban con un medio campo de mejor capacidad defensiva debido al regreso de Thiago Motta en detrimento de Lo Celso, lo que daba la oportunidad, en principio, a Rabiot y Verratti de fijarse en otras tareas de desequilibrio. Frente, el Campeón defensor, que volvía al manejo de su táctica ganadora.

Zidane entendió que el 4-4-2 es la mejor formación que puede emplear el Real Madrid en los partidos bravos. Dos volantes como Asensio y Vázquez que desequilibren y hagan los regresos prudentes para asistir con las marcaciones, algo necesario entendiendo los laterales del rival. Una vez andando el partido, fue evidente que los pulilos del entrenador español llegaron con la psicosis de los detalles para este encuentro, ya que se mostraron cautos con la pérdida del balón y perdieron en la primera mitad muchos lapsos en los que de meterle la mínima verticalidad algún tipo de rédito se podía sacar, y ya cuando intentaron buscarlo, los centrales blancos solventaron cómodamente. Ni siquiera cuando la pareja Kovacic-Casemiro dejaba espacios para presionar a la gente de arriba mostraron decisión los parisinos; concentrarse en no perder la pelota al medio sector propició que la delantera se encontrase durante todo el encuentro sin gas e ideas para batir a Navas.

Y como en lo táctico fueron superados hasta por negligencia propia, para el lapso donde lo mental se convertía en la principal arma se vieron totalmente fuera de posibilidades. Hace mucho tiempo el Real Madrid entendió las claves de esta clase de partidos, a los que cada vez que enfrenta parte como amplio favorito sustentándolo dentro de la cancha. Por más vueltas que le den los jeques al banquillo o a la plantilla, el PSG deberá vivir mucho tiempo la amargura para entender cómo se juega en la Champions y que se necesita para contrarrestarlo. Dejó en evidencia nuevamente que no es el gran equipo cual presumen ser, así de sencillo.

Magos y reyes


Benditos sean los sábados. Por más jornada laboral hasta mediodía que haya, esa sensación de libertad y satisfacción que genera el sexto día de la semana con pocas cosas puede compararse dentro de los placeres habituales del hombre. Un verdadero día santo, muy por encima del séptimo. Históricamente, los fundadores de los clubes de fútbol, muchos de ellos industriales, pescadores o trabajadores comunes, encontraban aquí un resquicio de tiempo para correr y patear la pelota. Con el pasar de los años y la evolución de circunstancias, se ponderó mucho esa vieja práctica, la cual terminó consagrándose como definitiva y hasta sagrada para jugar este deporte. Habiendo entendido la enorme oportunidad de negocio que representaba la globalización del que ahora es un espectáculo, fue que llegaron las jornadas dominicales, favoreciendo a público de latitudes exóticas, rompiendo la esencia de lo que en principio todo fue.

Pero a pesar de todo lo que se pueda repudiar del presente y los efectos directos que ha tenido sobre el fútbol, una realidad sin cabida a contra es el hecho de que los sábados son sagrados. Para fortuna de todos, esta tradición no ha sido profanada por algunos entes de prestigio, como puntualmente la UEFA. Con esa particularidad que de por sí tiene el día, agregarle un partido de Champions lo hace mucho más especial, lo hace mágico. Una final, por supuesto es un condimento mucho más exquisito para llamar la atención de las masas. Arrancando con un innecesario show, propio de la necesidad de UEFA para quedar bien con uno de sus nuevos patrocinadores, el verdadero espectáculo se dio dentro de un engramado que guardaba mucha incertidumbre, puesto que en varios años no se daba un partido decisivo que se perfilaba como difícil de poder vaticinar el desenlace.

La primera mitad, como se contemplaba, tendría rasgos muy característicos de tableros de ajedrez. Tanto Zinedine Zidane como Massimiliano Allegri habían comprendido que era un partido de detalles, los cuales si no se trabajaban con un 1000% de cuidado terminarían por desbalancear las cosas para uno de los lados. En ese cuidado, una pulcra mediacancha dotada de salida y cobertura de la Juve asfixiaba a los merengues que no sabían cómo zafarse de aquello, principalmente un Isco que por más que se le pidió dentro de la cancha, se había convertido en el punto débil del desarrollo de juego español. Sin embargo, en la desatención de mayor cuidado por parte de los italianos, caía el primer gol de los Campeones defensores; para Dani Alves la labor de la noche había consistido en bloquear arriba la salida de Marcelo, quien al encontrar un espacio dio tiempo y forma para que Dani Carvajal hiciera los movimientos que propiciaran el remate de Cristiano.

El gol había caído en un abrir y cerrar de ojos. Para el momento en que se dio, nadie lo tenía en los papeles como probable. Ese primer truco no sería el último de los 45 minutos iniciales, ya que Mario Mandzukic del sombrero sacó un conejo blanco en forma de media chilena, una verdadera obra maestra para enmarcar dentro de las finales de esta competencia. El segundo tiempo, sencillamente fue un baile, el cual fue marcado al ritmo de Zidane. Mover a Isco como interior por izquierda y adelantar a Toni Kroos para que bloqueara el juego de Miralem Pjanic fue suficiente para desconcertar todo el plan de juego de Allegri, quien nunca supo darle vuelta a la situación y vio como la mejor defensa del campeonato sucumbió ante el poderío de un equipo que no entiende de estadísticas o rivales improbables de doblegar. El Real Madrid sencillamente fue mejor y manejó el que se veía como el partido más difícil de la temporada a hasta convertirlo en una goleada.

Fue un partido de detalles como se planteó previamente. Detalles que trascienden más allá de los 90 minutos del partido en Cardiff. Uno ve a este Madrid y cuesta mucho poder encontrarle falencias que los adversarios puedan aprovechar para sacarle resultados importantes, ya que errores y desaciertos los tienen como todo mortal, pero no los suficientes como para decir que puedan peligrar sus victorias. Un Zidane que inició como un mero motivador ha pasado a ser un estratega como pocos, con una visión del campo inigualable entre los técnicos estelares del hoy, dando ese salto de calidad necesario para que uno ponga sus capacidades en el banquillo cerca o iguales a las que tuvo cuando vestía de la pantalones cortos. Con todo esto ocurrido en tan corto tiempo, pareciera que todo fuese logrado como por arte de magia. 

Y es que, damas y caballeros, todo lo que ha logrado este equipo hace sin lugar a dudas pensar en que nos encontramos frente a un equipo de época, de esos que uno mantiene en la retina eternamente si ha tenido la dicha de poder verlos en vivo. Por encima de su contundencia para ganar, lo que más sorprende es lo imprevisible de su juego; desborde con Marcelo, pases exquisitos con Kroos y Modric, el talento de Cristiano Ronaldo... muchos recursos para un solo equipo. Su forma tan sorpresiva de jugar ilusiona porque es prácticamente magia. Así como todos soñaban luego de los cumpleaños tras los actos de cartas o los sombreros, este Real Madrid es capaz de generar sensaciones así. Con muchos trucos bajo la manga, el equipo de Zidane está plagado de magos, que hoy son Reyes del fútbol mundial.

Insaciables


Después de un final exitoso de la temporada anterior, las conclusiones respecto a la gestión de Zinedine Zidane en el banquillo del Real Madrid tenían comunes denominadores, principalmente en el hecho de que el mítico ex-futbolista francés tenía una mayor injerencia dentro del aspecto anímico que sobre lo táctico en su plantilla. En los tres meses y medio que transcurren del presente 2017, la historia ha sido exactamente la misma, con la única diferencia en que el equipo blanco se ha visto muy dubitativo en múltiples aspectos del juego, situaciones que algunas veces se pasan por alto tomando en cuenta los resultados. Sin embargo, cuando se dieron a conocer los emparejamientos de los cuartos de final de Champions, todas esas inseguridades que semana a semana mostraban los actuales reyes de Europa volvieron a salir a flote, pensando principalmente en que un rival de mucha pegada y peso como pocos era el próximo rival a vencer de cara a revalidar el título.

Dudas, dudas y más dudas. Por si eso no fuera suficiente, el Bayern salió como una verdadera aplanadora en el primer tiempo del partido. Carlo Ancelotti entendió a la perfección esa sed de revancha que los bávaros tenían para con los equipos españoles, los cuales han venido dejándolos fuera de la pelea por el título continental desde la gestión de Guardiola. Saciar esa sed sólo se puede hacer presionando, recuperando e intimidando. Las bajas que presentaba el equipo teutón se presentaban como algo más que sensibles; la ausencia de Mats Hummels dejaba un hueco en la defensa enorme pensando principalmente en la velocidad de reacción que esa última línea debía tener ante los atacantes blancos y no contar con Robert Lewandowski sencillamente disminuye exponencialmente la presencia ofensiva, ya que su aporte al juego con o sin balón es envidiable por cualquier jugador en el mundo. Pero como el conjunto blanco también contaba con ausencias importantes, puntualmente en el área defensiva, no podían ser excusas.

Ahogar la zona de recuperación de un Luka Modric muy inseguro en las recientes semanas fue edificando la profundidad del conjunto de Múnich. La cantidad de aproximaciones, sin remates certeros, que lograron los alemanes estaba siendo agobiante durante toda la primera parte, pero los cuales no pudieron tener las definiciones/disparos más acertados dada la baja del delantero polaco y la presencia de un Thomas Muller que pasó desapercibido durante todo el compromiso. Llegó el gol para los locales en la cabeza de un Arturo Vidal que dio alma, vida y corazón en cada balón que llegó a disputar, el cual pudo inclinar la balanza tanto en el marcador como en el juego para un conjunto que ya veía con mucha ilusión la posibilidad de sacar un rédito bastante importante de cara al partido de vuelta. Todo por lo que el chileno luchó se vio frustrado faltando nada para el descanso con aquel penal fallado, el cual impactó duramente en el momento anímico local, el cual se iba al descanso con la sensación de haber dejado vivo a un rival que no necesitaba de mucho para poder meterse en un partido al que mucho tiempo le faltaba.

Mucho más que la expulsión, fue el penal fallado por Vidal lo que cambió el partido. El Bayern nunca pudo recuperarse del golpe anímico que ello representó

Una incesante presión daba como lógico resultado una sensación de inseguridad, pero esta no era la realidad de los de la capital española. Atípico resultaba ver a Gareth Bale bajando a aportar en tareas defensivas a los laterales y en el centro del campo, lo que ciertamente mermó recorrido de cara a la portería rival pero que aportaba mucha seguridad a un equipo fuertemente acechado por los costados. Ante la superioridad rival, una comedida versión del Real Madrid de Zinedine Zidane se encontraba a la vista de todos; la madurez para afrontar esta clase de circunstancias son las que finalmente ayudan a conseguir lo que el transcurrir de los minutos otorgó a la causa merengue. El tempranero gol de Cristiano una vez iniciado el complemento daba la estocada final al ya débil momento anímico vivido por el local, que veía cómo se derrumbaban las ideas dejadas luego del primer tiempo. Con el bajón llegó la frustración, y de la frustración la expulsión. El partido estaba condenado a cambiar radicalmente, pero mucho más que la expulsión, sería el penal fallado por Vidal lo que cambiaría el partido, era evidente que el Bayern no se pudo recuperar de aquel golpe.

Teniendo prioridades distintas en la idea del juego para los bávaros, ahora todo sería más fácil. La presencia de Marco Asensio en el partido fue fundamental para seguir abriendo las líneas de un Bayern que ya empezaba a deambular tácticamente sobre el engramado, ya que sus líneas de distribución habían desaparecido gracias al volumen ofensivo que pasaban por los pies del joven mallorquín; la serenidad para conducir el balón ante un equipo asustado y urgido de algo hacia adelante terminaron por romper mucho más el último sector local, abriendo espacios para que fuese Manuel Neuer figura del partido, siendo el responsable de que su equipo no se fuera de los 90 minutos disputados con cinco o seis goles en contra.

Como todo partido grande exige que aparezcan nombres grandes, Cristiano Ronaldo terminó haciéndose presente en el marcador por segunda vez en el partido. Su centenario gol en competencias europeas representó aquella estocada de esos jugadores distintos, que por más cuestionamientos que se les haga nunca se perfila como algo sano descartarlos, porque en cualquier momento consiguen resolver un partido y volver a ser aquella insignia que lidera un triunfo. El Real Madrid estaba logrando algo impensado: ganar y gustar en Alemania... gustar mucho. Muy pocos equipos pueden presumir de llegar a un feudo tan imponente y doblegar de manera tan eficaz a un equipo con recursos futbolísticos prácticamente ilimitados.

Lo único malo del partido ha sido el resultado para los blancos. La sensación de que pudieron haber sido muchos más quedó plenamente justificada en lo que fue un concierto de fútbol para un Real Madrid que hacía mucho tiempo no desplegaba tan buen juego colectivo como individual. Ciertamente un jugador de más le pesó a los bávaros, pero desde el dominio teutón en la primera parte se pudo ver a un visitante con mucho criterio e identidad de juego. Queda todavía el partido de vuelta en donde todo puede pasar, pero tras un partido como este, los jugadores quedan insaciables de gloria y de goles que se pudieron haber visto en los primeros 90 minutos.

Campeón del sufrimiento


Cuando se dio la separación de FIFA con France Football de cara a la premiación del mejor jugador del mundo en el año se especulaba mucho con que la revista francesa iba a entregar el galardón al galo Antoinne Griezmann. Sin embargo, la tranquilidad con la que arrasó el astro portugués las votaciones del Ballon D'Or dejaban claro cuál iba a ser el próximo ganador de la distinción otorgada en esta ocasión por el ente rector del fútbol mundial. El primer The Best ha sido Cristiano Ronaldo. Como se apuntó el año pasado en este espacio, estas distinciones carecen de un valor realmente significativo para quienes analizamos este deporte día a día, principalmente debido a que no existe un verdadero criterio para elegir esta distinción; no hay claridad en saber si se trata por rendimiento individual, por títulos obtenidos a lo largo de la temporada o por simple nivel de popularidad.

En los pasados diez años pareciese que han sido los últimos dos criterios los que prevalecieron para periodistas, capitanes y entrenadores a lo largo de todo el mundo. Algo que no se les puede culpar, hoy el fútbol está diseñado para ser un espectáculo en donde la supremacía individual se ha reducido a únicamente dos nombres. Lo curioso de todo es que a lo largo del tiempo, un trofeo que realza especialmente la figura en solitario generalmente termina por definirse gracias a la cuantía de galardones en colectivo que dicho jugador terminó obteniendo en el año calendario. Dejar la ventana de criterios tan abierta no permite que todos queden satisfechos realmente con este tipo de premios. Aunque realmente sería bastante aburrido que todos estuviésemos de acuerdo.

A criterio de este servidor el mejor jugador del 2016 fue Antoine Griezmann. Con lo poco que tuvo a su alrededor fue quien más empujó tanto a su equipo como a su selección en unos meses de mayo, junio y julio bastante ajetreados; desafortunadamente para él, se fue con las manos vacías. Pero vamos, que el francés me haya parecido el mejor jugador del año de ninguna forma podría demeritar lo que consiguió CR7 durante el 2016. Distando mucho de tener un año notablemente lúcido en el desarrollo de fútbol individual, el portugués logró aportar atributos que en el desarrollo del juego también representan una cuota sustancial del éxito obtenido por los colores que defendió y representó con goles y uno que otro salto de celebración popular realizado por el mismo.

Quitando unos muy buenos y cuantiosos goles realizados por el jugador, el primer aporte que tuvo fue su presencia en cada proceso decisivo de los torneos. Se cae de su peso que estaba en la cancha, pero lo que se quiere dar a entender es la facultad que tuvo el mismo para poder apoyar a sus compañeros inclusive cuando no se pudo hacer presente en momentos delicados, como puntualmente puede ser la Final de la Euro, en donde tras salir lesionado en el primer tiempo, insistió desde un costado de la cancha alentando a sus compañero, inclusive a Éder, quien terminaría siendo el héroe del partido con el gol decisivo. El empuje que puede aportar un futbolista del nivel de Cristiano evidentemente incide en la moral de los jugadores a su alrededor, lo que crea una dinámica distinta a lo interno.

Fue un año muy difícil en cuanto al fútbol para Cristiano y sus equipos, ya que pegados a los asientos y tribunas se encontraron los aficionados del Real Madrid y Portugal durante sus respectivos torneos. Remontar en cuartos de final y ganar en penales la Champions, así como campeonar la Eurocopa tras no ganar ni un solo juego en la fase de grupos son agobiantes formas de sufrir que no cualquiera puede manejar, y eso fue algo que hizo el astro lusitano, campeón del sufrimiento.

Rompiendo paradigmas


Sin discusión alguna, el triunfo de Portugal en la Euro ha sido una verdadera sorpresa para todos. Ni el más optimista de los seguidores lusitanos veían posible que este combinado nacional se pudiese hacer con el título disputado en territorio francés, mucho menos después del pobre debut ante la sorpresiva Islandia. Parecía, y era, una misión difícil para una selección tan cuestionada, pero lo cierto es que el primer título a nivel de selecciones mayores para esta nación es una realidad.

Cuando Fernando Santos presentó la lista de convocados para el torneo, no había la menor duda que esta históricamente cuestionada selección se enfrentaba a un proceso de renovación, siendo la justa el sparring ideal para esta camada de futbolistas que se apoyó en la lógica base de veteranos que, por más que los resultados no les han acompañado, no dejan de ser una fuente importante de la identidad portuguesa dentro del campo de juego.

Distante de ser ideal la preparación, el debut no dejó a persona conforme o satisfecha con lo visto. Dos partidos después, la dinámica seguía siendo igual de pobre, pero les bastaba para hacerse con un puesto entre los 16 últimos del torneo, dado el nuevo formato de la competencia. Un estilo de juego aburrido completamente y predecible, dado que el juego era buscar por arriba a un estático Cristiano Ronaldo, el cual al estar siempre cubierto imposibilitaba que esta estrategia tuviese los frutos que tanto buscaban. La forma de jugar recordaba aquel triste paso por Brasil 2014, muy a pesar de estar en la siguiente ronda.

Los octavos deparaban a una Croacia que prometía mucho, pero que en promesas se quedó. Ricardo Quaresma a tres minutos de los penales definió al ganador del peor partido de todo el torneo, parecía que la suerte lusitana no duraría mucho más, menos cuando Polonia sería su próximo rival. La ronda de cuartos de final tuvo un encuentro menos desesperante que en la ronda previa, donde una clara mejoría hubo desde lo táctico para regresar de atrás y aguantar hasta en la tanda de penales en donde un fallo de Kuba los envió a las semifinales.

En el primer partido en las rondas de eliminación directa en que salían como favoritos, ante Gales en semifinales, la diferencia se notó. Un CR7 metido en compromiso junto a la presión incesante de los volantes/laterales, así como el trabajo en el centro del campo, hicieron posible la primera victoria dentro de los 90 minutos de la selección portuguesa en todo el torneo. Sin posibilidad a ingresar críticas, este equipo ya era finalista.

Con todo en contra, desde la salida del mejor jugador arrancando el partido y pasando por estar en territorio enemigo, Éder apareció en el inicio del segundo tiempo extra para poner el gol del triunfo. ¿Con qué cara todos los que cuestionamos lo que estaba haciendo este equipo saldríamos a explicar lo sucedido en el Stade de France el domingo? Claro, soy honesto y me incluyo en la lista de detractores de este equipo.

En principio, no hay explicación. Portugal se convirtió en otro relato curioso del fútbol y especialmente de las Eurocopas, que con Dinamarca y Grecia ya habían antecedentes más o menos recientes de lo sorpresivo que puede llegar a ser este juego. Sin embargo, quedarse con esa idea no satisface del todo, hay que ahondar más, principalmente en el entrenador. No acreditarle parte importante del éxito a Fernando Santos sería injusto; armar un equipo que en principio no aparenta ser competitivo, sólo ganar un partido dentro de los 90 minutos en seis disputados, distar de tener un estilo de juego atractivo y aún así ser los nuevos monarcas del viejo continente... evidentemente no tiene precio.

Con más apoyo moral de Cristiano que de juego, la plantilla también se las ideó. Adrien Silva, Raphael Guerreiro, Renato Sanches y Joao Mario como la cuota joven que no dejó de trabajar en la recuperación y proyección de juego, Pepe impecable y por supuesto, un Rui Patrício que se consagra como un portero legendario tras la sublime final disputada. Cuando se ausentó el juego colectivo atractivo, la estrategia fue aplicada a la perfección por estos jugadores, que egoísta o no con el espectáculo, al final del día terminó funcionando.

Para quien sigue este deporte el pensar en el título luso sigue siendo hasta cierto modo increíble. Pero ya una vez comprendido que es la realidad, hay hechos que quedan tras este título que se prestan para analizar a profundidad. Hay una vieja premisa que siempre rezan los futbolistas cuando llegan a torneos cortos: ''Para ser Campeón hay que ser el mejor y ganarle a los mejores''... después de lo vivido este año en Francia, podemos decir que los nuevos Campeones de Europa llegan rompiendo paradigmas.

Héroes anónimos


El Stade de France estaba listo, nuevamente, para albergar la final de un torneo importante. Siendo el coloso de Saint-Denis uno de los estadios más populares de todo el fútbol mundial, no podía haber otro engramado posible como candidato para un evento de semejante magnitud. Magia, sueños y fútbol se percibían cerca de un rectángulo de juego que tantas cosas ha vivido; la noche de domingo europea estaba totalmente centrada en lo que sucediera en la capital francesa.

Sin ningún tipo de expectativa real que sucediese, Portugal se había metido a la gran final. Seis partidos después, una victoria en 90 minutos, otra en 120 y cuatro empates marcaban un paso bastante discreto/cuestionable en su transitar durante las instancias de la competencia; más allá de los resultados, las formas en las que se desarrollaban los encuentros no daban crédito a las instancias a las cuales los lusitanos lograron meterse. Muy a pesar de los señalamientos generales, esta era una de las escuadras que se daba cita en la final de la Euro. Sin cargar la estela de favorito para este encuentro, no quedaba la menor duda que podía hacer el daño suficiente para revertir las circunstancias de todo en su favor.

Llegando a esta llave como visitante, pero con todo el su favor, la selección de Francia. El combinado galo se acreditó con el derecho de estar en el partido definitorio de la competencia que organizaron con tanta dedicación. Con un fixture ciertamente tranquilo, el combinado anfitrión dio fe de sus falencias en cuanto a funcionamiento colectivo, pero había conseguido sacar los resultados gracias a las capacidades individuales. El peso de la localía los hacía favoritos, aparte de los nombres que conformaron el equipo y por sobre todas las cosas, la victoria ante Alemania, obtenida por más desacierto rival que virtud propia, pero que demostraba una nota positiva ante un rival de mucha exigencia.

El electricista de profesión daba por iniciado el compromiso con un pitazo. El partido resintió la brusquedad que se tuvo presente desde el arranque; la acelerada forma de jugar de ambos equipos hizo que se calentaran los ánimos y las ideas, como la de Dimitri Payet cuando hace la dura entrada sobre Cristiano. Como era de esperarse, Clattenburg ni la falta pita cuando era una jugada que ameritaba expulsión. La salida forzada del capitán portugués no movió nada en lo táctico, pero claramente influyó en la distribución de tareas, algo que en cierta manera los liberó para desarrollar y proyectar, aunque de todas formas los de casa presentaban mejores cosas.

Como era de esperarse, Clattenburg ni la falta pita.
Transcurren los minutos y la tónica es una sola: portugueses protegiéndose ante las aproximaciones sin claridad de franceses. Parecía que la lógica se impondría y los locales festejarían a lo grande, pero la consistencia en muchos aspectos los mantenía con vida en el encuentro. El nerviosismo de los minutos iniciales se mantenía en las dos selecciones, pero ahora era evidente que se daba más solvencia y las figuras clave empezaron a tener nombres y apellidos. Los franceses eran más insistentes, pero su fútbol se basaba en proyecciones muy puntuales, esto principalmente por el hecho de que su medio campo, puntualmente la pareja Blaise Matuidi y Paul Pogba, literalmente desaparecieron del encuentro. Como parte de esas sorpresas que el fútbol suele dar, los galos encontraban el rol de director de orquesta en Moussa Sissoko, que lideró llegadas que pusieron a trabajar al salvador lusitano.

Sin goles, se decretaba el descanso. Los entre tiempos siempre son momentos clave en los partidos. Los entrenadores llegan y dan el discurso posiblemente más importante de sus carreras, los jugadores asimilan la importancia del asunto o sencillamente por el tiempo que da para pensar en frío sobre lo que está sucediendo en cancha. Ya en el complemento seguía el dominio local, pero Portugal resistía contra todo, inclusive teniendo ocasiones para irse adelante en el marcador. Era un partido muy cerrado, sólo aquel que entendiera las circunstancias del encuentro podría salir victorioso. Cuando faltaban poco más de diez minutos para el final, Didier Deschamps saca a un centro delantero para meter a otro; Fernando Santos por su parte vio posibilidades y sacó a un mediocampista para hacer ingresar a un delantero de área.

Franceses embestían y portugueses salían, esa fue la dinámica del encuentro. Kingsley Coman, Andre-Pierre Gignac, Sissoko y toda la artillería local se encontraba con Raphael Guerreiro que las peleó todas, así como Joao Mario que le daba salida al equipo, Pepe-Fonte como dupla defensiva, Nani y Rui Patrício. La prórroga llegaba cargada de dramatismo tras dos postes de los galos y uno de los lusos en un cierre de partido dramático. En el tiempo extra se equiparon un poco más las cosas aunque la presión sin claridad se mantenía por parte del anfitrión. Resistir con certeza y salir a buscar las pocas posibilidades, esa fue la estrategia del triunfo.

Arrancando el segundo tiempo extra los foráneos recuperaban la pelota en tres cuartos de cancha, en plena salida de los pupilos de Deschamps. Un pique de velocidad reducido, cambio de dirección y disparo esquinado... la receta necesaria para cambiar todo. El último cambio que el estratega portugués realizó estaba más fresco que todos los demás. Éder, señalado por toda la prensa de su país cuando fue convocado para este torneo . Si debemos hacer recuerdo de héroes inesperados, no podremos olvidar esta final jamás. Contra todo, todo pronóstico, el nuevo monarca del fútbol europeo a nivel de selecciones es Portugal.

Un título que podía significar el alivio a tantos problemas en Francia, terminó siendo una amargura más en tan poco tiempo. En una oportunidad única en la vida para toda esta generación de jugadores, el partido se les presentó con todos los condimentos necesarios para ganarlo: mejor condición, mejor plantilla, el arbitraje generoso y el hecho de que el mejor jugador del rival sale temprano del encuentro. Factores que no leyó el estratega Campeón del Mundo de 1998 y planteó una estrategia de juego conservadora para sus posibilidades, quedando claramente como un cobarde frente a los demás. La derrota es merecida para esta selección, que de lamentable sólamente deja el hecho que Antoinne Griezmann en su mejor año como futbolista se irá con las manos vacías.

No hay forma posible de aseverar que Portugal fue el mejor equipo de la competencia, pero ganó. Cuando muchas veces los argumentos futbolísticos no alcanzan, la estrategia es indispensable, tal como lo leyó Fernando Santos en esta final, así como una gran cuota de buena fortuna. Sin su máximo astro dentro de la cancha, el combinado nacional lusitano descubrió que el conjunto si tiene ideas claras puede hacer cosas grandes, teniendo esto como consecuencia que aparezcan héroes anónimos y terminen marcando la diferencia.

Maquinarias de momentos


Estamos a poco menos de un día para que arranquen las semifinales de la Champions League. No es el momento ni texto para hacer un balance general de la temporada, el cual cada uno tendrá su distinto termómetro para la misma, pero creo que todos estamos de acuerdo con que ha llegado uno de los partidos más esperados de todos. La ronda que se da como antesala a la gran final a nadie deja indiferente. Puede que los equipos de muchos ya han dicho adiós a la competencia, pero saber quién será el nuevo monarca del viejo continente a nivel de clubes es la pregunta que todo fanático del fútbol quiere saber. Antes de desarrollar las ideas, es pertinente aclarar que la imagen correspondiente a cada previa es la del equipo local de turno, para que no especulen con mis favoritismos... aunque en realidad lo pueden hacer, para ello la libertad de pensamiento.

Durante las últimas semanas el fútbol nos ha dado nuevas señales de su imprevisión y magia, con partidos que han cambiado percepiones que parecían difíciles de contra argumentar. Esto nos deja la enseñanza de que es muy difícil, para no decir imposible, preveer el destino de un torneo o conjunto en general. Eso es lo que hace tan especial a este deporte, sin embargo, la posibilidad de entender circunstancias determinantes que se puedan presentar en un partido es el elemento fundamental para sentarse frente al ordenador a escribir un texto como este.

Para la primera semifinal tenemos un encuentro de alto calibre por todos los millones de dólares que circularán en el engramado del estadio Etihad, e inclusive en las respectivas bandas. Muchos dicen que el dinero no te compra la felicidad, pero sí jugadores para armar al equipo de tus sueños, que poniéndolo en perspectiva con algunas otras cosas, termina siendo lo mismo. El Manchester City es uno de los equipos parte del sueño de los petrodólares en imponer condiciones en un mundo de negocios bastante distinto a su habitual, pero que de momento es el único que ha tenido un éxito plenamente palpable, ahora mucho más con la llegada a esta ronda.
Muchos dicen que el dinero no te compra la felicidad, pero sí jugadores para armar al equipo de tus sueños, lo que termina siendo lo mismo. 
De los cuatro clasificados a esta instancia, el equipo dirigido por Manuel Pellegrini es que menos estela de candidato al título tiene, pero esto no debe relajar a ningún adversario. Con la irregularidad como bandera en esta campaña, los citizens están cerrando con contundencia los partidos del último mes y medio, donde no los han ganado todos, pero en donde dan prueba de la eficacia de un equipo que tiene unidades más que interesantes, las cuales dan ritmo y coherencia al vértigo de este equipo.

Esa coherencia se la deben principalmente al gran complemento que le representa Kevin de Bruyne a pilares de juego a ras de suelo como David Silva o Yaya Touré, quienes si se encuentran cómodos y con espacios para marcarse los movimientos para los pases, darán mucho de que hablar. Como estandartes de igual magnitud están, obviamente, la portería y la cuota goleadora. La confianza de Joe Hart contagia buenas sensaciones al equipo, del cual ha sido el Kun Aguero quien mejor ha absorvido esto; recuperado al 100% (aparentemente) de sus traumantes lesiones, de cara a la portería viene siendo un absoluto dolor de cabeza en las últimas semanas, algo que espera mantener de cara a este encuentro.

Pero, siempre hay un pero. A Pellegrini nunca le ha gustado jugar a la defensiva, pero está claro que de vez en cuando hay que ensuciarse las manos. Además de ensuciarse, le toca embarrarse por completo, dado que al tener menos tiempo el balón en posesión existe un riesgo exponencial de tener que depender de una defensa que ha visto desfilar esta temporada a limitados futbolistas como Nicolás Otamendi y Eliaquim Mangala, quienes han causado que se extrañase mucho más a Vincent Kompany en los lapsos de campaña en las que ha estado lesionado.

Teniendo un grado alto de exposición por una endeble defensa, pensar en recuperar la pelota o siquiera calmarla en el centro del campo se estipula como la solución más lógica... pero al ver la dupleta conformada por Fernandinho y Fernando, este último con un precio del cual todavía espero una justificación válida, ofrecen muchas facilidades a los rivales por su falta de visión de campo, así como de capacidad para hacer frente a rivales difíciles en un sector tan delicado de la cancha.

Vivir en el pasado y el presente es algo que con toda tranquilidad puede hacer un equipo como el Real Madrid, el cual llega a este emparejamiento como favorito para hacerse con un puesto en la final de Milán. En dos lapsos de tiempo se puede encontrar a la vez el conjunto merengue: haciendo memorias de la tan anhelada Décima y a la vez sosteniéndose en los argumentos deportivos y extra deportivos que un mito del club como Zinedine Zidane le puede aportar. Una plantilla que ha vivido sinsabores grandes a lo largo de la temporada demuestra que los libretos se dejan para cualquier otra cosa, menos para el fútbol que es impredecible.
Una plantilla que ha vivido sinsabores grandes a lo largo de la temporada demuestra que los libretos se dejan para cualquier otra cosa, menos para el fútbol.
El inexperimentado estratega francés llegó para salvar al equipo de los deslices de Rafa Benítez, y a pesar de las múltiples dudas que demuestre, es innegable que ha cumplido en la medida de sus posibilidades. Ni siquiera los diversos problemas físicos que ha tenido la plantilla han sido excusa para que la contundencia, el juego colectivo e inclusive el orgullo terminen resolviendo escenarios complicados y le den vida a este equipo todavía a un doblete impensado hace tres meses.

A diferencia de la mayoría de los equipos mortales, el conjunto madrileño no necesita enfocarse plenamente en una generación escalonada y bien asegurada de fútbol para crear ocasiones, puesto que puede apelar a la solvencia con la que figuras individuales pueden marcar la diferencia en cuestión de segundos, siendo Karim Benzema junto a Cristiano Ronaldo los principales exponentes de esto. Muchas veces no se pondera el trabajo del delantero galo, pero es el mejor compañero que CR7 pueda tener, dado que siempre marca las direcciones de los pases y complementa muy bien las jugadas.

Estos y muchos otros pilares tiene el Madrid. Sin embargo, un equipo con vasta pegada presenta sus falencias. Una constante que no se menciona cada vez que este equipo golea es su gris forma de hacer transiciones defensa-ataque por vía terrestre, demostrando imágenes no tan ideales de Luka Modric y Toni Kroos; primordialmente las salidas blancas se dan por cambios de juego prolongados o balones nacidos de robos rápidos, algunos de ellos provenientes de jugadas de contragolpe.

Una muy dubitativa defensa es la carta de presentación también del conjunto blanco. Que el costarricense Keylor Navas sea uno los pilares de esta campaña del Real Madrid por sus ya habituales salvadas casi imposibles genera ciertas alarmas que los goles arriba silencian. Cuando debería haber una mejoría en su juego, Pepe y Raphael Varane se muestran débiles a la hora de hacer coberturas prudentes, teniendo claras deficiencias igualmente con los balones que juegan a espaldas de los mismos; falencias que sólo Sergio Ramos puede maquillar con su constante labor.

Va a ser un duelo interesante sin duda, en donde no puedo dejar de ver al conjunto español como favorito. Este primer duelo será interesante no sólo por el resultado claro está, sino por ver con detenimiento cual de estas dos máquinas de goles (no de fútbol) puede aprovechar mejor el momento que atraviesan.
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