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Mbappé retira demanda contra PSG pero mantiene reclamo económico

Kylian Mbappé ha decidido dar un paso hacia la reconciliación con su antiguo club, el París Saint-Germain (PSG), al retirar la demanda judicial que había interpuesto por presunto acoso e intento de extorsión. Según informó el diario L’Équipe, el actual delantero del Real Madrid tomó esta decisión con el objetivo de “calmar la situación en el ámbito jurídico y concentrarse exclusivamente en lo deportivo”.

No obstante, el jugador francés de 26 años mantiene su reclamación por 55 millones de euros, correspondiente a salarios y primas pendientes de pago. Esta disputa económica sigue abierta y se remonta al momento de su salida del club en julio de 2024, cuando Mbappé finalizó su contrato y se incorporó al Real Madrid como agente libre.

PSG sostiene que, en el verano de 2023, ambas partes alcanzaron un acuerdo verbal según el cual el futbolista renunciaría a una parte de las sumas que debía recibir al finalizar su contrato, en aras de proteger la estabilidad financiera del club. Sin embargo, el jugador negó la existencia de tal acuerdo y llevó el caso ante la comisión disciplinaria de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), reclamando la totalidad de los pagos pendientes.

El conflicto alcanzó su punto más crítico en mayo pasado, cuando el Tribunal de Primera Instancia de París anuló un embargo preventivo sobre los 55 millones de euros de las cuentas del PSG, dejando en pausa temporal la reclamación financiera.

Mbappé, quien se convirtió en el máximo goleador histórico del PSG con 256 goles en siete temporadas (2017-2024), enfrentará a su exequipo este miércoles 9 de julio en un encuentro de alto voltaje por las semifinales del Mundial de Clubes. Será la primera vez que se mida al club donde se consagró como estrella mundial. 

Cuentas claras



Hay que cambiar un poco el discurso respecto a lo que aborrecemos de proyectos como el del PSG. No es que "a punta de plata" quieren sentar bases de nuevos conjuntos grandes, ya que ese es el activo más importante en el fútbol de hoy en día que de forma indiscriminada están utilizando todos en la famosa globalización. La bronca se origina en la inmediatez con la que buscan figurar, irrespetando aquel ideal de que con mucho esfuerzo y trabajo se pueden conseguir las cosas, creyendo que como muchas cosas en la vida, la felicidad se puede comprar. Así que, en resumidas cuentas, a todos nos genera molestia el multimillonario proyecto por querer estar de apurados. Gracias a la providencia que en los escenarios donde les ha tocado medir fuerzas con equipos grandes han dejado muy en evidencia las millas que les faltan por recorrer para adquirir esa grandeza que no se puede comprar.

Ni siquiera una de las versiones más dubitativas del conjunto blanco en varias temporadas se presentó como el escenario ideal para callar las bocas que tanto han venido despotricando desde que Al-Khelaifi es dueño de los capitalinos. Tras una ida que por el desarrollo pudo ser para los franceses pero que por detalles terminó con el triunfo blanco, la vuelta representaba, nuevamente, la noche más importante de la historia de este club. Sin Neymar, la idea de Emery fue similar a la del primer encuentro, solo que para este compromiso contaban con un medio campo de mejor capacidad defensiva debido al regreso de Thiago Motta en detrimento de Lo Celso, lo que daba la oportunidad, en principio, a Rabiot y Verratti de fijarse en otras tareas de desequilibrio. Frente, el Campeón defensor, que volvía al manejo de su táctica ganadora.

Zidane entendió que el 4-4-2 es la mejor formación que puede emplear el Real Madrid en los partidos bravos. Dos volantes como Asensio y Vázquez que desequilibren y hagan los regresos prudentes para asistir con las marcaciones, algo necesario entendiendo los laterales del rival. Una vez andando el partido, fue evidente que los pulilos del entrenador español llegaron con la psicosis de los detalles para este encuentro, ya que se mostraron cautos con la pérdida del balón y perdieron en la primera mitad muchos lapsos en los que de meterle la mínima verticalidad algún tipo de rédito se podía sacar, y ya cuando intentaron buscarlo, los centrales blancos solventaron cómodamente. Ni siquiera cuando la pareja Kovacic-Casemiro dejaba espacios para presionar a la gente de arriba mostraron decisión los parisinos; concentrarse en no perder la pelota al medio sector propició que la delantera se encontrase durante todo el encuentro sin gas e ideas para batir a Navas.

Y como en lo táctico fueron superados hasta por negligencia propia, para el lapso donde lo mental se convertía en la principal arma se vieron totalmente fuera de posibilidades. Hace mucho tiempo el Real Madrid entendió las claves de esta clase de partidos, a los que cada vez que enfrenta parte como amplio favorito sustentándolo dentro de la cancha. Por más vueltas que le den los jeques al banquillo o a la plantilla, el PSG deberá vivir mucho tiempo la amargura para entender cómo se juega en la Champions y que se necesita para contrarrestarlo. Dejó en evidencia nuevamente que no es el gran equipo cual presumen ser, así de sencillo.

Grandes y chicos


Millones y millones de euros invertidos después, la Champions ha quedado siendo la tarea pendiente de un equipo que ha ganado con exagerada comodidad los campeonatos domésticos, algo que sin duda representa un fracaso si de cuantías y nombres se habla. Cuando el conjunto de la capital francesa destituía a Laurent Blanc para darle paso a la contratación del español Unai Emery de cara a la presente temporada, la idea era bastante clara: dar con un técnico comprobadamente capacitado para conducir el ambicioso proyecto a dar de una vez por todas el deseado salto de calidad para consagrarse como monarcas del Viejo Continente. Para sorpresa de todos, el resultado de la ida de octavos ante el Barcelona ya dejaba un marcador bastante abultado como para pensar que los parisinos darían finalmente la estocada de calidad que necesitaban para consagrar el trabajo que la fuerte inversión ha tenido.

Pero no fue así. El Camp Nou fue testigo de la remontada más improbable de la historia de la Champions League; un 4-0 en contra ante un equipo que fue ampliamente superior en la ida y que denotaba consistencia suficiente como para solventar en siguiente partido es algo que ni siquiera el más optimista realmente pudo haber pensado en que sucediese, tomando fuertemente en cuenta el presente futbolístico del club catalán. Un 6-1 como resultado final. Puede sonar ridículo escuchar semejante marcador cuando dos equipos del potencial humano con el que cuentan se enfrentan, pero pocas noches como estas denotan tanta certeza en el castigo y premio que respectivamente se terminaron otorgando.

Se podrá hablar, y con justísima razón, del arbitraje que favoreció al Barcelona. Eso nadie lo puede discutir; más allá del penal que Luis Suárez se inventa, hay faltas dentro del área catalán que debieron haber sido señaladas, así como las situaciones dentro de la cancha que debieron ser señaladas en beneficio del visitante. Sin embargo, esto dista mucho de ser el principal motivo por el cual se dio la famosa remontada. Desde el primer minuto el excesivo y hasta exagerado estilo de defenderse de los franceses fue limitando sus posibilidades de seguir con vida en la competencia. Aunque para Emery, según sus declaraciones, el empuje local terminó forzando a los suyos a tener un estilo de juego como ese, es algo bastante difícil de creer ya que a pesar de la presión que se vio arriba, los pupilos de Luis Enrique nunca tuvieron la claridad necesaria como para conducir el partido a placer.

El PSG perdió el partido por sí solo. La fabulosa e histórica remontada del conjunto catalán se debe mayoritariamente a lo que dejaron de hacer los franceses en este compromiso. El despliegue de Julian Draxler, la fortaleza de Marco Verratti y Adrien Rabiot, el desequilibrio de Edinson Cavani... nada, nada de eso se dio. Si hubiesen pensado en arriesgar un poco, tan sólo un poquito más, la historia de cara a la siguiente ronda de este torneo sería totalmente distinta a lo que es hoy. Pero, el 'hubiera' tiene el mismo valor tangigle y perceptible que el 'casi'. Para todo aquel que tenga paladar futbolístico, lo sucedido en el Camp Nou es tan difícil como sencillo de comprender a la vez; aunque suene a un verdadero sin sentido, las cosas se deben vislumbrar en la forma y dimensión de las mismas.

Los campeones de la Ligue 1 apelaron al principal instinto de supervivencia: el miedo. Obviando la cómoda ventaja con la que contaban para el encuentro, ese afán por salir vivos de la caldera de 100 mil personas los hizo traicionar cualquier pensamiento que pudiese pintarse de lógico para lo que habían realizado en el torneo. A pesar de que el rival no presentó su mejor versión, se dejó llevar por el escenario, teniendo dudas sembradas únicamente por ellos mismos. El PSG sucumbió ante el miedo, al miedo de poder dejar fuera a un equipo grande para consagrarse como uno también. Al no poder lograrlo, se desnudó ante los ojos del mundo en un compromiso donde muchas verdades salieron a flote, como por ejemplo, quienes son grandes y quienes son chicos.
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