Un Clásico quirúrgico


El primer Clásico de la temporada 2026/27 generaba una serie de expectativas muy particulares. Más allá de ser el partido que más pasiones levanta a nivel mundial a nivel de clubes, había una montaña rusa de sensaciones que se alimentaron principalmente con los partidos que tanto Culés como Merengues protagonizaron a mitad de semana; no había una particular claridad en cuanto a qué versiones de ambos equipos veríamos en la cancha.

Pese a todo el ruido previo al encuentro, no cabe la menor duda que todos queríamos ver el desenlace entre este Barcelona y Real Madrid. Y lo que vimos en el Camp Nou en la noche española de este domingo quizás no se lo esperaban algunos, pero que bajo ningún contexto podía descartarse dentro de lo inesperado que pueden ser estos encuentros.

Movimientos arriesgados

Se presentaban los onces de gala en este momento de la temporada en el césped del Camp Nou. El Barcelona ya tiene un tiempo lidiando con las bajas de Koundé y Eric García en defensa, pero la baja de Dani Olmo tras el partido en París sentaba una limitante para las variantes que suele tener Hansi Flick en la medular, pero recuperaba a un Frenkie de Jong que ya tiene varios encuentros estando en la banca y lo volvería a utilizar en este compromiso.

Por su parte, el Real Madrid que presentaba muchas incógnitas entre la prensa especializada para descifrar el once no tuvo muchas complicaciones al final del día. Mourinho sacó una línea de cuatro en el fondo con Valverde nuevamente como lateral derecho, pero que en gran parte del encuentro pulularía por la mediacancha para que Arda Guler que en el dibujo perfilaba como extremo derecho pudiese estar más cerca de Bellingham y Mbappé por el centro. Los encuentros recientes corroboraban que la mejor versión de los merengues venía desde esa propuesta táctica.

Saltaron a la cancha y los protagonistas dieron un partido intenso. En los balones divididos, en los intentos de circulación del Barcelona a partir de la medular la visita intentaba saltar a impedir que Raphinha recibiese un balón franco de cara a la portería de Lunin, que por cierto tuvo que saltar a la cancha por la baja de última hora de Courtois. Una primera mitad en la que se rompió la igualdad con el gol de Mbappé, que más allá de lo fortuito que fue la acción, hay que estar pendiente para forzar una acción como esa.

Decisiones quirúrgicas

Con la ventaja en el marcador para los merengues volvían a la cancha en el complemento. El Barcelona se notó con más rabia en la sangre, como era de esperarse, y pudo igualar el marcador con el gol de Raphinha a los 61 minutos, cuando durmieron a la defensa del Real Madrid con la jugada preparada por el balón parado. A partir de ahí tomó un aire que en la primera mitad no se le vio al conjunto culé, teniendo una ocasión clarísima con un cabezaso que atajó de forma espectacular el portero ucraniano sobre la línea.

Viendo que el momentum del partido se inclinaba para los locales, los movimientos en el banquillo no se hicieron esperar. Un vilipendiado Camavinga entraba para reforzar el músculo de la medular en un momento donde el ritmo de los futbolistas diferenciales hacía mella. Y el francés no solo cumplió en su función, sino que protagonizó la asistencia para el doblete definitivo de Mbappé. Una contra maravillosamente ejecutada por el Real Madrid: la recuperación de Bellingham, el pase en profundidad de Guler, el desmarque de Camavinga para que cerrara la pinza dentro del área el delantero francés.

Una victoria que no tenían muchos en carpeta tomando lo que se había visto en encuentros anteriores, pero una vez jugado el encuentro fue incontestable por parte del Barça. Una versión del Real Madrid que se ha ido fraguando en las últimas semanas... definitivamente quirúrgico el equipo de Mourinho.

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